Gerard Descarrega, del hectómetro a las nubes

0
© Diari de Tarragona

El atleta español, ciego desde los 19 años y doble campeón paralímpico en la prueba de los 400 metros, sumó un hito más al coronar el Montblanc, de 4.810 metros.

Gerard Descarrega no es una persona cualquiera. Pareciera que estemos versionando la famosa canción de Andrés Calamaro sobre el astro argentino Diego Armando Maradona, pero no. Hablamos de un atleta que, sin duda, ya podría ser considerado otra estrella del mundo del deporte. Descarrega no juega a fútbol: corre; y lo hace rápido, muy rápido. Tanto, que es doble campeón paralímpico en la prueba de los 400 metros lisos T11.

Gerard Descarrega, invidente desde los 19 años, es doble campeón paralímpico en la prueba de los 400 metros

Gerard Descarrega tras coronar el Montblanc. © ReusDigital
Gerard Descarrega tras coronar el Montblanc. © ReusDigital

A los diecinueve años, Gerard Descarrega dejó de ver, pero no de vivir

Natural de Selva del Campo, municipio de la comarca catalana del Bajo Campo en Tarragona, Gerard siempre ha sido distinto a los demás. Amante del deporte, practicaba motocross, fútbol, hípica, baloncesto… hasta que una enfermedad degenerativa le cambió el paso. A los 19 años y, sin que nadie pudiera evitarlo, el joven catalán dejó de ver, pero no de vivir.

Cambio de deporte, comienzo de éxitos y de aventuras

Consciente de que algunas cosas jamás serían como antes, Descarrega se adaptó. Cambió de deporte y se pasó al atletismo. Su velocidad no se había ido. No podía ver, pero sí sentir; y quizá por eso cuando se proclamó campeón paralímpico por primera vez en los Juegos de Río 2016 decidió celebrarlo de una manera un tanto peculiar: viajando a Nueva Zelanda en solitario, donde recorrió el país durante 45 días:

«Fue la mejor experiencia de mi vida. Con mi bastón y un rudimentario pero útil mapa con zonas marcadas mediante pequeños agujeros, me moví por las dos islas haciendo autoestop y durmiendo en albergues o casas de gente que conocía en mi ruta», cuenta en su web.

El Montblac, otro reto superado

Tras semejante aventura, era de esperar que ante otro oro paralímpico, de nuevo en los 400 metros, Gerard volviera a probarse a sí mismo. ¿Cómo? Ascendiendo el Montblanc. Nada menos que 4.810 metros de desnivel. Con una sonrisa de oreja a oreja y ya en la cima, tocaba volver a sentir.

Frío, nieve y una sensación de libertad sin precedentes para un atleta que ha vuelto a demostrar que las cotas altas son lo suyo, incluso las que están, casi, por encima las nubes.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí