Tal y como informa el área de medicina de Roche, pacientes esteatohepatitis, una enfermedad aún poco diagnosticada y sobre todo infratratada pueden convivir sin síntomas a lo largo de una década y cuando ya el hígado está muy dañado, en un control o analítica rutinaria, puede dar valores de transaminasas altas y con ello, toda la cadena de enfermedades asociadas al hígado; algunas de ellas sin haber probado el alcohol.

La enfermedad del hígado graso está asociada con el síndrome metabólico que es una causa creciente de cirrosis y cáncer de hígado. Se estima que el riesgo de padecer de cáncer de hígado en pacientes con hígado grado es hasta tres veces mayor.

El hígado graso no alcohólico transcurre en sus primeras etapas de forma asintomática, los afectados no tienen motivos para consultar al médico. Los primeros síntomas se pueden manifestar en forma astenia, debilidad y ocasionalmente molestias y/o dolor en lado derecho del abdomen.

La prueba fundamental para el diagnóstico del hígado graso es la biopsia hepática, procedimiento mediante el cual se toma una muestra de tejido hepático y se valora su contenido en grasa.

Aunque no existe un tratamiento específico, en líneas generales, se recomiendan medidas relacionadas con cambios en el estilo de vida (dietéticos y actividad física) y la actuación sobre factores asociados como puede ser la obesidad o la diabetes.

Por otro lado, Se han utilizado: fármacos contra la resistencia a la insulina; también otras medicinas que favorecen la pérdida de peso; fármacos hipolipemiantes para el control del colesterol o fármacos antioxidantes y en estadios avanzados puede tener un trasplante hepático.

La modificación del estilo de vida, principalmente la dieta y el ejercicio físico, son pilares fundamentales para corregir y evitar la progresión a cirrosis y carcinoma hepático.

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