Estimulación sensorial: aprenda cuáles son los mejores ejercicios

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La estimulación sensorial es un profesor para su hijo con discapacidad. La importancia de los ejercicios hacen que sean necesarios a la hora de aprender cualquier materia.

Aprendiendo a estimular los sentidos de tu hijo

Los ejercicios sensoriales hacen bien a todos los niños, en general. Una buena estimulación sensorial es un método excelente de combatir el retraso cognitivo y motor de tu hijo, un riesgo que existe independientemente de que tenga o no alguna discapacidad. No obstante, si tu hijo tiene discapacidad sensorial y no sabes cómo proceder, no te preocupes.

En el artículo de hoy vamos a enseñarte las pautas de intervención para ayudarle, desde pequeño, a hacerse con su discapacidad y a que reconstruya el mundo que le rodea en función de su déficit sensorial, sin que este sea un lastre o le limite en su crecimiento y desarrollo.

¿Qué son los ejercicios de estimulación sensorial?

Son ejercicios que, apoyados en la ciencia y en la neurología, intentan avivar las habilidades de cualquier niño, para incentivar su crecimiento, maduración y aprendizaje. Estos ejercicios cobran mayor importancia cuando el niño presenta alguna discapacidad, pues dicho déficit puede inclinarle a un retraso cognitivo y motor.

La ley General de Discapacidad (LGD) antigua Ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI) ya contempla en su artículo 13/1982 del 7 de abril la certeza de que las personas con discapacidad pueden tener una realización personal muy bien cualificada, así como una integración social adecuada.

Porque tener discapacidad sensorial no significa, automáticamente, un fracaso en la vida. Basta con ver a Hellen Keller, primera persona sordociega en conseguir una licenciatura universitaria, oradora y activista política, para comprobar que la discapacidad sensorial no es ningún tropiezo en el camino de un estilo de vida funcional.

La importancia de las habilidades sensoriales

Tenga o no discapacidad, las capacidades sensoriales son el pilar base del crecimiento de cualquier persona, ya desde la infancia. Maduramos a través de la información que nos transmiten el ruido y los sabores, reaccionamos ante las diferentes texturas y los colores y olores, agitamos el cuerpo según las diferentes sensaciones de frío o calor, hambre o sueño, miedo o incomodidad. En suma, creamos el mundo mediante los sentidos, y por eso los estímulos sensoriales son tan imprescindibles en la niñez.

Cuanto antes, mejor

Los niños son esponjas; lo absorben todo. Por ello, cuanto antes se inicie su aprendizaje y adaptación, antes podrá acondicionar su desarrollo a su condición, e incorporarse al mundo de un modo efectivo y positivo.

El juego: un mecanismo de apoyo para los niños con discapacidad sensorial

A todo niño le encanta jugar. Por ello, recurrir al juego y a las actividades lúdicas para desarrollar e incentivar sus capacidades es un método excelente de entretenerle, enseñarle, educarle, motivar sus habilidades naturales y potenciar las cualidades que vaya adquiriendo conforme vaya creciendo.

Existen muchos y diversos juguetes en el mercado que responden a las necesidades específicas de los niños con discapacidad sensorial, artículos que actúan de apoyo y respaldo. Con todo, eso no les impide usar y disfrutar los juguetes normales, no impide que los padres y educadores puedan sacarle también partido al efecto potenciador de cualquier juguete o juego.

Ejercicios de estímulos sensoriales para un niño con discapacidad visual

Que a un niño invidente o con severos problemas de vista le tome más tiempo gatear y andar, es normal, por la sencilla razón de que su capacidad motora no se desarrolla al mismo ritmo que el de un niño sin dicha dificultad visual. Pensad que al no ver o ver mal, no puede recurrir a la vista para medir las distancias de él a su peluche, por ejemplo, ni identificar con los ojos el espacio que conforma todo su cuarto.

Le toma más tiempo, sí, pero no le impide conseguir el mismo resultado de movilidad. Después de todo, lo importante no es fijarse en el tiempo que requiera, sino que pueda conseguirlo al final. Para ello, su estimulación sensorial debe iniciarse lo antes posible, relacionarse enseguida con lo que le rodea, y así pueda integrarse a su entorno con facilidad.

Los juegos que estimulan el sentido de la vista son un recurso bien medido y efectivo si el niño goza de algún resto visual. El reflejo de las luces en los espejos, el movimiento de la luz de una linterna, la intensidad de las luces de Navidad, lo llamativo de los papeles de colores, el contraste de las tonalidades de una pintura… todo ello vienen bien para arañar, positivamente, el poco campo visual del que gocen.

Los juegos que estimulan el sentido del oído y el tacto son, en cambio, más efectivos en los niños con ceguera absoluta.

El tintineo del cascabel, los tamaños de las piezas de un puzle, el volumen de la música, la textura de una manta o los granos de un saco de arroz, el sube y baja de una voz que se aleja y acerca, los contornos de una mano… les dice más que cualquier imagen o luz, por agrandada o intensa que estas sean.

Ejercicios de estímulos sensoriales para un niño con sordera

Un niño con sordera o con problemas de audición presenta más dificultades en su desarrollo intelectual que otros infantes sin esa condición de discapacidad. ¿Por qué? Porque sin escuchar o escuchar mal, no puede incorporar a su conocimiento del mundo el lenguaje; y sin la habilidad del habla, su actitud cognitiva y conductual ante la sociedad se vuelve más compleja.

¿Cómo puede escuchar lo que informa el mundo, cuando el mundo está en completo silencio?

Los niños con problemas de audición tienen más riesgo de caer en un aislamiento mental y emocional y social, de ahí la importancia de que se le estimule cuanto antes en otros sentidos. Que aprenda a explorar y medir el mundo con el tacto, a descifrar los pocos sonidos que pueda (si es que tiene algún resto auditivo). Y, sobre todo, que aprenda a escribir y a leer los labios, a comunicarse con el lenguaje de señas.

Por ello, el trabajo terapéutico con ellos es algo más complicado, si bien no imposible. Para empezar, deben sensibilizarse al mundo a través de los padres y el resto de familiares. Conseguido esto, las terapias del habla entran en acción y, gracias a ellas, el pequeño puede adquirir un lenguaje entendible, con el que más adelante podrá contactar y conectar a voluntad con el mundo, sin grandes obstáculos.

Entonces, ¿qué juegos son mejores para una pauta de intervención a su favor? Aquellos que usen el ruido en su mecánica. Los aplausos, el tintineo de algún objeto, los instrumentos de sonido, etc. También aportan buenos resultados los juegos lúdicos que usen un abanico de texturas y temperaturas: un bol con agua caliente, un cubito de hielo, una bobina de lana, una bola de arcilla moldeable… contribuyen a afinarles el sentido del tacto.

Presente una discapacidad visual o auditiva, o ambas, tampoco hay que descuidar los estímulos sensoriales del olfato y el gusto. El aroma de la comida, el olor de un perfume, el aroma de un gel, el sabor de las gominolas, el gusto de las frutas… incluso el toque gomoso de un chicle ayudan a adiestrar sus sentidos.

Hay que señalar, por último, que todos estos ejercicios de estímulo sensoriales iniciados en la niñez deben continuar durante su progreso hacia su adolescencia, para que todas sus habilidades, tanto las innatas como las adquiridas con la madurez, no se duerman en los laureles, y siempre sean su mayor guía en su paso por el mundo.

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