El cannabis medicinal supera la última y definitiva prueba del Congreso

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Cannabis terapéutico, imagen del dominio público.

Tras un sí definitivo a legalizar el cannabis medicinal, los pacientes cruzan los dedos, esperando a que las farmacias lo dispensen antes del fin de este año.

Los diputados del Congreso, encabezados por los representantes del Gobierno de Sánchez, no se han andado remisos a la hora de votar sí a que las farmacias dispensen derivados medicinales del cannabis a los pacientes catalogados de enfermos graves. Una propuesta previamente apoyada por la Comisión de Sanidad y Consumo, e instigada por la subcomisión que estudiaba su regulación en toda España.

El cannabis medicinal entrará en la legislación vigente

Tras ocho meses de trabajo y el esfuerzo investigativo de una subcomisión creada expresamente para que las agrupaciones políticas representadas en el Congreso de los diputados analizaran los resultados de la aprobación del cannabis medicinal en otros países, los votos a favor del uso de esta sustancia como terapia han sido más numerosos que los votados en contra, debido también a las opiniones recibidas por parte de científicos y expertos.

¿Resultado? la institución del cannabis medicinal en España. Una iniciativa que incluso se ha ahorrado el pasar por el Pleno, por cierto; lo que ha dejado a la Agencia Española de Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) con unos seis meses por delante para trabajar en la implantación nacional y legal de esta sustancia psicotrópica, dentro de los parámetros de la normativa vigente, se entiende.

Según este nuevo dictamen apoyado por los grupos políticos del PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos, PNV y PDeCAT, el cannabis medicinal será una solución terapéutica vendida para paliar el dolor de aquellos enfermos crónicos; o como un método para disminuir los efectos de los tratamientos de ciertas patologías.

Una prescripción que en ningún caso contempla la legalización de esta sustancia para el consumo recreativo; y que solo deberán establecer aquellos «profesionales sanitarios» que no tengan potenciales conflictos de interés, «exclusivamente», siendo aún más «preferentemente» que lo receten médicos especialistas.

Desde el Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM) esperan, de hecho, que «en seis meses el primer paciente reciba un primer preparado de cannabis medicinal»; siendo esta una fecha que roza el optimismo, tal y como sus propios miembros reconocen.

Lo curioso, sin embargo, es que el psicotrópico no ha sido admitido para dispensarse como un «tratamiento del síndrome de desgaste o el trastorno del sueño en pacientes de cáncer», algo que los pacientes habrían agradecido, según Manuel Guzmán, catedrático en bioquímica y líder del OECM.

Una receta terapéutica negada también a las personas afectadas por algunas formas de epilepsia, de esclerosis múltiple y endometriosis, así como a quienes están obligados a lidiar con náuseas y vómitos derivados de la quimioterapia, y quienes padecen dolor oncológico y dolor crónico no oncológico, como el dolor neuropático.

Pero siempre hay peros que poner a una pega

Contrarios a esta implantación se han mostrado los equipos parlamentarios de PP y Vox, alegando en su rechazo que la legalización del cannabis medicinal como un uso terapéutico no cuenta con base científica; añadiendo asimismo que actualmente ya existen otros fármacos útiles para aplacar el dolor, a lo que han advertido que la implantación de este psicotrópico pone las bases al uso «recreativo» de la marihuana.

De cualquier forma, la decisión del Congreso ya está tomada. Lo que significa que esta aprobación legal del cannabis medicinal ni siquiera pasará por voto final en el Pleno del Congreso.

Para Guzmán, el texto no es perfecto, pese a lo cual no ha ocultado su alegría por esta aprobación final del cannabis medicinal en España tras muchos años de batalla legal, remarcando que ya en 2022 ciertos pacientes podrán acceder a preparaciones de esta sustancia terapéutica, y hacerlo de una manera segura, sanitaria y jurídicamente hablando.

Lo que lamenta este estudioso es que en el informe congresista del cannabis medicinal no figura el autocultivo de los cogollos, es decir, las sumidades floridas del cannabis; y esta era, precisamente, una de las principales reclamaciones de los pacientes, que además la enmienda transaccional del ala morada del Gobierno sí contempló en su día.

«Nos hubiera gustado haber conseguido el autocultivo», reconoció guzmán sin disimular su lamento, «por lo menos en licencias para algunos pacientes». Es más, este portavoz de la asociación antes mencionada también esperaba que «el dictamen fuera más explícito en el uso de las flores de cannabis».

Y es que, si bien el dictamen borrador de esta aprobación del cannabis medicinal incluye el empleo de cogollos «para desarrollar proyectos experimentales medicinales», sus líneas no llegan a matizar ni a concretar nada más.

El documento recoge, por tanto, que «la dispensación de fórmulas magistrales con extractos o preparados estandarizados de cannabis ha de realizarse a partir de la red de farmacias del sistema de salud, con preferencia en las farmacias hospitalarias, y explorando la alternativa de las farmacias comunitarias que puedan reunir los requisitos».

Mientras la psiquiatría no ha parado de alertar sobre los riesgos añadidos de legalizar el cannabis medicinal en la salud, razonando que «consumir cuadriplica la posibilidad de tener un trastorno mental», el líder del OECM ha rebatido las críticas, asegurando que el cannabis medicinal «simplemente añade una medicación complementaria que puede ser muy útil para mejorar la calidad de vida en pacientes de enfermedades crónicas y altamente devastadoras», tanto que sí existe respaldo de la ciencia a las propiedades de esta sustancia.

«El consumo ha aumentado en aquellos modelos que no han implementado paralelamente programas de educación y de control para saber cómo o a quién se dispensa», contrarrestó respecto al peligro de que la marihuana se dispare entre la población a raíz de la legitimización del cannabis medicinal, poniendo como ejemplo a Estados Unidos, cuyo modelo es bastante más mercantilista.

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