Estos días se habla mucho sobre Violencia de Género (VG) contra las mujeres. La que fuera vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en la actualidad es fundadora de Mujeres por África y ha querido compartir con nuestro periódico su visión sobre la vulnerabilidad de este colectivo.

Acerca de esta mujer todoterreno en política sabemos que tiene un excelso currículo. Presidenta del Consejo de Estado; vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno 2004 a 2010, entre otros cargos relevantes.

Pero lo que siempre ha sido es una colaboradora activa con el movimiento feminista. De hecho, forma parte del Grupo Asesor de la Sociedad Civil de ONU Mujeres; y es la presidenta de una entidad que promueve el desarrollo justo, inclusivo y equitativo de las mujeres en el continente africano.

María Teresa Fernández de la Vega en una charla en África.
María Teresa Fernández de la Vega. Foto: Fundación Mujeres por África©

Conoce, por tanto, en primera persona las adversidades que atraviesan las mujeres en situaciones de discriminación y desigualdad. Si sumamos el factor de la indefensión de aquellas que presentan una discapacidad, la realidad se recrudece.

«Por supuesto, las mujeres con discapacidad constituyen un colectivo especialmente vulnerable y por tanto deben estar doblemente protegidas. Personalmente, si cualquier noticia sobre violencias ejercidas contra las mujeres me conmueve e indigna, cuando sé de una infringida a una mujer con discapacidad me resulta especialmente dolorosa. Es el abuso llevado al extremo», nos explica Fernández de la Vega.

Sólo en nuestro país se estima que existe una población de cuatro millones de personas con discapacidad, de las cuales el 60 por ciento son mujeres.

Mujeres con discapacidad: doblemente víctimas

Podría afirmarse que este colectivo se siente doblemente agredido. Víctimas por ser mujeres, pero además por tener una discapacidad.

Esta situación excepcional puede generar condiciones económicas y sociales inferiores; un mayor riesgo de violencia y abuso (lo que incluye violencia sexual) o situaciones discriminatorias en materia de atención sanitaria, incluida la salud sexual y reproductiva.

«Sí, este asunto es muy importante. Se debe hacer el máximo esfuerzo para que las mujeres con discapacidad puedan acceder a todos los recursos que la ley, las administraciones públicas, las fuerzas de seguridad del Estado, todos los actores que intervienen en la prevención o salvaguarda de las mujeres frente a la violencia, puedan ser conocidos y utilizados por las que tienen alguna discapacidad, sea del tipo que sea», apunta para Prensa Social de la Vega.

Cuando los muros son más altos

Las mujeres con discapacidad se ven obligadas a enfrentarse a otro tipo de impedimentos —incluidas las condiciones físicas, psicosociales, intelectuales y sensoriales— que pueden o no conllevar limitaciones funcionales.

Esto quiere decir que si una víctima de VG debe sortear multitud de obstáculos y barreras; para las mujeres con discapacidad los muros aún son más altos.

«A las mujeres y niñas con discapacidad les diría que no dejen de luchar, que no dejen de empujar junto con el resto de nosotras para que la igualdad se abra paso, porque sólo la igualdad entre hombres y mujeres puede acabar con la violencia que se ejerce sobre nosotras. Y por supuesto, quienes luchamos por esa igualdad no vamos a permitir que nadie, con discapacidad o sin ella, quede atrás».

Sus experiencias de vida son radicalmente diferentes y a menudo conllevan a que estas personas sufran situaciones extremas y de profunda discriminación.

Se estima que una de cada cinco mujeres vive con alguna discapacidad (ONU Mujeres)

María Teresa Fernández de la Vega conoce bien el rostro de la discapacidad con nombre de mujer en entornos subdesarrollados.

«Tener una discapacidad en África supone un hándicap mayor que en los países desarrollados. Allí las barreras son mucho mayores en todos los aspectos, justamente por la carencia de infraestructuras, servicios públicos y sistemas de atención sanitaria y social».

«Sobre todo, —prosigue Fernández de la Vega — las personas con discapacidad intelectual sufren una tremenda discriminación y muchas veces son apartadas porque en entornos de escasa educación predominan creencias atávicas que relacionan esas discapacidades con prácticas de brujería, castigos divinos y otras supersticiones que son muy resistentes».

«Contra la violencia de género y contra todas las violencias»

En este 25 de noviembre su mensaje resuena nítido.

«Las mujeres estamos contra la violencia dirigida hacia nosotras, pero que lo estamos también contra todas las violencias. Contra las agresiones, contra los conflictos, contra las guerras. Porque todas las violencias terminan por dañar más a las mujeres».

En esta línea, ONU Mujeres (de la que es miembro nuestra invitada de hoy) se esfuerza por dar voz y alcanzar una representación equitativa de las mujeres con discapacidades en las reuniones intergubernamentales y los procesos consultivos.

Se trata de adoptar medidas inclusivas a todos los niveles asegurando su participación y para que dejen de ser víctimas invisibles.

2 COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí