En las bodegas riojanas de Valdemar Maridada han apostado fuerte por el turismo inclusivo. En la actualidad ofrecen visitas totalmente accesibles a personas con discapacidad cognitiva, auditiva, visual, física y orgánica.
La directora de marketing y propietaria de este negocio vinícola, Ana Martínez Bujanda, siempre lo tuvo claro; quería ofrecer experiencias diferenciadoras.
Más allá del turismo adaptado
En este rincón de la Rioja se plantearon superar el concepto de visita adaptada (con un recorrido reducido) pensada para un grupo de personas con discapacidad.
Porque la inclusión social debe abarcar todos los aspectos de la vida. Y eso incluye, también, el enoturismo. El reto que se les planteaba era cómo crear una bodega inclusiva.
Teniendo en cuenta las instalaciones particulares de la misma los dueños asumieron que iban a ser necesarias bastantes modificaciones.
Tras de más de un año de investigación, reuniones y esfuerzos, hoy pueden estar orgullosos de ofrecer la primera visita a bodega 100 por cien inclusiva de España.
El recorrido cuenta con todo tipo de elementos de apoyo. Interpretación de la visita en lengua de signos (LS) mediante código QR, vídeos sobre catas (también en LS), folletos redactados en formato de Lectura Fácil, juegos de aromas, pictogramas, etc.
Además, se han instalado accesos adecuados mediante rampas, baños adaptados, cambiaron parte del mobiliario y formaron al equipo de Enoturismo, que ha obtenido el Certificado de Atención a Personas con Necesidades Especiales que otorga Equalitas Vitae.
Una experiencia inmersiva
El resultado de todo este trabajo es una experiencia puramente sensorial, construida en torno a los sentidos que son determinantes para el disfrute del vino: el sentido del olfato, del gusto y del tacto.
Y es que con esta apuesta por la inclusión ganamos todos. Visitar ahora el universo Valdemar Maridada es un viaje mucho más interesante e intenso. Está salpicado de nuevos matices, que antes no tenia, como un buen caldo.
Si se animan en estas fechas festivas a hacer un tour por las tripas de esta bodega riojana deben saber que la visita tiene una duración aproximada de 90 minutos, y un coste de 18 euros. Y que existe la posibilidad de contratar opcionalmente un interprete de lengua de signos para obtener una traducción simultánea.

























