Bilbao, 1943. Periodista y escritor. Su último libro, La piel ausente (Ariel) es su diario de los meses de enfermedad y agonía de su mujer, la periodista Ketty Kaufmann. Casi un Mortal y rosa pero sin niño.

Luis Alemany en El Mundo.

P.: Yo tenía de usted la imagen de un pícaro con gracia para la marrullería. Pero su libro es una cosa seria.

R.: Todos tenemos una imagen de los demás aproximadamente equivocada. Sé que mi imagen está muy distorsionada por el tipo de periodismo que he hecho muchos años: el Bla bla bla, la televisión, la crónica social. Pero es que me temo que no me han leído bien ni eso. Yo hice crónica social muy humorística, al estilo de Hermano Lobo… Parece que la gente nunca te acaba de entender. Cuesta entrar en la entraña, ¿verdad?

P.: Vamos a la entraña: ahora que hablamos tanto de la ética de los cuidados, el doliente de su libro no es un héroe de buenos sentimientos; también es mezquino y duda de que haya amado a la persona enferma.

R.: Porque el sufrimiento no nos lleva a la bondad. El sufrimiento nos lleva a descreer, nos hace cobardes y desgraciados. No hay heroísmo en el sufrimiento; es una mierda. Tampoco hay inteligencia en la vejez. La vejez es peor que la muerte.

P.: El sufrimiento es una mierda pero cuando habla de los años de hedonismo, de whiskis y amantes, también le sale un recuerdo amargo.

R.: Tengo la impresión de que perdí mucho tiempo. Creía que hacía un buen periodismo y era mentira, creía en la exclusiva y la primera página, en los valores de los viejos periodistas de Pueblo… Me da la impresión de que perdí el tiempo entre la golfería, el periodismo de sociedad y el whisky. Me imagino que ya es irremediable.

P.: ¿En qué hubiese consistido hacer las cosas bien?

R.: Escribir más… No lo sé, no tengo ni idea, la verdad. Quizá encerrarme a un convento y cantar gregoriano, que a los de Bilbao se nos da bien.

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