Tradicionales y centenarios, degustar estos dulces de conventos españoles es embarcarse en un viaje de recetas hechas con fe y divinidad, con calidad y amor.

La geografía española está llena de centros religiosos, a cual más únicos e interesantes; monasterios y conventos y colegios y demás que representan un patrimonio histórico tan artístico como cultural, tan eclesiásticos como culinarios. Y es que los dulces de conventos que realizan sus religiosas y religiosos están tan bien valorados que hasta se diría que tienen su propia categoría gastronómica de postres inolvidables. Y prueba de ello son estos cuantos ejemplos riquísimos que a continuación le presentamos.

Dulces de conventos, el secreto mejor guardado de muchos de los postres más ricos de España

Hablamos de una repostería de lo más sencilla, habitualmente, que sin embargo rebosa la habilidosa cualidad de recuperar sabores antiguos y retrotraer a quien lo saborea a otras épocas más lejanas. Elaboradas a base de harina y azúcar y huevo como base principal, todas tienen un toque manual y artesanal, único e irreemplazable que las hace especiales y atractivas al paladar, sin embargo, desde las que pasan por las manos de religiosos (y no solo de religiosas), hasta las que cuentan con un modelo más práctico y rápido de turismo gastronómico, representado por una tienda virtual.

En esta ocasión, empecemos la lista aplaudiendo al Monasterio Nuestra Señora de la Piedad, por ejemplo, ubicado en la palentina provincia de Castilla y León. Hablamos de un centro religioso y dominical que por pensar en todos confecciona postres para quienes sufren algún tipo de intolerancia o alergia alimentaria.

Una amplia variedad de dulces de conventos hechos por monjas que se agrupan ante el visitante en un catálogo virtual en el que se puede escoger productos navideños o postres de otras temporadas, elegir entre delicias frescas o envasadas, u optar por hincarle el diente a maravillas que tienen al chocolate y al hojaldre entre sus ingredientes principales.

Las dominicas del Monasterio Nuestra Señora de la Piedad, de hecho, también tienen abierta los encargos personalizados, invitando a hacer un pedido propio si en algún momento se quiere probar alguna de sus empanadas, o incluso encargar una tarta de bizcocho con la que dar el toque dulce a esa celebración familiar.

De Sevilla a Burgos pasando por medio mapa español

Si algo ha hecho famosas a las Clarisas de Marchena, en Sevilla, Andalucía, es el bocado celestial de sus mazapanes y hojaldres, de sus corazones de almendra y yemas de Santa Clara. Son fórmulas dulces y mágicas guardadas con mimo durante décadas, fortalecidas además por los ingredientes de calidad que la componen, así como por la mucha paciencia y dedicación que requiere prepararlos.

Desde el obrador del Monasterio de La Purísima Concepción revelan su secreto, al contar que «elaboramos los dulces con ingredientes naturales de calidad, manteniendo las recetas que los convirtieron en favoritos durante cientos de años», lo que implica una apuesta y un respeto por la forma artesanal.

El resultado puede probarse asomándose a su tienda física, o reservando un pedido desde su página online; e incluso se puede intentar aprender, con una lista de recetas que ofrecen para invitar a la gente a probarlos desde casa.

La marca de identidad gastronómica de la casa de Santa María la Real de Villamayor de los Montes, en Burgos, es también una deliciosa sucesión de tradicionales postres de lo más llamativos. Bocados de dulces de conventos que hacen salivar con solo olerlos, y cuyas estampas pueden verse desde la página web oficial de la institución, incluyendo trufas y nevaditos, delicias de pistacho y pastas de té, coquitos y tartas, e incluso empanadas de atún.

Recetas hechas con el cariño y amor de un grupo de monjas bien dispuestas en la tarea, desde luego, quienes además realizan de manera activa diferentes trabajos textiles y manualidades, a partir de materiales nuevos y reciclados, dicho sea de paso.

«Nuestro Padre san Benito nos dejó escrito en su regla: La ociosidad es enemiga del alma», tal y como recuerdan las propias monjas; «por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras en la lectura divina. (RB 48,1)».

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