Este microbiólogo neoyorkino de origen judío y ruso pasará a la historia no solo por ser quien desarrollara la vacuna contra la polio, sino porque decidió no patentar el descubrimiento ni lucrarse con él. Todo un ejemplo de generosidad.

Aunque los primeros intentos por frenar la enfermedad datan de los años treinta, lo cierto es que no sería hasta dos décadas después cuando se obtendrían los primeros resultados eficaces.

Un poco de historia…

Corría el año 1947 y la Fundación Nacional estadounidense para la Parálisis Infantil le propuso a Salk buscar una manera de hacer frente a una de las enfermedades más peligrosas y contagiosas del momento.

Empezó entonces una carrera a contrarreloj para dar con una fórmula preventiva frente a la poliomielitis.

Así estuvo durante ocho años hasta que anunció la creación de un prototipo vacunal.

Nos situamos en el año 1955. La enfermedad era considerada, en aquel momento, uno de los problemas de salud pública más importantes de los Estados Unidos.

¿Cómo actuaba la vacuna en el organismo?

La vacuna era inyectable y estaba basada en las tres variedades del virus cultivadas en tejido de mono, e inactivados posteriormente en formol.

A través de un leve pinchazo los virus recorrían el torrente sanguíneo y el sistema inmunológico desarrollaba defensas contra ellos .

Su trabajo permitió la inmunización eficaz contra la polio y fue un pilar fundamental para su erradicación.

Las personas vacunadas no enfermaban, pero sí podían ser portadoras del virus, que seguían propagando a través de las heces y la saliva.

Jonas Salk se entregó en cuerpo y alma en el desarrollo de la vacuna. De hecho, los primeros voluntarios en probarla fueron el mismo Salk, su mujer y sus tres hijos.

Todos generaron anticuerpos contra el virus.

Tras esta primera prueba, el investigador inició un ensayo clínico a gran escala con dos millones de niños. Los resultados probaron que la fórmula era efectiva y segura.

Salk se convirtió en un héroe nacional

En abril de 1955 se hizo pública la tan ansiada noticia: por fin se había descubierto la vacuna contra la polio. Y comenzó una campaña de vacunación masiva, algo que podría recordarnos a lo que ha sucedido recientemente en el planeta con la COVID-19.

Comerciante y pintada en escaparate.
Imagen de pintada de agradecimiento a Salk. Foto: irrreductibe.naukas©

Desde ese instante, la incidencia de la enfermedad empezó a descender drásticamente.

Salk se convirtió en un héroe nacional y no quiso patentar su invento porque no quería lucrarse económicamente.

Su intención era que se diseminara por el mundo lo más rápido posible.

¿Por qué no hubo una patente?

Tal y como se apunta en un artículo de la revista Forbes, el hecho de patentar la vacuna contra la polio le hubiera supuesto al microbiólogo ganancias millonarias, en torno a los siete mil millones de dólares.

Curiosamente, una vez en un programa de televisión, Jonas Salk fue preguntado acerca de los motivos por los que rechazó patentar su vacuna.

Su respuesta fue, cuando menos, curiosa: «No hay patente. ¿Acaso se puede patentar el sol?».

Jonas Salk

El padre de la vacuna contra la polio podía haberse enriquecido con ella, pero hizo el mejor de los regalos: servir de inspiración a otros científicos que le han sucedido.

Y es que cada vez son más los que apuestan por compartir el conocimiento, los que prefieren una ciencia open-access o en abierto.

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