El Parkinson hace inventario de sus 10 signos más tempranos

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Una enfermedad que debe su nombre al neurólogo británico James Parkinson, y su Día Mundial a la OMS desde 1997, en honor al nacimiento de su descubridor.

Cada 11 de abril se celebra a nivel universal el Día Mundial del Parkinson, una fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace más de veinte años, y elegida a sabiendas por ser el nacimiento de quien una vez le dio identificación, nombre y definición.

¿Cómo distinguir al Parkinson?

Neuronal y degenerativa, el Parkinson afecta al sistema nervioso central en general, y a las estructuras del cerebro comprometidos con la coordinación motriz en particular, así como a las responsables del tono muscular y de la postura; sin olvidar, cómo no, los desastres degenerativos que causa en la “sustancia negra” de la hormona de la dopamina, la misma que regula el movimiento; de ahí que sus síntomas más frecuentes sean los temblores, la bradicinesia, la rigidez muscular y las anomalías posturales.

Se trata, pues, de una enfermedad que causa la pérdida de la buena comunicación entre el mensaje que manda el cerebro y el que reciben los músculos, y causando que los síntomas aumenten y vayan a peor conforme pasa el tiempo.

También conocido como parálisis agitante, el Parkinson plantea 10.000 nuevos casos cada año en España, afectando actualmente a más de 160.000 ciudadanos en el país, según la Federación Española de Párkinson, y a siete millones en el mundo en total, siendo la segunda patología más común entre las enfermedades neurodegenerativas, sólo superada por el Alzhéimer.

Desde la Associació Catalana per al Parkinson, cuyos servicios giran en torno a  la ayuda para los cuidadores, familias y los propios afectados de la enfermedad, se afirma que en ese colectivo es muy importante recibir una atención sanitaria adecuada y una orientación familiar y social, así como subrayar los valores integrales de la neuropsicología, la logopedia, los módulos psicoeducativos, la fisioterapia, y las terapias rehabilitadoras que enseñen a gestionar mejor la enfermedad.

¿Cuándo debe consultar al médico?

Tener un síntoma aislado no preocupa; la alarma debería saltar al reunir simultáneamente dos o más señales de esta enfermedad. Por ejemplo, los temblores. Estos son muy comunes en el Parkinson, pero empiezan a ser preocupantes cuando se dejan notar en dedos, manos, labios y mentón, o en una pierna sentada o relajada.

Así, la pérdida del olfato también es otra señal del Parkinson, igual que lo son los problemas de sueño. ¿Y por qué? Porque los movimientos buscos y continuos que se realizan repetidas veces al dormir, como las patadas o los puñetazos propinados involuntariamente, ya no son algo aislado, y menos cuando acaban conduciendo a una caída de la cama.

¿Una escritura que cada vez es más pequeña? Extraño; ¿una escritura donde las letras se juntan y apelotonan de forma incontrolable? Preocupante. Y es que el cambio radical y repentino en la forma y/o tamaño de los trazos al escribir es un síntoma temprano de esta enfermedad, por curioso que resulte.

Sí, es normal que las letras cambien y empequeñezcan con el paso de los años, debido, sobre todo, a la rigidez que van adquiriendo los dedos; mas éste es un cambio progresivo, de modo que lo preocupante es cuando se produce bruscamente y casi de forma repentina.

La dificultad al caminar o moverse es otro signo inequívoco del Parkinson, manifestado en una rigidez corporal, en unos brazos que no se mueven al caminar, o en unas piernas que se plantan en el sitio y se niegan a desplazarse, unos hombros o caderas que se quejan a cada gesto, o una espalda excesivamente tiesa y rígida.

El Parkinson como fuente de cambio súbito e inexplicable

El estreñimiento también figura en la lista de señales tempranas del Parkinson, tal y como señalan desde la Parkinson’s Fundation (asociación especializada en mejorar la vida de las personas con esta afección), sobre todo si es frecuente y si demanda hacer mucho esfuerzo al intentar defecar. Una dieta pobre en agua y fibra y un determinado medicamento pueden ser los causantes, cierto, pero mejor consultar con el médico cuando no hay de por medio ninguno de estos dos posibles factores.

Cabe señalar, asimismo, que una disminución repentina en el volumen de la voz o una ronquez en el timbre que además no estaba antes representa a veces una línea de seguimiento hacia la detección del Parkinson, y más cuando no responde a una gripe o resfriado u otro tipo de virus infeccioso.

La falta de parpadeo, junto a la inexpresividad facial denominada “máscara”, es a su vez otra huella del Parkinson, igual que el aspecto facial de enfado o seriedad o depresión que los demás interpretan en los rasgos del afectado, pese a que por dentro uno no se sienta así.

El mareo o desmayo al levantarse de la cama o de una silla guarda asimismo relación con la presión arterial baja y, por consiguiente, también del propio Parkinson. No, no nos referimos a mareos o desmayos puntuales y aislados, sino una pérdida de espacio y conciencia que se repite con frecuencia y sin motivo aparente.

El encorvamiento de la espalda es, curiosamente, otra señal de humo que lanza un organismo aquejado de Parkinson, especialmente al estar de pie. Debe ser un encorvamiento injustificado, eso sí, que no venga suscitado por dolor o lesión en la espalda, como tampoco cuando lo provoca un malestar en los huesos.

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