Fotoprotector, del deseo de belleza a la necesidad de protección

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Un manual de belleza, un ungüento solar para untarse los 365 días del año. ¿Qué es un fotoprotector? ¿Para qué sirve? ¿Y cómo saber elegir el más adecuado?

Con la llegada del buen tiempo, pocas son las ganas de permanecer entre cuatro paredes y ver pasar por la ventana esos rayos luminosos y radiantes que todo lo cambian. Así que es lógico y normal salir y dejarse acariciar, caldear y tostar por el sol. El problema, sin embargo, aparece cuando se hace sin ningún cuidado ni protección, sin echar mano de algún fotoprotector y exponiendo la piel directamente a la radiación solar.

La importancia de proteger el cutis

¿Sabía que el 80 por ciento del envejecimiento de la piel responde a factores externos? Tal es el mensaje alarmante de los especialistas. Frente al exposoma, mismamente, muy atrás se queda la edad en lo que al envejecimiento dermatológico se refiere, vencido por causas como los factores hormonales, conductuales e incluso ambientales; son variantes que afectan a la salud y al propio aspecto de la piel, exposiciones extra con los que uno convive a diario, además. ¿El peor de ellos? El mismísimo sol.

Para los dermatólogos, este viejo astro es el factor que más influye y peor perjudica al envejecimiento del cutis, debido a la radiación solar que despide, pero, sobre todo, a causa de la radiación ultravioleta, principal responsable del fotoenvejecimiento.

He ahí el por qué apostar por un fotoprotector; porque al descuidarlo se está abriendo la puerta a las quemaduras solares, por un lado, y a la pérdida de firmeza y elasticidad, por otra parte; variantes que además condiciona la aparición de las manchas hiperpigmentadas, las arrugas y el adelgazamiento de la piel.

Según Susana Puig, directora de la Cátedra UB-ISDIN Live Young y doctora y responsable del Servicio de Dermatología del Hospital Clínic de Barcelona, en Cataluña, mejorar las costumbres adoptadas ante el sol por parte de la sociedad es el mayor reto al que se enfrentan actualmente los profesionales.

Y como experta mundial en cáncer de piel, señala que las personas deben empezar a concienciarse sobre la importancia de evitar las prolongadas exposiciones al sol. ¿De qué manera? Convirtiendo al fotoprotector en el aliado número uno de la belleza, dándole un puesto prioritario en los accesorios diarios.

«En los últimos años ha mejorado el conocimiento sobre los riesgos de la exposición al sol, pero lo más difícil es el cambio de hábitos. Diversos estudios han demostrado que las mujeres aplican el fotoprotector en la playa a sus hijos en el momento que llegan, después se lo aplican a sus parejas y, por último, más de 30 minutos después de llegar a la playa, se lo aplican ellas».

Esto viene a significar que la sociedad aún suspende en cultura solar, tal y como denuncia la facultativa; y la prueba de ello son las quemaduras solares que se producen antes incluso del verano, durante el periodo de primavera, por ejemplo,

 «ya que son un factor de riesgo muy importante para el posible desarrollo del cáncer de piel».

¿Para qué sirve un fotoprotector?

La experta trabaja en esa rama profesional que abre nuevas líneas de investigación y formula métodos para prevenir el daño de la piel, y siempre a base de soluciones innovadoras y con los factores internos y externos como opositores principales que derivar o debilitar.

Pero el primer paso que hay que dar en esta lucha contra una acumulación de daños en la piel pasa por poner nombre al problema, más cuando el espectro de radiación es amplio y constante, independientemente de la etapa anual, pero incansable durante todo el año. Es el caso de los rayos UVB, por ejemplo, presentes sobre todo en las horas centrales del día, los cuales se vuelven enérgicos y perjudiciales al menor soplo del calor veraniego.

«a corto plazo puede provocar quemaduras solares y, a largo plazo, envejecimiento prematuro y cáncer de piel», advirtió al respecto la experta catalana, haciendo hincapié después en la capacidad de la radiación UVB para producir mutaciones, alteraciones que afectan directamente al ADN de las células de la piel.

La radiación UVA, por su parte, se presenta menos energética que la UVB y, sin embargo, posee un poder de penetración mayor; tanto por su capacidad de atravesar los cristales, como en el hecho de que se mantiene presente durante todo el año, llegando a penetrar incluso en la dermis.

«Produce pigmentación a corto plazo», matizó la Dra. Puig, explicando que a la larga ello puede desencadenar cáncer de piel, agregando además que «está directamente relacionada con el envejecimiento, las manchas y las arrugas».

Otro factor de riesgo proveniente del sol es la Luz Azul Solar que, codo a codo con el UVA, causa envejecimiento prematuro y manchas en la piel, independientemente de los fototipos.

La doctora explica, eso sí, que estos muestran una leve predilección por los fototipos altos, presente en pieles más oscuras, generando en ellas una hiperpigmentación que, en forma de manchas persistentes, se mantienen más intensas y duraderas.

De todo ello se deduce, por tanto, que un fotoprotector es el mejor cosmético antiedad, todo un complejísimo glosario solar del que beneficiarse.

«Actúan como un filtro protector frente a las radiaciones dañinas que alcanza nuestra piel», detalló la Dra. Puig, puntualizando que «a mayor índice de fotoprotección o SPF, mayor grado de protección solar»; lo que significa que se debe adaptar el grado de fotoprotección a la época del año, pero también a la actividad que se pretende realizar en el exterior y, cómo no, también conforme al tiempo de exposición pensado o planificado.

¿Qué criterios hay que tener en cuenta a la hora de elegir un fotoprotector?

En opinión de la facultativa, lo mejor es hacerse con un fotoprotector que ofrezca una alta protección SPF50 UVB y UVA para usar a diario, que además sea ideal tanto en el disfrute del sol como al aire libre.

Por ello hay que mirar el factor de protección alto que tenga el producto, uno que marque SPF 50 o 50+, como mínimo y, a partir de ahí, escoger la textura que más guste, ya que esta influye ciertamente en su calidad.

«La mejor textura es la que nos permite una buena aplicación del producto», afirmó la experta, tras explicar que, si bien las texturas más cremosas permiten una mayor cantidad de producto, tienen una peor absorción, sin embargo, lo que deja a la piel en un estado más pegajoso, incluso.

Las texturas más fluidas, en cambio, se extienden mejor, lo que en realidad permiten cubrir toda la superficie de la piel. Una rápida absorción que además facilita que la replicación resulte aún más apetecible para el usuario.

Cabe aclarar, por último y en este sentido, que el SPF es el que «indica el grado de fotoprotección frente a la radiación UVB. Para la protección UVA, se especifica en un círculo, cuando esta es superior a un tercio de la protección UVB «. Han de ser cremas adaptadas al tipo de la piel, eso sí, con una crema solar que responda verdadera y debidamente a las necesidades dermatológicas de cada uno.

Así, un cutis con tendencia acnéica exige apostar por fórmulas no grasas o no comedogénicas; un fotoprotector cuya crema controle el nivel de sebo, en resumidas cuentas.

Se debe aplicar generosamente, por cierto, «y cubriendo bien toda la piel expuesta. Si realizamos actividad al aire libre hay que reaplicarlo cada dos horas, y si nos bañamos, sería recomendable reaplicarlo tras el baño y secado con una toalla».

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