La aldea de Bandujo, un recuerdo medieval de Asturias

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Para evocar la Edad Media no hace falta irse lejos. Asturias guarda en su corazón una aldea dormida en el pasado; es Bandujo, e hilvana pasado con presente.

Dormida, silenciosa, tranquila y medieval. Banduxu se halla a tres tiros de piedra de cualquier viajero español que gustan darles a los parajes nacionales su justo atractivo, en lugar de cruzar fronteras y aplaudir las reliquias internacionales. Se trata de un núcleo que se ha preservado al correr del tiempo, y que ahora llama al turismo más calmado y fotográfico.

Bandujo: sobreviviendo al tiempo y al recuerdo

Bandujo o Banduxu se encuentra a escasos tres kilómetros de distancia de una de las rutas más populares de España, la Senda del Oso, la cual recibe una afluencia anual de miles de senderistas y cicloturistas.

Pero la aldea ha crecido al margen de todo eso, optando por mantenerse mágica, fiel al pasado, y absolutamente bella, vestida de paisaje único. Llamada Vandugio en el siglo VIII, recorrerla hoy en día es encaminar los pasos por una senda ascendente pero fácil de transitar, que aun cuando duerme a la sombra de un camino medieval tiende una mano de comunicación al presente.

Perteneciente al concejo de Proaza y refugiada en pleno Valle de los Osos, Bandujo mantiene cual reliquia de sacrosanto esas calzadas medievales que los romanos construyeron tras conquistar las cotas altas del centro de Asturias, estableciendo con el sendero un importante eje en la radio central que comunicaba el imperio con el resto de las regiones dominadas, proclamándose entonces como un puente entre Asturias y la Meseta.

Mucho ha llovido desde esa época y, a pesar de todo, Bandujo continúa siendo una aldea retirada del desarrollo industrial que impregna la sociedad del presente; con electricidad y agua corriente, cierto, pero con indomable espíritu medieval e histórico.

Una desconexión que le ha valido la oportunidad de poder conservar un conjunto arquitectónico medieval en fantástico estado, convirtiéndolo desde entonces en su seña de identidad y, a su vez, en una importante estrofa de la melodía turística del principado asturiano.

¿Por qué visitar Bandujo?

A pie o en bicicleta, no importa. La aldea se distancia del interesante mirador de la Cruz de Linares, el cual cuenta con su propio reconocimiento, y se deja avistar desde Proaza, otro interesante eslabón del camino medieval, por cierto, causando un efecto inmediato en quienes avistan la silueta de su bello paisaje, enmudeciéndole el poco aliento que le ha restado del ascenso.

Bandujo se yergue cual reina imponente desde un trono hecho de una alta loma y un puñado de solitarias y escarpadas montañas, al final de un ascenso salpicado de repechos donde parar a recuperar el aliento, y de estacionados saltos de agua con una cascada que amenizan la caminata, respaldado además por los sonidos rústicos.

Su figura es tan longeva y pretérita que no es de extrañar que haya sido oficialmente reconocida como una de las mejores aldeas medievales del Principado, declarándola Bien de Interés Cultural en 2009.

Entre sus tesoros a despolvar, ojos abiertos y cámara en mano, se encuentra quizá la edificación religiosa más antigua del concejo, la Iglesia de Santa María; cuyo templo actual data del siglo XII, y cuyas vistas son dignas de pararse a reposar y admirar.

Vecina a su fachada se halla el cementerio, famoso por recibir cada año una de las tradiciones de la aldea con más lustros a la espalda, el recubrimiento de las tumbas con tierra y pétalos de flor natural en el Día de todos los Santos. Lo peculiar de este cementerio es, quizá, su condición comunal y su falta de nichos o mausoleos familiares, pues cuando uno de los habitantes fallece sus huesos van a hacerle compañía a la persona que más tiempo lleve reposando en el camposanto.

Muchos metros descendiente más adelante, se yergue el Palacio, con una casona abierta a las visitas. Y la Torre de Banduxu, conocida también como Torre de Tuñón, catalogada como una de las torres defensivas bajomedievales mejor conservadas de toda Asturias. El hecho de que haya ocupado el papel dominante de cárcel del concejo y la sede del ayuntamiento ha contribuido sin duda alguna a su conservación.

Al itinerario por Bandujo se suman asimismo el lavadero, utilizado hasta la década de los 80; las grandes casonas que agrupan los barrios; y el Toral, ubicado en la ladera opuesta a la puerta de entrada al pueblo, con su estampa que invita a ser inmortalizado en una imagen de postal.

Otro encanto que ofrece Bandujo son sus amaneceres y atardeceres. En el primero, la aldea se funde entre las nieblas y se pierde entre las montañas, pareciendo flotar entre las nubes cuando la neblina se mantiene baja. Un espectáculo natural que continúa al caer el ocaso, con los últimos rayos del sol bañando la población en un bautismo luminoso que destella… antes de ir a descansar el disco solar tras la pared de las montañas.

¿Cómo llegar a esta aldea?

Es posible arrimarse a Bandujo andando; así lo han hecho durante siglos sus habitantes, de hecho, ya que la carretera que la hace descender al resto del comarcado fue construida a finales del siglo XX. Una carretera por la que se puede conducir un coche, si bien este debe quedarse aparcado fuera de las lindes de la aldea, ya que sólo se permite circular en cuatro ruedas a los vehículos perteneciente a los residentes.

Como advertencia, cabe decir que la carretera que conduce hasta su núcleo poblacional pertenece a un puerto de montaña, por lo que no se extrañen al toparse con un camino estrecho, angosto y zigzagueado por las curvas, para al final llegar a una zona de aparcamiento que sólo admite un máximo de seis vehículos.

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