Ictus: cuando la estimulación neurotecnológica mejora la movilidad del brazo

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La neurotecnología está en auge y su directa aplicación como estímulo en la médula espinal augura devolverle a los aquejados de ictus la movilidad perdida.

Conseguir que las personas que han sufrido un ictus puedan volver a realizar sus actividades cotidianas con mayor facilidad es uno de los objetivos base de toda neurotecnología. De hecho, ¿sabía que la estimulación de la médula espinal puede reparar instantáneamente la movilidad de los brazos y de las manos de aquellas personas que han sufrido un accidente cerebrovascular de tipo entre moderado y grave? O eso asegura un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh y de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, en una reciente publicación de la revista Nature Medicine’.

Por primera vez en años, quienes han sufrido un ictus severo o moderado pueden ganar autonomía en sus extremidades inferiores

Hablamos de una tecnología que incluso hoy en día ya se utiliza para tratar diversas patologías, como el dolor persistente de alto grado. No en vano numerosos grupos de investigación, provenientes de todo el mundo, han demostrado en los últimos años que la estimulación de la médula espinal sí que puede emplearse para devolver el movimiento a las piernas, sobre todo tras una lesión medular.

El hecho es que al final los investigadores del presente trabajo recibieron el visto bueno para probar su terapia optimizada en humanos, después de varios y exhaustivos estudios preclínicos aplicados en modelos informáticos, y tras años recurriendo a ensayos con monos macacos y animales similares que presentaban parálisis parcial del brazo.

El desafío, no obstante, reside en la peculiar y única destreza de la mano de un ser humano, sin embargo, ya que esta esconde varios retos mayores, significativamente, como el amplio rango de movimiento del brazo en el hombro, por ejemplo, o la complejidad de las señales neuronales que controlan toda la extremidad del brazo y la mano, sin ir más lejos.

Imaginados como tiras de espagueti, se trata de un par de finos electrodos metálicos que se implantan a lo largo del cuello del superviviente de un ictus, activando con esa acción circuitos neuronales que están intactos, en un gesto que les permite a los pacientes abrir y cerrar completamente el puño, y hasta levantar el brazo por encima de la cabeza, e incluso utilizar un tenedor y un cuchillo a la hora de querer cortar un trozo de filete.

«Descubrimos que la estimulación eléctrica de regiones específicas de la médula espinal permite a los pacientes mover el brazo de formas que no son capaces de hacer sin la estimulación», explicó al respecto de esta nueva comunión entre tecnología y salud Marco Capogrosso, doctor y profesor adjunto de cirugía neurológica en Pitt. «Y lo que quizá sea aún más interesante, descubrimos que, tras unas semanas de uso, algunas de estas mejoras perduran cuando se apaga la estimulación, lo que indica interesantes vías para el futuro de las terapias contra el ictus».

Cabe recordar, en este punto, que uno de cada cuatro adultos mayores de 25 años sufrirá un accidente cerebrovascular en algún momento de su vida, según pronóstico de los médicos; un sombrío panorama que también augura que el 75 por ciento de dichos afectados acabará con déficits duraderos en el control motor de su mano y de su brazo, algo que desde luego limitará drástica y gravemente su autonomía física.

Según detalló este experto, «gracias a los años de investigación preclínica acumulados hasta llegar a este punto, hemos desarrollado un protocolo de estimulación práctico y fácil de usar, adaptando tecnologías clínicas ya existentes aprobadas por la FDA, que podría trasladarse fácilmente al hospital y pasar rápidamente del laboratorio a la clínica».

Por ello, esta nueva oportunidad de recuperación, expresada a través de la neurotecnología, promete ofrecer esperanzas a las personas con discapacidades motoras por ictus; secuelas que se considerarían permanentes de otro modo, máxime cuando actualmente ningún tratamiento es eficaz para tratar la parálisis que sobreviene durante la fase crónica del ictus, etapa que comienza por cierto unos seis meses después del accidente, más o menos.

«La creación de soluciones eficaces de neurorrehabilitación para las personas afectadas por deficiencias del movimiento tras un ictus es cada vez más urgente», insidió Elvira Pirondini, coautora principal del ensayo y doctora profesora adjunta de Medicina Física y Rehabilitación en Pitt. «Incluso los déficits leves derivados de un ictus pueden aislar a las personas de la vida social y profesional y llegar a ser muy debilitantes, siendo las deficiencias motoras en el brazo y la mano las que impiden realizar actividades cotidianas sencillas, como escribir, comer y vestirse».

¿Pero en qué consiste exactamente esta tecnología de estimulación medular?

Se trata de un conjunto de electrodos que, colocados debidamente en la superficie de la médula espinal, son capaces de emitir impulsos de electricidad; lo que al final acaba activando las células nerviosas que se hallan distribuidas en el interior de la médula espinal.

«Los nervios sensoriales del brazo y la mano envían señales a las neuronas motoras de la médula espinal que controlan los músculos de la extremidad», aclaró en este punto Douglas Weber, coautor del ensayo y profesor de ingeniería mecánica del Instituto de Neurociencia de la Universidad Carnegie Mellon. «Estimulando estos nervios sensoriales, podemos amplificar la actividad de los músculos debilitados por el ictus», aseguró, afirmando que, al hacerlo, «el paciente conserva el control total de sus movimientos»; por lo que es justo decir que esta estimulación neurotecnológica es más bien asistencial, ya que «refuerza la activación muscular sólo cuando los pacientes intentan moverse».

Durante una serie de pruebas adaptadas a cada paciente, esta novedosa estimulación medular permitió que los participantes llevaran a buen puerto diferentes tareas, todas de distinta complejidad, ya fuera agarrar una lata de sopa u otros objetos domésticos normales y corrientes, o bien mover un cilindro metálico hueco o abrir una cerradura. ¿El resultado?

Que dirigida a las raíces nerviosas cervicales, la estimulación neurotecnológica tiene efectos positivos e inmediatos en la fuerza y amplitud del movimiento de los pacientes, según la demostración de las evaluaciones clínicas, haciendo otro tanto de mejora en la función del brazo y de la mano.

Lo más llamativo y positivo, no obstante, es que los efectos de este tipo de estimulación parecen ser más duraderos de lo que se creía en un primer momento; tanto es así que estos persisten aun después de retirar el dispositivo; un rasgo que, a ojos de los investigadores, sugiere que podría utilizarse como método de asistencia y restauración, de cara sobre todo a la recuperación de las extremidades superiores.

Por ahora, no obstante, los efectos inmediatos de esta curiosa estimulación conllevan asimismo un posterior entrenamiento físico intenso; una curiosa combinación que, desde luego, podría conducir a unas mejoras aún más notables a largo plazo, aun cuando ya no se esté recibiendo la estimulación neurotecnológica que lo propició en un primer momento.

Entre tanto, los autores partícipes del ensayo siguen inscribiendo a más voluntarios colaboradores, a la caza de determinar qué pacientes con ictus pueden beneficiarse más de esta terapia y cuáles no, amén de poder optimizar en el futuro los protocolos de estimulación, adaptándolos a los distintos niveles de gravedad. ¿La meta final? Lograr trasladar la terapia al ámbito clínico

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