«El escucha»: testimonio de un psicólogo al frente del Teléfono contra el Suicidio

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Hoy es un día cualquiera, acaso un día de otoño. No es mejor ni peor que otra de esas jornadas en las que HVL acude como voluntario al Teléfono contra el Suicidio.

Un lugar en donde todo lo que tenga lugar en nada se parece a lo que conocemos. Allí, en esa habitación suena el teléfono. Ese momento en el que «el escucha» lo coge y se encuentra con una voz que ha decidido despedirse de la vida.

Hablamos del Teléfono contra el Suicidio, un espacio al que llegan los psicólogos a intentar, con mayor o menor acierto, evitar una muerte más; la decisión más compleja que toma un ser humano. Detener el sufrimiento en ese instante.

Da lo mismo si hace frío o calor; si es verano o arranca el invierno, lo cierto es que su testimonio no me deja indiferente. Se levanta para acudir a coger el teléfono de alguien que ha decidido terminar con su vida hoy; porque hoy es hoy.

Esa persona podemos ser usted o yo, ninguno de nosotros sabemos lo que tenemos que hacer después, lo cierto es que en ese instante decidimos llamar para ver si alguien nos escucha.

«Hola, buenas, soy Marta» 

«Buenas tardes, Marta…»

Ahora cuénteme…

Prensa Social: ¿Qué se encuentra en cada jornada cuando escucha esas voces?

H.V.L.: El teléfono es una oportunidad para apreciar la variedad de personas que existe, la respuesta más precisa sería: «no sabría decirle, cada día es diferente», pero uniendo comunes, al teléfono llega miedo, desesperación, esperanza, lucha y valentía, manifestadas por personas que necesitan ayuda para sí o bien para otras personas, que por cierto, estas últimas son cada vez más comunes.

P.S.: ¿Qué siente cuando se ve inerme a la hora de evitar lo inevitable?

H.V.L.: Cuando está pasando, sólo hay cabida para la concentración, la empatía y la fuerza. No podemos flaquear en ningún momento, somos en la mayor parte de las ocasiones su único apoyo. Son llamadas muy intensas que pueden alargarse más de una hora y, cuando conseguimos que hoy no lo hagan y colgamos, la sensación que permanece es una mezcla de tensión, concentración y alivio por el éxito.

P.S.: ¿Cómo gestiona esto en su vida diaria?

H.V.L.: El hecho de recibir tantas llamadas genera en nosotros el fenómeno de la habituación, si bien, por más empeño que pongamos en mantenernos firmes en la neutralidad emocional, siempre desde la empatía, pero lo más neutros que podemos, hay días en los que las llamadas se concatenan, ya sea en número, intensidad o ambas cosas, y queda un remanente de esa agitación, que, junto al cansancio mental, nos acompaña el resto del día o por lo menos unas horas.

P.S.: ¿Le afecta?

H.V.L.: Sí, como decía, uno acaba habituándose  a la intensidad y severidad de las llamadas, si bien el factor empático nos hace llevarnos un poco de cada llamada, y ese remanente debemos trabajarlo el resto del día.

P.S.: ¿Cómo sabe que esa persona no se ha suicidado después de llamarle?

H.V.L.: No podemos saberlo, una vez finalizamos la llamada, lo único con lo que podemos contar es con la palabra de la persona que nos acaba de decir «hoy no lo haré».

P.S.: ¿Qué le impulsa a un ser humano a terminar con su vida?

H.V.L.: La respuesta rápida: no ver otra salida. 

Terminar con nuestra vida es un acto que traiciona nuestro impulso más primitivo, sobrevivir; para que este acto se realice, la persona debe sobreponerse al cerebro reptiliano, la parte más instintiva y primigenia de nuestra cognición. Para ello, no tiene que haber otra salida, y el contexto emocional de la persona ha de exceder la capacidad de gestión de la misma.

Es común que la persona que se va a quitar la vida esté bajo los efectos de alguna droga, la cual debilita esa barrera instintiva que protege su vida.

Está demostrado que las personas que entran en los círculos más concéntricos del suicidio suelen encontrarse en un estado depresivo, el cual debilita mental y físicamente a la persona, haciendo que se encierre en sí misma y por tanto, cerrando las opciones que ve para salir de ese estado.

P.S.: Hablemos de edades: ¿quiénes llaman?

H.V.L.: Aquí no hay una respuesta precisa: llama todo tipo de personas de diferentes edades, en primera o tercera persona, jubilados, adolescentes, gente de mediana edad, personas de 20 años pidiendo ayuda para sus padres, padres pidiendo ayuda para sus hijos, hermanos, primos, convivientes… No hay edad para el suicidio.

Debemos resaltar el aumento de las llamadas en tercera persona.

P.S.: ¿Se pueden prever este tipo de situaciones?

H.V.L.: En gran medida sí. Hay personas que esconden y no comparten su estado mental y emocional con las personas de su entorno, si bien, la educación en salud mental es imprescindible para cambiar esta situación, debemos de conocer cuándo lo que estamos sintiendo deja de «ser normal» y necesitamos pedir ayuda, de la misma manera que estar formados en ello nos permite identificar cuando una persona no se encuentra bien, para así poder ofrecerle ayuda, apoyo o lo que pudiera necesitar.

Esta formación «normalizaría» (y perdone las comillas), pero es algo común en el ser humano tener etapas psicológicas complejas. Bueno, al «normalizarse» la salud mental, desde el propio colegio, no hablamos de adultos aquí, esto permitiría a las personas expresarse y al resto acoger esas palabras de una manera positiva y cercana. De la misma manera que se apoyaría más a las personas que no se encuentran bien en un momento dado de una manera natural y cordial.

P.S.: ¿Ha disminuido nuestra capacidad de vernos frustrados?

H.V.L.: Vivimos en los tiempos de la velocidad, todo es y debe ser rápido, y si no, o bien pierde atractivo o directamente pierde su valor. Estudiamos rápido, trabajamos rápido, vivimos rápido.

Es raro ver a alguien realizando una sola tarea, eso no es suficiente en muchos casos y se complementan con vídeos, series, películas, programas, radio, música o bien movimiento.

Esperar a que algo suceda (que venga el metro, ver una película en casa, caminar por la calle, recibir una clase, leer…) es monótono, frustrante, y sí es cierto que, especialmente en los niños y jóvenes, esta capacidad se ha perdido en algún grado, si bien, está reforzado e inculcado en gran medida por las personas que educan. Es más rápido y eficaz a corto plazo, dar un móvil a un niño/a para que no llore en vez de enseñarle tediosamente que debe mantenerse tranquilo, esperar, etcétera, en equis contexto. 

Pero todo es un círculo, si las personas que educan a esos niños trabajan y viven deprisa, no tienen tiempo en muchas ocasiones de pararse, o bien viven tan rápido que el resto de los aspectos de su vida han de ir a la misma velocidad; sus relaciones sociales, familiares, personales, el cuidado de los hijos, etcétera.

P.S.: ¿Aguantamos menos que antes?

H.V.L.: Esta pregunta es compleja. ¿Qué aguantamos menos? ¿la vejación? Seguro, ¿la frustración? Probablemente también, si bien debemos de tener en cuenta que este tipo de coyunturas en el pasado no se mencionaban y mucho menos atendían: «ajo y agua» como dice el refrán.

Una vez dicho esto, debemos de tener en cuenta que un ciudadano medio de 30 años (por ejemplo), ha visto, hecho, leído y experimentado mucho más que cualquiera de nuestros antepasados; y su vida cuenta con muchas más aristas derivadas de la tecnología.

Esto supone una presión enorme en las personas, mantener todo ese círculo es algo complejo y duro que requiere mucho tiempo y esfuerzo.

P.S.: ¿La salud mental de los españoles ha empeorado o ahora se habla más?

H.V.L.: Como mencionaba antes, la salud mental ha existido y existirá siempre, lo que pasa es que ahora ponemos nombre a las cosas. Hoy hablamos de ellas y por tanto, existen y se ven mucho más que hace 100 años, que prácticamente se podría decir que no existían como algo a tener en cuenta en el día a día, a excepción de patologías mentales muy severas.

P.S.: ¿Por qué cuestiones sufrimos más?

H.V.L.: Cada persona sufre en mayor o menor medida por distintas cosas. Los duelos por pérdidas, ya sean relaciones sentimentales, amistades, muertes, o bien pérdida de funciones corporales, cognitivas, sensoriales, etcétera. 

Aquello que nos genera mayor emoción penaliza emocionalmente con la misma o mayor fuerza.

P.S.: ¿Ha notado un aumento del número de llamadas con la pandemia? ¿En su mayoría son hombres?

H.V.L.: Drástico, el aumento ha sido drástico. En el teléfono sabemos que cada vez que se expone y comparte el número públicamente, ya sea en un programa de televisión, e una entrevista, al poner un cartel… las llamadas se multiplican; y me gustaría resaltar que menos del 1 por ciento son llamadas «falsas», «inútiles» o «irrelevantes». Mayormente son hombres pero no podemos aconsejarles que hagan nada expresamente. Aquí solo se aborda el tema del suicidio.

P.S.: ¿Cómo se debe abordar el suicidio en una familia?

H.V.L.: Lo primero es la comunicación, empática y libre de juicio, Si alguien se encuentra mal, debe poder compartirlo sin miedo. De esta manera se sabrá que hay un problema y se podrá buscar ayuda haciendo de la situación un círculo de apoyo a lo largo del proceso que sin duda, agradecerá la persona afectada.

P.S.: ¿Qué aconseja que debe hacer una persona cuando ha decidido dejar de suicidarse tras llamarle?

H.V.L.: Bueno, en la llamada le habremos dado indicaciones, las cuales varían según el caso; pero sin duda lo primero que diría es: protéjase, pida ayuda cuando la necesite y cuídese en la medida en la que pueda hoy, comemos a diario, dormimos a diario, por tanto en este ámbito debemos trabajar a diario, y si necesita la ayuda de un profesional, adelante, es parte del camino.

P.S.: ¿Qué pasa cuando se escucha sufrir tanto todos los días?

H.V.L.: Bueno, ya hemos hablado antes del fenómeno de la habituación y el poso que dejan cada una de las llamadas en el escucha. Hay días en que nuestro estado de ánimo hace que nos afecte más este poso y otros en los que manejamos mejor la situación. Tengamos en cuenta en esta ecuación el sentimiento de realización que tenemos al ayudar a las personas, el cual mitiga en parte este poso.

P.S.: ¿Qué le recomienda usted a las personas en general?

H.V.L.: Cuídense, mental y físicamente. Duerman, tengan relaciones con otras personas. Es importante les dé el sol. Ayuden a los demás; hagan algún voluntariado, rodéense de personas que les aporten y nunca olviden que la vida es un continuo y que debemos trabajar y vivir día a día, mirando adónde vamos y de dónde venimos, pero siempre conscientes de lo que vivimos hoy.

P.S.: ¿Qué debemos hacer para vivir mejor y sufrir menos por tontunas?

H.V.L.: La importancia de las cosas depende del filtro con el que se miren. A todo lo mencionado en la pregunta anterior podríamos añadir que, al final del día, «tenemos la opción de elegir, aunque ésta implique romper con todo y empezar de cero.


P.S.: Muchas gracias por atender a Prensa Social.

Voluntarios psicólogos en las dependencias del Teléfono contra el Suicidio en Madrid.

El Teléfono contra el Suicidio nació el 2 de febrero de 2018. Es un proyecto social de la Asociación La Barandilla que se creó con dos finalidades: por un lado ayudar, mediante la herramienta terapéutica del teléfono, a salvar vidas, con el apoyo de los profesionales de la salud mental que atienden las llamadas de auxilio de personas con ideación suicida, o de asesoramiento a familiares o amigos que necesitan atender a un familiar con ideas autolíticas; y por otra, la realización de campañas de comunicación para dar visibilidad al suicidio y que deje de ser un tabú. 

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