Los científicos asestan un nuevo golpe al cáncer de páncreas, dejando al descubierto el mecanismo que controla la propagación del tumor.

Tercero en la lista de cancerígenos que más muertes causa en España, el cáncer de páncreas se da a conocer al formar una masa de células malignas en los tejidos del páncreas; sí, esa glándula ubicada entre la columna y el estómago cuya función no es otra que producir los jugos que descomponen los alimentos, por un lado, así como generar las hormonas que controlan los niveles de azúcar que acaba fluyendo por el riego sanguíneo.

El hallazgo que bien podría abrirles la puerta a futuros tratamientos contra el cáncer

Tras propinarle un azote de descubrimiento al cáncer de páncreas con un biomarcador que detecta precozmente este tumor maligno, y recibir otros dos golpes con la investigación inglesa que identificó dos nuevos síntomas de la enfermedad, y la técnica que logró reducir su volumen tumoral, ahora la perniciosa patología se ha llevado otro revés en contra… pero a favor de los conocimientos que la indagan en profundidad.

Y es que un reciente trabajo realizado por Investigadores del Instituto de Investigación del Cáncer, en Londres, aplicada en ratones y publicada este mismo miércoles en la revista ‘Nature’, ha revelado que la proteína GREM1 resulta clave para regular el tipo de células que surgen con el tumor del cáncer de páncreas.

Para ser exactos, los científicos que han llevado a cabo este trabajo han ratificado en las conclusiones de sus resultados que sí es posible revertir el proceso clave que permite que las células malignas que están presentes en este tipo de cancerígeno crezcan y hagan metástasis, propagándose por todo el cuerpo.

Dicho en otras palabras, aseguran que manipular los niveles de la proteína GREM1 no solo podría impulsar, sino además revertir, la capacidad de estas células para convertirse en un subtipo más agresivo; algo que a su vez podría allanar y facilitarle el camino a futuras investigaciones que buscan encontrar nuevos tratamientos contra el cáncer de páncreas.

Durante su investigación, financiada por cierto y en su mayoría por el Instituto de Investigación del Cáncer (ICR), los científicos involucrados, miembros todos ellos del Centro de Investigación Breast Cancer Now Toby Robins, del ICR, estudiaron el cáncer de páncreas desde la perspectiva e influjo del gen que desactiva la proteína GREM1 en ratones, así como en organoides, los también denominados ‘minitumores’ de páncreas.

De igual forma, los investigadores también descubrieron que la proteína BMP2 está bastante involucrada en la regulación de GREM1, siendo que ambas regulan la forma que suelen adoptar las células PDAC, y hallándose el patrón de las dos proteínas en las distintas células presentes en el cáncer de páncreas.

En la misma línea de invalidación de esta proteína, los facultativos señalaron que la desactivación tuvo como resultado una notable alteración en las células tumorales, las cuales cambiaron tan rápidamente de forma que incluso llegaron a desarrollar nuevas propiedades; capacidades de las que más tarde se sirvieron para migrar por el cuerpo e invadir los nuevos tejidos que les iban saliendo al paso.

¿Qué otras peculiaridades sobre el cáncer de páncreas reveló la investigación?

Bastaron solo diez días, de hecho, para que todas las células tumorales activas en el cáncer de páncreas cambiaran su identidad drásticamente, adoptando la actitud de células tan invasivas como peligrosas. De hecho, desactivar el gen GREM1 en los ratones supuso asimismo que los tumores en estos seres fueran aún más propensos a propagarse.

Tanto fue así, que aproximadamente el 90 por ciento de los ratones sin GREM1 funcional acabaron por desarrollar tumores que también se abrieron camino por su hígado, frente al 15 por ciento de los roedores con GREM1 activo y aún utilizable.

Y si bien los científicos advirtieron que su elaborada terapia contra el cáncer de páncreas se encuentra aún en plena etapa inicial, por lo que todavía es preciso recopilar una gran cantidad de investigación que descubra y desarrolle más tratamientos que traigan consigo cambios y nuevas esperanzas de supervivencia en el destino de las células PDAC, enfatizaron igualmente la importancia de recurrir a más ensayos de este calibre para conseguir que el tumor responda mejor a las terapias.

Admitieron, de hecho, que aún se necesitan más estudios para determinar finalmente si este modelo descubierto también se puede aplicar en otras formas de cáncer. No en vano contar con descubrimientos de esta misma talla implica poder dirigir un poco mejor los esfuerzos para encontrar nuevos medicamentos y tratamientos contra el tumor maligno, después de todo.

La apuesta por esta terapia viene respaldada además por la demostración añadida de que aumentar los niveles de GREM1 bien podría revertir el proceso de expansión y, aún más, lograr que los tipos de células invasivas luzcan nuevamente una forma menos peligrosa.

En este sentido, los investigadores no ocultaron su deseo de poder utilizar en el futuro este conocimiento y esgrimirlo para encontrar formas de revertir el cáncer de páncreas más avanzado, dejándolo a una enfermedad con una forma menos agresiva, inicialmente; un estado que, por descontado, resulta mucho más fácil de tratar.

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