España logra el primer trasplante mundial con células recicladas de un órgano desechado

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El primer trasplante del mundo hecho a partir de células tratadas de un órgano rechazado, lo consigue el madrileño Hospital Gregorio Marañón, y es un bebé.

¿Qué pasaría si en vez de desechar un órgano al completo se toman sus células y se usan para un trasplante de corazón? Esa inquietud es la que ha llevado al Hospital Gregorio Marañón de Madrid a un experimento arriesgado pero acertado, y el que ha convertido a la pequeña Irene en el primer bebé del mundo en recibir un tratamiento celular por el mal funcionamiento de su corazón; un trasplante realizado a partir del reciclaje de un órgano desechado.

Trasplante de corazón: se acabó tirar células de un órgano desechado

Tiene apenas 20 meses de vida y ya ha hecho historia. Tras verse sometida a cuatro operaciones y dos ingresos en la UCI, amén de una intubación y de estar cinco días conectada a una máquina que oxigenaba su sangre, la pequeña Irene se ha convertido en noticia y en un símbolo de esperanza al aceptar su cuerpo la reinvención original de un trasplante de corazón, convirtiéndola en la primera bebé del mundo en pasar y superar semejante tratamiento médico.

Aunque nació en marzo del 2020, el madrileño Hospital Gregorio Marañón ha sido su segunda casa, y el centro de salud que le ha exhalado futuro al alargar su esperanza de vida mediante un tratamiento administrado a partir de sus propias células.

Novedoso, original e ingenioso, hablamos de un trasplante que busca regular la respuesta del sistema inmune, por un lado, y evitar que el trasplante acabe siendo rechazado, por otra parte, a fin de que el órgano sea para siempre.

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Irene sufre de cardiopatía; enfermedad que afecta a ocho de cada 1.000 recién nacidos en España, aproximadamente, un índice que la convierte en una de las patologías congénitas más frecuentes en el país, y el cual se caracteriza por tener un movimiento cardíaco asíncrono y un corazón más grande de lo habitual, presentando el tamaño de una naranja, «cuando debería ser más o menos como una ciruela pequeña», como explica Manuela Camino, jefa de la unidad de trasplante cardiaco infantil, del Hospital Gregorio Marañón.

Los médicos sometieron a la pequeña a un trasplante de corazón en octubre de 2020 al encontrar un donante compatible, e intercambiaron su corazón de naranja por uno de ciruela, el tamaño estándar y correcto.

Pero no se deshicieron del timo, como suele ser habitual en las operaciones cardíacas, puesto que su posición, ubicada entre el esternón y el corazón, suele interferir a la hora de acceder al músculo de las palpitaciones. No; en esta ocasión guardaron el órgano, gesto que fue un acierto, ya que el tejido se convirtió tiempo después en la clave para el ensayo celular pionero que vendría después.

Concibiendo otro tipo de trasplante

Muchos han sido los estudios científicos que han demostrado que el sistema inmunológico cuenta con un mecanismo propio, uno de tolerancia, llamadas Tregs o T reguladoras, las cuales son células producidas por el timo, y cuya función no es otra que regular, controlar y reducir las respuestas inflamatorias inadecuadas.

El problema reside en el hecho de que los trasplantes, aun siendo hitos de la medicina, no son, ni mucho menos, una solución definitiva, ya que implica un rechazo inmunológico que se produce tarde o temprano.

«No significa que nada funcione mal», aclara Rafael Correa, director del Laboratorio Inmuno-regulación del hospital; únicamente implica que «nuestras defensas están cumpliendo su función correctamente», no en vano todo órgano colocado en un cuerpo ajeno al suyo se siente extraño, más con un organismo que se defiende de su llegada.

De ahí la importancia y maravilla de conseguir que un trasplante sea eterno, ya que ese objetivo es, sencillamente, una de las más grandes ambiciones médicas. Camino, jefa de la unidad de trasplante cardiaco infantil, explica lo que supone un rechazo del órgano.

«Aunque los menores de un año tienen mortalidad precoz, más del 60% están vivos a los 25 años, y su calidad de vida es buena. Cuando el órgano falla, a veces no se puede hacer nada y a veces se puede retrasplantar. Hay niños que acabarán necesitando tres o cuatro a lo largo de su vida».

A fin de mitigar las opciones de rechazo, las personas con trasplante deben tomar con puntual regularidad ciertos medicamentos, fármacos que bloquean la labor biológica e impiden al sistema inmune defenderse. ¿Cuál es la pega de esta medida? Que inhiben la respuesta frente al órgano trasplantado y al mismo tiempo lo hacen con una infección o cualquier otra cosa.

«Por eso esta tampoco es una solución definitiva», niega el facultativo, «y desde hace años se buscan alternativas menos agresivas y más eficaces», como es el caso de su equipo, con seis años a la búsqueda de ese santo grial, búsqueda que concluyó cuando descubrieron los beneficios de extraer los Tregs directamente del tejido del timo, hasta alcanzar 10.000 millones de reguladoras.

«Y nos dimos cuenta no solo de que era posible, sino que la calidad y la cantidad eran increíbles», relata el inmunólogo . «¿Tiene sentido, no? Cogerlas de la fábrica, recién hechas. Pues no se había pensado nunca».

Cuando el reciclaje de las células hace de trasplante cardíaco y salva vidas

Fue así como los padres de Irene consintieron en dejar que el ensayo del equipo de Correa probase en la pequeña este hallazgo, convirtiéndola no sólo en la primera bebé en todo el mundo en recibir terapia con células Tregs, sino además en la primera persona a nivel global en recibirla con Tregs del timo, quedando abierto el nuevo camino de la ciencia.

Días después de la cirugía, los médicos colgaron una pequeña bolsita transparente junto a la cama de la pequeña, y el tratamiento fue entrando en su organismo mediante una vía. ¿Qué sucede en el interior del organismo de la bebé? «Una vez ahí, las células patrullan por el organismo y donde haya activación, inflamación, van y ejercen su función: regular esa inflamación», detalla Correa.

Ha pasado poco menos de un año e Irene sigue viva y a salvo, rozando los nueve kilos, y empezando a jugar y balbucear como el resto de pequeños con la misma edad.

«No ha habido ni un signo de rechazo, el corazón está precioso y funciona de maravilla», se alivia Camino, la cardióloga, aludiendo a los meses transcurridos.

Un logro que rompe los moldes, menos mal, ya que los primeros 12 meses posteriores al trasplante representan el periodo de más incidencia del rechazo, con una caída de las células reguladoras.

«Obviamente porque se retira el timo, y por los fármacos inmunosupresores que tienen que tomar, que afectan también», aclara Correa, añadiendo que ello se debe, entre otras cosas, a que «cuando se desarrollaron estos medicamentos no se conocían las Tregs, por lo que no se pudieron tener en cuenta a la hora de hacerlos».

Sólo el tiempo dirá si este acierto no se queda en una sola victoria y, por el contrario, se convierte en una práctica habitual; y es que un solo órgano permite la producción de cientos de dosis. La pequeña Irene es un ejemplo positivo de ello, pero la idea sigue en periodo preliminar, en constante estudio.

«Se descartan al año muchos timos con los que se podrían hacer dosis terapéuticas para emplearlas en multitud de pacientes», lamenta Correa. «Estamos estudiando también si pueden guardarse y poderlas utilizar después en otros pacientes, niños y adultos; al ser células recién fabricadas están todavía inmaduras, y no expresan aún los marcadores propios del organismo en el que se producen, por lo que son “invisibles” a cualquier otro sistema inmune».

La idea se mantiene, sin embargo; conseguir que las células reguladoras generadas por el timo, que controlan las respuestas inflamatorias del sistema inmune, sirvan para evitar el rechazo en los trasplantes cardiacos, de modo que otro cuerpo no las traduzca como elementos extraños. De llegar a ser posible, estaríamos ante un método que vendría a sustituir otros órganos, y a ser remedio contra otras patologías.

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