«La Duquesita» es una de esas confiterías abierta por primera vez en 1914, que parece sacada de una novela de Valle-Inclán, con sus vitrinas y espejos originales. Aquí, Oriol Balaguer, pastelero galardonado por su trabajo, amasa uno de los roscones más deliciosos de la capital.
El roscón de Reyes vuelve a ser uno de los dulces imprescindibles en la carta navideña de este emblemático establecimiento.
Para su creador, el éxito de un buen roscón «se basa en fermentaciones largas, de aproximadamente 48 horas, masas blandas y un punto de equilibrado de azahar».
Oriol Balaguer
El tradicional postre está disponible en versión de brioche sin relleno, nata, trufa o crema tostada; y decorado con frutas escarchadas (naranja, melón y cereza), almendra y dos azúcares.
Un roscón con historia
Esta confitería que subió la persiana a comienzos del siglo XX cerró tras más de cien años de historia en junio de 2015.
Es entonces cuando Oriol Balaguer decide reabrir la tienda, eso sí, respetando su esencia y todos los elementos del pasado como los como los mostradores o su gran lámpara central.

Por eso, el aspecto de «La Duquesita» es casi el mismo de antaño: espejos, molduras y fachada protegida por Patrimonio, son los de antes, pero ligeramente restaurados.
Lo mismo que sus productos. En su obrador se siguen cociendo según la receta original de su fundador.
De modo que no sólo nos llevamos un pedazo de delicioso roscón de Reyes a la boca, también un pedacito de historia del viejo Madrid.

























