Enfermedad de Kawasaki, esa afección que hincha y enrojece hasta matar

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Pediátrica y con carácter de vasculitis, la enfermedad de Kawasaki responde hoy a sus preguntas más frecuentes de cómo se contagia, qué produce y cuánto dura.

Como cada 26 de enero y a instancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy se conmemora a nivel internacional el Día Mundial de Concienciación de la Enfermedad de Kawasaki, descrita por primera vez en 1967 por el doctor japonés Tomisaku Kawasaki; y cuyas causas aún hoy se desconocen, pese a todo el tiempo pasado desde su descubrimiento y pese al esfuerzo de médicos e investigadores de todo el mundo, tal y como reseñan desde este apéndice sellado por la AEP, la Asociación española de pediatría.

¿Qué es exactamente la enfermedad de Kawasaki?

Catalogada como la primera causa de cardiopatía adquirida en niños, se trata de una afección potencialmente mortal que se lleva por delante la vida del 25 o 30 por ciento de los niños que la soportan, matando en concreto a quienes no reciben a tiempo el tratamiento, en un lento proceso que les hace padecer graves y severas secuelas cardíacas.

Alistada entre las principales causas de enfermedad cardíaca adquirida entre los infantes de países desarrollados, la pena es que solo unos pocos de los pacientes de la enfermedad de Kawasaki logran alcanzar la madurez, aun contando con tratamiento, obligados eso sí a convivir el resto de su vida con daños duraderos.

Hablamos de una dolencia que tiende a provocar en quien la sufre la inflamación de sus arterias coronarias, justo las encargadas de subministrar la sangre oxigenada que llega al corazón. Y es que causa en sus pacientes una hinchazón con forma de inflamación en las paredes de los vasos sanguíneos, dificultando la labor de estas, que no es otra que transportar la sangre hasta el último poro del cuerpo.

Aguda y autolimitada, la enfermedad de Kawasaki también provoca la hinchazón de los ganglios linfáticos, haciendo otro tanto con las membranas mucosas que se localizan en el interior de la boca y de la nariz, de los ojos y de la garganta; razón por la que antes era conocida como síndrome de los ganglios linfáticos mucocutáneos, dicho sea de paso.

Un tipo de vasculitis que, en suma, tiende a confundirse con otras patologías pediátricas, camuflando sus señales entre los síntomas de otras afecciones, lo que dificulta su reconocimiento y detección, desafortunadamente. Se presenta en niños menores de 5 años, mayormente, aunque hoy en día son ya varios los casos que se han diagnosticado en todas las edades de la infancia.

Se dice, por otra parte, que un tratamiento precoz contra esta dolencia contribuye a reducir un 4 por ciento el índice de los niños que sufren sus secuelas, aunque una de las cosas más complejas de la enfermedad, como ya hemos señalado, es lo poco que se sabe sobre sus causas y lo difícil que es capturarla con una prueba diagnóstica acorde a su patología.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes que aparecen en la enfermedad de Kawasaki?

Si bien es cierto que la mayoría de los niños acaban recuperándose sin presentar problemas graves, posteriormente, esto solo ocurre cuando reciben un tratamiento adecuado y siempre que se lo administre un sanitario cualificado dentro de los 10 primeros días posteriores a la aparición de la enfermedad. ¿Qué significa esto? Que es de vital importancia reconocer a tiempo sus señales de vasculitis.

Según apuntan desde este consultorio médico, los niños que padecen la enfermedad de Kawasaki pueden presentar fiebre alta, manos y pies hinchados con descamación de la piel, así como unos ojos rojos y una lengua enrojecida. Aunque el síntoma clave de esta patología es una fiebre muy alta que persiste unos cinco días, mostrando unas cuotas superiores a 39 °C.

A este fiebre alta la deben acompañar cuatro o cinco de los síntomas antes señalados, o algunas de las manifestaciones como el agrandamiento de un ganglio linfático del cuello, sarpullido en la parte principal del cuerpo o en la zona genital, y unos ojos extremadamente rojos sin una secreción espesa.

Una lluvia de señales a las que también se suma el presentar unos labios rojos, secos y agrietados, y/o una lengua extremadamente roja e hinchada; amén de tener la piel roja e inflamada, con una hinchazón que se hace especialmente visible tanto en las palmas de las manos como en las plantas de los pies; protuberancia que luego deriva a una descamación de la piel que recubre los dedos de manos y pies.

Y dado que no todos los síntomas de la enfermedad de Kawasaki se presentan al mismo tiempo, razón por la que es importante comunicarle al médico las señales que estaban pero que ya han desaparecido, es preciso añadir otros signos que también pueden manifestarse, si bien con menor frecuencia, como los que aparecen y se asocian con el síndrome inflamatorio multisistémico en niños, patología que se produjo a nivel mundial en los pequeños que padecieron la infección por Covid-19.

En el abanico de síntomas poco probables, pero sí vinculantes a la enfermedad de Kawasaki también destaca la diarrea y los vómitos, la irritabilidad y el dolor abdominal y/o articular. ¿Cuándo acudir al médico, entonces? Si el niño persiste enfermo con una fiebre de tres días o más; reaccionar a tiempo, es decir, dentro de los primeros 10 días, puede suponer la diferencia entre acabar muy dañado o morir, o salir casi airoso de la malatía, reduciendo en gran parte las probabilidades de tener posteriormente un daño duradero en esas arterias coronarias que abastecen al cardíaco músculo del corazón.

Ahora bien ¿cuáles son los factores de riesgo que inclinan la balanza hacia el desarrollo de la enfermedad de Kawasaki?

Aunque no se sabe a ciencia cierta qué causa este mal, la literatura especializada se mantiene firme al asegurar que la enfermedad no es contagiosa, y que no se transmite de persona a persona. Las apuestas más sonadas sobre las causas de esta afección se inclinan hacia una infección bacteriana o viral, de hecho, si bien entre sus investigaciones también se baraja que tiene que ver con otros factores ambientales, afirmando asimismo que determinados genes pueden hacer que los niños tengan una mayor probabilidad de contraer este mal.

Entre tales factores rastreados hasta la fecha destacan la edad, el sexo y el origen étnico, siendo los niños varones menores de 5 años y de ascendencia asiática o asentados en las islas del Pacífico los que más papeletas reúnen para acabar desarrollando la enfermedad de Kawasaki, siendo especialmente los japoneses y los coreanos quienes tienen mayor riesgo de contraerla.

Cabe añadir, por último, que la enfermedad de Kawasaki tiende a regalar diversas complicaciones cardíacas a sus pacientes, desde una inflamación del músculo cardíaco y una hinchazón de los vasos sanguíneos, sobre todo las arterias coronarias, hasta ciertos problemas en las válvulas cardíacas.

Son complicaciones que, en cualquier caso, pueden dañar el corazón, por un lado, y causar aneurisma o debilitamiento y dilatación de la pared arterial, por otra parte, debido a La inflamación o hinchazón de las arterias coronarias, básicamente. ¿Lo peor?

Que son precisamente esos aneurismas los que aumentan el riesgo de que el niño presente coágulos sanguíneos; algo que podría provocarle un ataque cardíaco, o bien causarle un sangrado interno que amenace su vida. La enfermedad de Kawasaki acaba en muerte cuando las personas que la sufren tienen problemas en las arterias coronarias; pese a lo cual es preciso aclarar que es muy bajo el porcentaje de personas que pasan por esto, afortunadamente.

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