Más saludable, con menos grasas y a base sólo de aire. La freidora sin aceite está de moda, pero ¿es oro todo lo que reluce en esta tecnología doméstica?

Aprender a aprovechar al máximo la freidora sin aceite es un imperativo de quienes tienen este artículo en casa. Pero antes de hacerse con él, sin embargo, es preciso saber si realmente cumplen con lo prometido en sabor y textura y salud; porque por muy útiles que sean, y eso es indiscutible, tienen sus propias ventajas y desventajas, como les pasa a muchos otros productos que prometen oro, incienso y mirra.

¿Cómo es una freidora sin aceite?

Los anglófonos las llaman air fryers; los hispanos, freidoras de aire. En cualquier idioma, se trata de electrodomésticos que permiten freír sin aceite y, por tanto, conseguir unas frituras mucho menos calóricas que esas que pasan por la sartén o por una freidora convencional.

Las freidoras de aire están tan de moda que muchas son las marcas que comercializan con este artículo, en una oferta empresarial que pretende saciar su alta demanda en el mercado. Tanto es así que hoy en día se puede adquirir una freidora sin aceite a un módico precio (en torno a 40 euros) pero también a un coste más elevado y con mejor calidad.

Cuesten mucho o poco, funcionan no obstante del mismo modo, simulando un horno de convección que depende del chorro de aire caliente que recibe, el cual circula a gran velocidad por la cesta de la freidora, que va distribuyendo uniformemente el calor por todo el aparato.

Patatas, verduras, pescados… nada se resiste a la freída cocción de estos artículos domésticos.

¿Cuáles son las ventajas de tener una freidora de aire en casa?

Una pizca de aceite al día no hace daño, y menos teniendo en cuenta que este producto mediterráneo tiene muchas propiedades antioxidantes. Pero freír con aceite a altas temperaturas supone un chute de consecuencias negativas para la salud, tal y como ha evidenciado la ciencia en varios ensayos nutricionales. Uno, porque cuanto menos crudo, más propiedades pierde; y dos, porque a mayor cantidad, más congestiona la salud.

Es lo que resume un estudio publicado en la revista BMJ Journals’, por ejemplo, cuyos datos subrayan que el consumo de fritos está directamente relacionado con un mayor riesgo de acabar sufriendo ictus o alguna grave enfermedad cardíaca.

O lo que apunta la Universidad de Shenzen, en China, cuya investigación publicada en la revista internacional Heart’, asegura que las personas con un alto consumo de alimentos se exponen a un 22 por ciento más de riesgo de sufrir una enfermedad coronaria, a un 28 por ciento más de posibilidades de padecer un episodio cardiovascular grave, y a un 37 por ciento más de presentar una insuficiencia cardíaca. Un riesgo que además se dispara al consumir apenas 114 gramos más de alimentos fritos a la semana.

Puede decirse, por tanto, que con la freidora sin aceite Se consigue frituras más saludables, a la vista de todo lo expuesto arriba, ya que apenas requieren aceite; a cambio, sin embargo, se renuncia a la clásica textura crujiente.

En cualquier caso, es un hecho comprobado que los alimentos fritos al aire cuentan significativamente con menos calorías adicionales, llegando a veces a cero calorías, por la sencilla razón de que no dependen de una gran cantidad de aceite para funcionar y freírse; y los alimentos se hacen más rápido, además, con un tiempo de precalentado muchísimo menor que el que exige por ejemplo el horno.

Pero al hablar de los pros de este artículo hay que subrayar asimismo que una freidora sin aceite es más limpia y discreta que sus homólogas tradicionales. Y es que trae consigo partes extraíbles que facilitan el acceso y, por tanto, también su lavado; el pequeño tamaño de sus partes desmontables (y de todo el artículo, en general) permite incluso que se pueda poner en el lavavajillas. De igual forma, estos objetos no ocupan mucho espacio en la cocina.

Otro punto a favor de la freidora sin aceite es su olor, o más bien la falta de éste. Y es que no dispara al aire ese olor penetrante a frito que se pega por todas partes, por lo que es perfecta para comer patatas fritas, por ejemplo, y no acabar bañándose en su aroma a fritura.

La comida frita al aire también arroja a la sombra del pasado el inconveniente de las salpicaduras que presenta la fritura convencional, e incluso soluciona el riesgo de que los alimentos no se frían de forma homogénea; con la freidora sin aceite no hace falta preocuparse de darle la vuelta al filete, por ejemplo, ni temer que no se haya acertado con el punto de fritura, ya que lo hace todo de manera uniforme, dejando optativo la opción de girarlos o no a la mitad del proceso de cocción.

Digno de mencionar en la lista de pros de las freidoras de aire es el hecho de que no emiten radiación, como sí emanan los microondas, protegiendo al usuario del alto calor del fuego, las ardientes salpicaduras del aceite, y de muchas complicaciones para su manojo.

Y es que son realmente fáciles de usar, o al menos así se presentan la mayoría de ellas, exigiendo únicamente y de manera previa configurar la temperatura y el tiempo de cocción, en función del alimento que se quiera freír, colocar la comida en la canasta y… nada más, sentarse a esperar a que se cocine.

¿Cuáles son las desventajas de la freidora sin aceite?

Entre los contras más reseñables de este aparato figura la falta de crunch, es decir, de textura crujiente, y la necesidad de echarle más tiempo al cocinado. Y es que no se puede negar que los alimentos fritos al aire no son tan crujientes, por norma general, o al menos no, al compararlas con los fritos en la sartén o en las freidoras de aceite.

Dado que las freidoras sin aceite sí pueden recibir un chorro de este olio, el consejo más repetido de los nutricionistas es apostar por el aceite virgen o virgen extra, que conservan más propiedades y antioxidantes. Los aceites especial fritura son refinados, por lo que no son tan sanos, y generalmente ni siquiera son de oliva. Lo mejor con estos aparatos, en cualquier caso, es emplear muy poca cantidad de aceite.

Otro inconveniente de este electrodoméstico es que suele ser más caro que las freidoras normales, aun cuando hay mucha variedad de precios en el mercado. A ello se suma que su ritmo de fritura es más lento que la tradicional, pese a que muchos consideran que va rápida, una ralentización que se mantiene incluso al cocinar cantidades más pequeñas de comida.

Otro hándicap de la freidora sin aceite es la dificultad que entraña la cantidad de alimentos que se le añadan; así, freír al aire un poyo grande entero requiere varias sesiones con la freidora, por lo que el electrodoméstico no resulta muy práctico cuando se quiere dar de comer a muchos comensales.

Por otra parte, y teniendo en cuenta que cada alimento tiene su sabor particular, usar o no la freidora sin aceite según qué plato se quiera preparar va a gusto personal de cada uno. Ahora bien, algunos salen más secos que otros, y esto es inevitable en muchos casos, ya que el aparato no va bien para todos los alimentos, por mucho que sus comerciales aseguren que sí.

La freidora sin aceite es un aliado perfecto de esos alimentos que exigen poco olio de cocción; mientras que los rebosados, por ejemplo, no son tan aconsejables, dado que para conseguir esa textura final crujiente que tanto caracteriza al pescado frito o a las alitas de pollo, se necesita un choque de temperatura que la freidora de aire es incapaz de aportar.

Y lo mismo sucede con el queso y el resto de los alimentos con masas húmedas; las patatas y las carnes finas, por el contrario, no plantean ninguna dificultad de textura si se fríe con estos aparatos, tal y como sucede con el brócoli, el beicon, el pollo, el bistec… e incluso las galletas y otros postres similares.

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