Un grupo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla ha iniciado un trabajo de investigación para conocer en qué medida el sedentarismo y los hábitos poco saludables afectan a las personas con trastorno mental grave.

El proyecto, financiado por el Programa Estatal de I+D+I, analizará cómo el cambio de hábitos diarios puede afectar sobre la condición física en personas con esquizofrenia, trastorno bipolar y depresión profunda

Los investigadores se plantean la siguiente hipótesis: la falta de sueño, el sedentarismo y la ausencia de ejercicio físico inciden sobre la calidad de vida relacionada con la salud, así como en el riesgo de dependencia y muerte, en personas con trastorno mental grave.

A partir de este estudio, el equipo de la Universidad sevillana desarrollará una técnica estadística capaz de diseñar planes personalizados que permitan mejorar la salud mental de este colectivo.

El objeto de estudio de la investigación

Los investigadores de la UPO estudiarán a un grupo de pacientes aplicando sobre ellos una técnica estadística: el análisis de datos composicionales.

«Este tipo de análisis nos permite conocer el impacto de las actividades físicas, sedentarias y sueño que componen las 24 horas del día sobre la salud», señala Javier Bueno, investigador de la Universidad.

El proyecto se ha realizado a través de una muestra representativa de personas con trastorno mental grave en Andalucía.

Los participantes presentan cuadros muy diversos de trastornos mentales. Son patologías caracterizadas por la psicosis o pre-psicosis que tienen una prevalencia en nuestro país de 1,5 y 2,5 personas de cada 1.000, según datos de la Consejería de Salud y Familias.

Abordar la salud mental desde la perspectiva del juego

«No pretendemos que sea un programa, sino una transformación en su día a día, que lo asuman como algo importante en su rutina. Que adquieran hábitos más saludables», ha apuntado Bueno.

¿Cómo pretenden modificar esas rutinas nocivas instaladas en los pacientes? Pues a través del juego.

«Tratamos de que la práctica sea lo más divertida posible, con música y con equipamiento que se autorregula según la persona, de modo que nos permite centrarnos más en corregir, seguir y animar, lo que favorece un clima más agradable para hacer ejercicio».

Equipo de investigadores de la UPO
Pareja paseando a contraluz
Pareja paseando. Foto: ©Pixabay

Así, se recurre a instrumentos como las pulseras de actividad diaria y se marcan metas adaptativas.

Llegados a este punto, los científicos pretenden abordar la investigación como si fueran entrenadores deportivos diseñando programas personalizados destinados a alcanzar los retos previstos para cada individuo. Al fin y al cabo, la plasticidad de nuestro cerebro permite que podamos ejercitarlo.

Aunque en este caso, se trata más bien de invertir el orden de la famosa cita latina «Mens sana in corpore sano».

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