Sufrir fracturas óseas es algo tan inherente a los procesos de descalcificación del envejecimiento, que en nada extraña su asociación con las personas mayores.

Según los datos de un nuevo estudio publicado en la revista ‘JAMA Network Open’, y realizado por el Instituto Garvan de Investigación Médica, en Australia, tener combinaciones específicas de problemas de salud subyacentes equivale a un significativo riesgo de acumular peores resultados de salud en los adultos de edad avanzada que han sufrido una fractura.

Cuando las fracturas óseas minimizan la esperanza de vida

El estudio en cuestión contó con más de 300.000 pacientes daneses de 50 años o más, y todos compartían el haber tenido que lidiar con una o más fracturas óseas; pero lo que especialmente revelaron los investigadores fue que ciertos grupos de afecciones estaban vinculados a una mayor tasa de mortalidad; una información que mide su relevancia en el sentido de que los médicos lo podrían utilizar para ayudarse a destacar a aquellos pacientes que podrían requerir una atención sanitaria más intensiva.

Entrando a valorar sus datos, el estudio mostró que aquellos pacientes cuyas fracturas óseas eran más cercanas al centro del cuerpo, ya fuera en la pierna o en la cadera, en la columna vertebral o en las vértebras o los huesos de la parte superior del brazo, tenían una tasa de mortalidad superior a la esperada para la población general mayor, independientemente de la edad; un riesgo que se incrementaba si también tenían afecciones múltiples o complejas, dicho sea de paso.

Un índice que no se repetía entre los participantes analizados del grupo sano, curiosamente, identificados porque no manifestaron fracturas óseas más alejadas del cuerpo, como las de las manos y los antebrazos, y quienes no presentaban ningún aumento de su tasa de mortalidad por dicha causa, prácticamente.

En este sentido, y según revelaron los investigadores, las enfermedades crónicas analizadas se agrupaban de forma natural en cinco grupos específicos durante el momento de la fractura, al menos en el caso de los hombres, pasando a cuatro agrupaciones en el caso de las mujeres.

Las clasificaciones categorizadas iban de un grupo relativamente más sano con una sola enfermedad o ninguna a un grupo cardiovascular y a un grupo de diabéticos, así como a un grupo de cáncer y a un grupo adicional entre los participantes masculinos, vinculado al hígado/inflamatorio.

Para la profesora Jacqueline Center, autora principal del trabajo y jefa del laboratorio de Estudios Clínicos y Epidemiología, existen casos en los que las fracturas óseas se convierten en un gran riesgo de salud. Es el caso de la osteoporosis y la diabetes, por ejemplo, o de las cardiopatías o enfermedades similares, mismamente, cuyo tratamiento varía según cada patología y cada caso.

«Se trata de un estudio importante que podría cambiar realmente la forma en que proporcionamos tratamiento médico a los adultos mayores. Puede ser potencialmente una nueva forma de pensar sobre cómo vemos a las personas con fracturas, teniendo en cuenta el lugar de la fractura a la luz de sus condiciones específicas de salud subyacentes».

Razón por la que estos nuevos hallazgos vienen a sugerir que el análisis de grupos de enfermedades subyacentes podría indicar que el paciente en cuestión se expone a un alto riesgo de sufrir peores resultados, más allá del riesgo de la propia enfermedad en sí que le están tratando.

¿Qué papel jugarán las fracturas óseas en el futuro como rastreadoras de la tasa de mortalidad?

Cabe aclarar, en este punto, que la presencia de grupos específicos de condiciones de salud en las personas con las que contó el trabajo agravó la probabilidad de muerte tras estas fracturas óseas, y así lo recoge el estudio, detallando que fue incluso mucho más que las fracturas o las condiciones de salud por sí solas.

Ejemplo de esto último es la tasa de mortalidad entre los hombres del grupo de cáncer, que tras experimentar una fractura de cadera acumularon un 41 por ciento más de posibilidades que los hombres de edad similar de la comunidad general; algo que también ocurrió con el grupo de diabetes, por cierto, donde quienes solo sufrían de esta afección no se enfrentaban a un mayor riesgo de mortalidad que quienes padecían de diabetes y de enfermedades cardíacas, vasculares o renales, sin ir más lejos.

«Esta investigación pone de manifiesto que existe una interacción entre la fractura y el conjunto de enfermedades del paciente», en palabras de Thach Tran, doctor de Garvan y primer autor del ensayo.

«Ello podría ser una buena forma de identificar a las personas de riesgo», afirmó, explicando que con ello se podría llegar a identificar a quienes probablemente les vaya mal.

«Y lo que es más importante, las conclusiones de esta investigación pueden ser aplicables a muchos entornos de enfermedades en los que se producen eventos centinela con trastornos de salud preexistentes».

De momento, los investigadores ignoran por qué existe la conexión entre las múltiples afecciones subyacentes con el tipo de fractura experimentada y los malos resultados obtenidos, por ahora; aunque en opinión del profesor Center, todo podría deberse a una interacción con el hueso y el sistema inmunitario. Entre tanto, el futuro de la investigación está encaminado a determinar si estos grupos son universales; es decir, si son evidentes en otras enfermedades, e incluso si pueden utilizarse como herramienta de predicción para los médicos.

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