Ignacio Peyró: la singularidad de un castellano perfecto

0

Peyró (1980) se ha adentrado como un tsunami en el panorama literario tras haber publicado ya una pila de grandes novelas.

En su tenacidad como escritor se adentra en unas letras distintas donde reside la belleza. Ésa que no sólo converge en las imágenes de su Beautiful England —tal como refiere en Twitter—, sino que también permite que sus personajes sean parte de tu vida. Entre la ironía, la sagacidad, la espléndida pluma y el brillante hilo conductor, Ignacio se hace un escritor necesario.

Actualmente es director de Nueva Revista y jefe de opinión en The Objective, además de dirigir el Instituto Cervantes en Londres.

Autor entre otros libros de: Pompa y Circunstancia: Diccionario sentimental de la cultura inglesa (2014); La vista desde aquí; Una conversación con Valentí Puig (2017); Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida (2018); Ya sentarás la cabeza (2020), y Un aire inglés además de Ensayos Hispano-Británicos (2021). Se define como escritor y periodista.

Como buen escritor, ha venido a Prensa Social para «hablar de su libro». Del siguiente, quiero decir…

Prensa Social: ¿Cómo se define, don Ignacio?
Ignacio Peyró: Nunca lo he pensado. Lo mejor es que nuestros frutos hablen por nosotros.

P.S.: Hábleme de su última obra.

I.P.: Aproximaciones a lo inglés desde el mejor castellano que he podido: una cosa es tan importante como la otra.

P.S.: Para algunos es el escritor de este siglo, ¿se considera tal?

I.P.: No es verdad, siquiera sea porque queda mucho siglo, dicho sea con ironía. Pero mejor que lo digan a que no, claro…

P.S.: ¿Cómo sobrevive entre el Brexit, los líos de los hijos de Su Graciosa Majestad y los hijos de la Gran Bretaña?

I.P.: Es un país fantástico: vivo con plenitud, aunque a veces con cielo encapotado

P.S.: ¿Nota usted esa admiración por el castellano en tierra extraña? —que tan poco pregonamos en tierra propia.

I.P.: El español va a más: su presencia, su proyección cultural… Ahora la batalla es la del prestigio.

P.S.: Ser tradicional —como leo que le definen y se define— ¿ahora es un hándicap por el que pedir disculpas? Ser progre ¿es una forma de vida, un postureo? ¿Qué se gana con renunciar a las raíces propias ya a una edad provecta?

I.P.: No pienso renunciar a mis raíces, pero sí quiero que el resto del árbol vea algo de mundo. Los postureos no son buenos porque lo que se basa en la vanidad termina por volverse en nuestra contra.

P.S.: ¿Es usted una mezcla de savoir faire, gourmet, anglófilo y conservador, uno de esos cuyos valores e inteligencia destilan a su paso? Eso no se lleva, pero todos querrían ser como usted. ¿Se cambiaría por la nueva ola del paso-de-todo-tío?

I.P.: Cada uno, así hay que pensarlo, da la batalla como mejor puede. No nos es lícito cambiarnos por nadie, así que para qué pensarlo.

P.S.: ¿Por qué convivimos tan mal con las lenguas cooficiales? ¿No se han convertido en un arma arrojadiza que, lejos de enriquecer España, nos ha dividido? ¿No somos un poco papistas?

I.P.: Creo que la naturalidad del bilingüismo es palpable, y que sólo lo envenena la política.

P.S.: ¿Qué le ha pasado al español medio que, sin tener ni idea de hablar inglés, prefiere expresarse con anglicismos como core, deadline, o feedback (cuando no conoce ni el término en castellano)? ¿Son los neoprogres?

I.P.: En otros países, como Italia, es peor.

Ignacio Peyró (Imagen © The Objective)

P.S.: ¿Qué les recomienda a los no lectores? La gente joven y no tan joven que acaso no ha leído nunca, ¿por dónde deberían empezar?

I.P.: Si no han leído nunca o no tienen costumbre, por lo que más les atraiga. 

P.S.: ¿Cuándo y cómo decide una persona leer, pues?

I.P.: En mi caso, si no son lecturas de trabajo, es un proceso bastante errático.

P.S.: Cuando se ha sido un gran lector, uno se refiere a los libros de siempre y vuelve a releer buscando aquello que se le quedó. Eso ¿lo hace con asiduidad? Los libros de la mesilla, vamos…

I.P.: Sí, pero hay un problema en releer demasiado.

P.S.: Pasemos al otro lado del escritor: ¿qué pasa con los literatos españoles? Todos escriben, todos se definen como escritores, todos quieren publicar un libro; en España no se para de publicar, pero se lee poco. ¿Qué opina al respecto?

I.P.: No ha habido tantos lectores nunca, aunque siguen siendo pocos. Es verdad que hay más escritores. Debieran saber algunos que ser pintor da más dinero.

P.S.: También se adentró en el oficio de valientes —el periodismo—. Ahora viene la pregunta del millón: usted anduvo entre redacciones, tipómetros, cíceros, corondeles y anidó entre teletipos comunicados de los que decían que gobernaban entonces. ¿Qué aprendió de aquello? ¿Volvería al gaje del discurso?

No, no creo que volviera a una redacción, pero nunca se sabe. Es un oficio que amé mucho y que ahora amo de más lejos, como colaborador.

P.S.: ¿El periodista nace o se hace?

I.P.: Nace y se debe hacer.

P.S.: ¿Aconseja a los jóvenes que persigan su vocación periodística o que desistan y se hagan creadores de contenidos, como los llaman a nada que se descuiden?

I.P.: Periodismo, periodismo.

P.S.: No tenemos vida para leer, ver, visitar, escuchar todo lo que se nos ofrece hoy en día: ¿usted consigue compatibilizar ese poco que hacemos todos los que decimos la verdad? ¿Qué deja de lado, si no dispone de tiempo?

I.P.: He dejado de lado no pocas aficiones que me tiraban, claro; en la vida hay que elegir.

P.S.: ¿Echa de menos Madrid, el Loden, las callejuelas del barrio de Salamanca, las tortitas del Vips; o se apaña entre británicos y su mal comer?

I.P.: Ese Madrid era una maravilla, una patria, pero tengo la suerte de estar bien en muchos sitios, y más si ese sitio es Londres.

P.S.: ¿«Ha sentado ya la cabeza» o anda como todos nosotros?

I.P.: Es un proceso que no termina nunca.

P.S.: Gracias, don Ignacio. Un placer, un honor, un privilegio poder dirigirme a un colega que además me hace sonreír cuando le leo. No deje de escribir, se lo pido por favor.

I.P.: Con Dios.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí