Más del 45% de la población española se alimenta mal, ha pasado frío o ha renunciado a algún gasto de salud porque no puede pagárselo. Una evidente consecuencia de la inflación que ha sumergido a los españoles en una pobreza real.

A lo largo de quince años, desde 2008, y en concreto el último lustro han generado desigualdades sociales importantes que hacen que España sea el quinto país más desigual de Europa.

Oxfam, la oenegé revela en una encuesta que más del cincuenta por ciento de la población española está insatisfecha y ha pasado situaciones complicadas derivadas de la pobreza por no poder pagar ni alimentos, ni luz, ni otros recursos básicos. Llegar a fin de mes, comer pescado, carne o tomar lácteos es casi imposible además de que no tienen hucha para gastos imprevistos.

Renunciar a una mejor casa, al dentista, a tener gafas o audífonos, no acudir al psicólogo, al fisioterapeuta o no tener vacaciones nunca es parte del modus vivendi de los españoles. Esto ha supuesto que más del diez por ciento de la población tome ansiolíticos o antidepresivos para poder continuar ante la falta de esperanza a la hora de proyectar un futuro, sobre todo, los jóvenes.

Muchos mayores mantienen a sus respectivos hijos si tienen una situación complicada o se hacen cargo de los nietos para ahorrar porque no pueden afrontar esos gastos. Más del setenta por ciento de la población cree que esta situación revertiría si intervinieran los ayuntamientos, las CCAA o el gobierno central; algo que sin duda, no está sucediendo. Pobres trabajando.

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