Empleados para rastrear el proceso de las enfermedades, los biomarcadores son muy útiles a la hora de ayudar a derrotar males como el cáncer de páncreas.

Publicado en abierto por la revista especializada eBioMedicine, del importante grupo The Lancet, cuyo impacto en el ámbito sanitario es bastante alto y relevante, dicho sea de paso, este estudio pone al descubierto un nuevo biomarcador contra el cáncer de páncreas, convirtiéndose así en un hallazgo importantísimo por ayudar a detectar precozmente la enfermedad.

La historia de dos investigaciones trenzadas, cuyo desenlace esconde un descubrimiento contra el cáncer de páncreas

Hablamos de un estudio realizado por investigadores adscritos al IMIM-Hospital del Mar, en colaboración con otro equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona, perteneciente al CSIC.

Antes de juntarse para trabajar en equipo, uno de estos grupos científicos estuvo capitaneado por Pilar, investigadora durante más de 20 años de las bases moleculares del cáncer de páncreas; el otro fue liderado por Pablo, especializado en indagar sobre un grupo de proteínas que usan la vitamina K para funcionar.

La línea de trabajo de ambos científicos los ha convertido en autores de este nuevo hallazgo contra el cáncer de páncreas, al entrelazar de común acuerdo la visión de una sobre los marcadores, y los conocimientos del otro sobre proteínas que actúan como factor del crecimiento celular.

Cabe aclarar, llegados a este punto, que los biomarcadores hacen honor a su nombre, según constatan desde esta fuente sanitaria, al ser sustancias bastante indicativas y de medición objetiva y evaluativa que indican una evolución común del organismo, el estado biológico de una enfermedad, el proceso patológico de una dolencia, o la respuesta biológica del cuerpo ante un tratamiento médico.

Este cruce de investigaciones supuso adentrarse en lo que les sucedía a los pacientes de cáncer de páncreas con la proteína GAS6, así como explorar su relación con el AXL, uno de los receptores de la mentada proteína. ¿Resultado? El descubrimiento de que tanto GAS6 como AXL estaban claramente aumentadas en los enfermos de cáncer, especialmente al comparar el índice con las personas sanas.

«Sabíamos de antemano que AXL desempeña su función unida a la membrana de las células. También que cuando se activa hay un mecanismo para apagarlo: otra proteína que lo corta y lo deja flotando entre las células», explicaron los autores de esta investigación paralela. «En ese momento, ese trozo de AXL pasa a la sangre y es lo que llamamos AXL soluble. Pues bien, el AXL soluble estaba especialmente aumentado en los pacientes oncológicos».

Tal y como exponen ambos facultativos, diferentes estudios difundidos anteriormente ya habían demostrado que el AXL tiende a aparecer aumentado en las células cancerígenas, sobre todo en las biopsias de cáncer de páncreas.

¿Qué nuevos conocimientos aportó este dúo de científicos, entonces?

La constatación de que dicho aumento acababa reflejándose en los niveles de la forma soluble que pasa a la sangre, todo un hallazgo primerizo, por cierto; así como el modo específico en que lo hace; amén, por supuesto, de corroborar las observaciones reseñadas en investigaciones anteriores.

A partir de ahí, los investigadores apostaron por ampliar el número de participantes con el que contaba su estudio, pudiendo así confirmar los interesantes resultados con los que habían topado. Es más, también pudieron revelar que los niveles de AXL soluble se mantenían normales en personas que, aunque tenían riesgo de padecer el cáncer, aún estaban sanas.

«Cuando analizamos los valores en más detalle, nos sorprendió otra característica: el aumento de AXL soluble se apreciaba ya en las primeras fases del cáncer. Esperábamos que cuanto mayor fuera la gravedad, la producción de AXL soluble fuera en aumento, pero los datos que teníamos indicaban que el aumento se producía al comienzo de la enfermedad, y no aumentaba mucho más después. Esto podía indicar que era un marcador temprano».

La siguiente etapa de su investigación consistió en asegurar que, efectivamente, los niveles de AXL soluble correlacionaban con el cáncer de páncreas. Para ello, los investigadores se plantearon averiguar si los ratones que desarrollaban de manera espontánea un cáncer en el páncreas poseían o no elevado AXL soluble en el momento de que su cáncer empezase a tomar forma, aunque no antes. ¿El resultado? Que pudieron confirmar su hipótesis.

«Así fue como terminamos asociando la presencia de la proteína tirosina-quinasa AXL a la detección de este tipo de tumores».

¿Es AXL soluble una señal perfecta que chiva sobre a presencia del cáncer de páncreas?

El cáncer de páncreas está considerada una enfermedad muy agresiva y extremadamente grave. Bien porque inicia de manera silenciosa, sin síntomas aparentes, o bien porque cuesta mucho encontrar señales inequívocas de que algo está yendo mal en el organismo. De ahí la importancia, si es que no la urgencia, de encontrar signos de su desarrollo; luces de neón que seguir al intentar actuar a tiempo contra esta patología.

Esta situación explica el por qué es tan necesario dar con un biomarcador capaz de ponerle huella a los pasos sigilosos del cáncer de páncreas. La meta va más allá, sin embargo; se trata de dar con una señal sensible a los inicios de los tumores propios del páncreas, por un lado, y que se pueda detectar de manera sencilla, además, como un análisis de sangre u otra muestra fácil de obtener, por otra parte.

Un biomarcador, en suma, capaz de hacerlo con certeza y especificidad, eso sí, sin equivocación alguna ni afirmación de que hay una presencia de esta enfermedad cuando en realidad no es así.

En este sentido, los autores del trabajo afirman que el AXL soluble que han hallado, tiene ventajas frente a otros marcadores en sangre propuestos anteriormente, sobre todo a la hora de detectar el cáncer de páncreas:

«Facilidad de detección, buena separación con pancreatitis crónica y posiblemente la mejor sensibilidad y especificidad». Y si bien AXL soluble tiene sus propias limitaciones, sobre todo al trabajar como único marcador, no puede negarse que «una pequeña fracción de pacientes con cáncer de páncreas son negativos a este marcador y, además, puede estar alto en algunas otras patologías». ¿La parte buena, según los investigadores?

Que «el uso combinado de nuestro marcador con otro llamado CA19-9 (el único aprobado actualmente para su uso clínico) mejora mucho la especificidad y la sensibilidad del diagnóstico. Por ello, este panel de dos marcadores podría ser eficaz para la detección precoz de cáncer de páncreas».

Antes, no obstante, es necesario ampliar el estudio a un número mucho mayor de pacientes; bien porque eso servirá para despejar las dudas, y bien porque con ello se podrá comprobar el valor de estos nuevos biomarcadores y su eficacia diagnóstica en clínica, algo que los autores del trabajo son los primeros en admitir y alistar.

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