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Los días transcurrieron con la cadencia necesaria, ésa que nos permite contemplar la rutina y agarrarnos a ella. Porque entre los tiempos que manejamos, difícilmente entendemos lo que llama a nuestra puerta y no nos permite seguir: la salud, que cuando es mala, nos altera necesariamente la vida. Y aun así, con todo el peso que supone sostenerla, Isabel Lozano Guerra vivió y enseñó a vivir a cuantos la rodearon. Casi nada.

Desde un fatal diagnóstico, pudo entrever entre su conocimiento de la mente humana y su sabiduría esos días que debía disfrutar, y contemplaba el escenario de su colegio con la fuerza y la habilidad necesarias para sostenerse durante muchos años trabajando sin parar. En ellos averiguó la necesidad de salvaguardar su propia vida pero sobre todo, la de los demás.

Y los días pasaron entre la daga que ofrece la falta de salud y los momentos de alegría con los que —a veces— nos agasaja la vida. Una llena, plena, en la que entregó lo mejor de sí misma para ser la psicóloga de referencia de los alumnos del Colegio Virgen de Lourdes. 

Isabel Lozano

Con Isabel se van muchos de los intangibles adonde se puede asir la existencia; acaso esos valores singulares que permiten gestionar tiempos, problemas y emociones que nos mantengan vivos.

Su esposo, Julián Ruiz, dedicado en cuerpo y alma a la Educación Especial durante más de 30 años en ANCEE, mantuvo en silencio y con el mayor y mejor de los apoyos, ese peaje que supone ser el compañero de vida de una mujer, cuya entereza hoy no se comprende en este mundo frágil en donde la frustración nunca tiene cabida. Su numerosa familia la arropó con la destreza que permite ese amor inconmensurable que difícilmente se describe en este escenario y con ellos, ha vivido en la plenitud de quien no pide nada a cambio —salvo tener otro instante más— acaso esa maravillosa vida que les ha regalado.

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Su hueco no podrá ser sustituido como tampoco la huella imborrable que habrá dejado en la comunidad educativa que hoy ya, la echa de menos. Isabel no se ha marchado. En los alumnos permanecen sus palabras, su manera de manejar los tiempos y sobre todas las cosas, su forma única de entender la belleza de la vida, que no es otra que valorar cada instante que ésta nos regala y con ello, continuar. 

Sit tibi terra levis.


Descanse en paz.

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