El informe internacional de este año de HelPage habla de Covid, violencia, y edadismo en forma de abuso y abandono de los mayores. Habla para incitar a actuar.

El edadismo crece en tiempos de Coronavirus. Desde que estallara la crisis por la Covid-19, ha habido un gran aumento en los casos reportados de violencia de género a nivel mundial, específicamente de violencia doméstica. Este fenómeno fue bautizado por Naciones Unidas como «pandemia en la sombra».

Un hecho que viene a reafirmar y a ahondar el nuevo informe de HelPage, ‘Enfrentarse a la pandemia en la sombra: Covid-19 y la violencia, el abuso, y el abandono de las personas mayores’, con el fin de denunciar y poner de manifiesto que la pandemia generada por el virus SARS-CoV-2 ha gestado entre sus entrañas el crecimiento de otro tipo de mal: el edadismo, la discriminación por edad.¡Ante el edadismo,

Ante el edadismo ¡actuar!

Plasmado a viva voz de tinta y denuncia, el documento muestra cómo las medidas adoptadas para frenar la pandemia han aumentado el riesgo de que las personas mayores se enfrenten a situaciones de violencia, abuso o abandono. Una situación tensa que se ha visto replicada a nivel internacional y en diferentes ámbitos, incluso el laboral.

Para tomar la resolución de dichas afirmaciones, el trabajo se ha basado en la experiencia de personas mayores procedentes de Malaui, Moldavia y Pakistán. Sin florituras ni presentaciones; en el informe hablan directamente los protagonistas, los involucrados, aquellas personas que están en riesgo o han experimentado violencia, abuso o abandono.

Suyas son las voces que sentimos al asomarnos al informe, pues son sus voces las que describen el impacto que la pandemia está teniendo en sus vidas.

Con la narración de las diferentes experiencias de edadismo como conducto principal, el informe se vale de ellas para destacar la falta de reacción de las autoridades en este aspecto de discriminación por edad hacia las personas mayores; denuncia que no se está haciendo lo suficiente para frenar o prevenir las situaciones de violencia, especialmente en el ámbito doméstico, y reclama que ni los servicios de apoyo han logrado proteger de forma adecuada los derechos de las personas mayores.

Por otra parte, el documento recoge una suerte de guía mediante la cual poder actuar para prevenir y responder a la violencia, hallazgos que amén de haberse demostrado útiles, son también inclusivas para las personas mayores, permitiéndoles participar directamente en la lucha contra la desigualdad por edad que sufren, ofreciéndoles, por tanto, erguirse como agentes de cambio en esos esfuerzos para una mejor reconstrucción de la sociedad, instándola a ser consciente de la magnitud de esta amenaza.

Una pandemia dentro de otra pandemia

La nueva investigación viene a subrayar que tanto la Covid-19 como las medidas tomadas por los diferentes Gobiernos del panorama internacional para prevenir su propagación, están creando nuevos riesgos, agravando los ya existentes, provocando en cadena una serie de consecuencias adversas para los individuos y las comunidades, poniendo en condición de vulnerabilidad a las personas mayores ante la violencia, el abuso, y el abandono.

Entre las preocupaciones ante la crisis asaltada en diversos sectores, mientras los Gobiernos están concentrados en la prevención, respuesta y recuperación de la población ante el propio virus en diferentes áreas, el edadismo campa por sus anchas, medrando a la sombra, azuzando la violencia, el abuso y el abandono de las personas mayores.

Tanto es así que las autoridades competentes ni siquiera están proporcionando a las personas mayores acceso adecuado a todas las opciones de servicios de apoyo, incluidos los servicios ante la violencia doméstica y de género.

Aunque el edadismo va calando cada vez más, apenas está emergiendo. Es por eso, quizá, que los Gobiernos no han logrado solucionar los importantes vacíos que hay en la recopilación, el análisis y el reporte de los datos sobre todos los tipos de violencia, abuso y abandono al que se exponen las personas mayores y al que, invariablemente, muchos acaban padeciendo. Esto, lejos de ayudar, dificulta la efectividad de la prevención y la respuesta, y tampoco facilita que haya más sensibilización en la sociedad.

Con toda la investigación y revisión de evidencia secundaria que los investigadores pusieron en marcha para formular las líneas del mentado informe, se descubrió que en varios países se interrumpieron los servicios de apoyo, especialmente durante los primeros compases de la pandemia; el documento apunta, de hecho, que no tuvieron suficiente financiación.

Ante esta situación, fue Policy Brief, de la Secretaría General de la ONU, quien al respecto de la Covid-19 y sus efectos sobre las personas mayores quien reconoció hace unos meses que «está aumentando el edadismo arraigado, incluyendo la discriminación por edad y la estigmatización de las personas mayores».

El edadismo: un prejuicio por edad muy arraigado

En este sentido, el informe de HelPage sostiene lo preocupante que resulta que «los comentarios y los discursos de odio dirigidos a las personas mayores hayan surgido en el discurso público y en las redes sociales como expresiones de resentimiento intergeneracional».

A ello se suma el propio edadismo interno, la creencia interna e implícita de muchos mayores a creer y sostener que no es importante como persona, pensamiento que en muchísimas ocasiones induce a otro peor, y es que debe renunciar a su bienestar en pro de las personas más jóvenes. Ideas así sólo pueden dar lugar a que acepten con docilidad los abusos que sobre ellos se concentran, impide que exijan el respeto de sus derechos durante la pandemia.

Por ello es vital, tal y como refiere el informe, que haya una mejor comprensión del Gobierno, autoridades, sociedad e incluso de las personas mayores, sobre cómo el Covid-19 y otros impactos sistémicos afectan la violencia, el abuso y el abandono de los clasificados en la llamada tercera edad.

Si se logra este punto, será más fácil y factible diseñar e implementar políticas y programas efectivos que prevengan y respondan mejor a crisis de salud similares en el futuro y, por ende, le frenarán los pies al edadismo incluso en esos momentos tan caóticos y pandémicos.

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