La cura del Alzhéimer al alcance de una molécula que estimula la memoria

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El Alzhéimer carece de cura, actualmente, aunque un reciente experimento en ratones apunta a cierta proteína del sistema nervioso como su posible solución.

No son pocos quienes llaman al Alzhéimer la epidemia silenciosa, a la vista de que tarda en manifestar sus síntomas y, para cuando se detecta, resulta hasta tarde pararle los pies, ya que lleva unos 20 años matando neuronas a discreción. Hasta ahora, no ha habido tratamiento alguno capaz de revertir la enfermedad, como tampoco un experimento que recupere del olvido los recuerdos de una memoria a la deriva.

De hecho, aún hoy las causas del Alzhéimer continúan siendo un campo científico por aclarar, razón por la que cada nuevo descubrimiento representa un rayo de luz en las tinieblas, al igual que lo hace este estudio en cuestión, el cual busca ayudar a regenerar esos cerebros envejecidos tocados por la degeneración.

La encarnizada batalla entre el Alzhéimer y la ciencia

Investigadores de EEUU han encontrado una molécula que facilita recuperar la memoria, prometiendo así rejuvenecer los cerebros envejecidos y, con ello, estimular la búsqueda del recobro de la estabilidad mental y neuronal del Alzhéimer.

Publicado en la revista Nature, medio referente de la ciencia mundial, el estudio aún está en proceso preliminar, tanto que solo ha sido observado en ratones. Su importancia, sin embargo, radica en el firme propósito de encontrar nuevas formas de atacar al Alzhéimer, una enfermedad sin cura, devastadora y neurodegenerativa, cuya incidencia va in crescendo a nivel global.

Tomando como punto de partida la teoría científica, defendida por médicos e investigadores, de que los órganos del cuerpo pueden regenerarse a sí mismos, el presente trabajo busca dar respuesta óptima a la problemática de las moléculas que el cuerpo empieza a producir con la edad, moléculas que además entorpecen o anulan la capacidad del organismo de regenerarse por su cuenta. Sí, es la llamada parabiosis, reconocida entre los entendidos por su capacidad para recuperar la fuerza en los músculos de una persona, devolverle al hígado su correcto funcionamiento, o revertir incluso la obesidad.

El nuevo estudio, liderado por el neurólogo Tony Wyss-Coray, no solo se centra en encontrar nuevas moléculas rejuvenecedoras, sino que además da una vuelta de tuerca a los métodos y campos explorados hasta ahora. Y es que el equipo de neurólogos optó por sustituir el plasma por el líquido cefalorraquídeo, precisamente la sustancia transparente e incolora que baña tanto al cerebro como al sistema nervioso, intercambiando moléculas con ambas zonas.

¿La horma del zapato del Alzhéimer se encuentra en una proteína del sistema nervioso?

Durante la realización del trabajo, los investigadores extrajeron el líquido cefalorraquídeo a ratones de dos meses y medio de vida y lo inyectaron en el cerebro de ratones de 18 meses. Vamos, que fue como quitarles fluido a seres de 9 años y administrárselo a otros con 70 años. Tras ello, pusieron a prueba la memoria de esos roedores de memoria envejecida. ¿Resultado? Que los animales que recibieron el líquido cerebral comenzaron a ponerse alerta ante el estímulo que les presentaban los investigadores, demostrando así que habían recuperado la memoria.

Cierto, la pérdida de memoria de un roedor no trae tantas connotaciones como la generada por una persona aquejada de Alzhéimer, pero no puede negarse que en ambos subyacen mecanismos biológicos compartidos. Es por ello por lo que el equipo de neurólogos analizó el cerebro de estos animales, tras lo cual se percataron de que habían comenzado a generarse nuevos oligodendrocitos, es decir, células que sustentan a la sustancia gris, el lugar cerebral donde residen las neuronas.

En este sentido, el estudio mostró que la producción de nuevos oligodendrocitos se origina en el hipocampo, precisamente el epicentro cerebral de la memoria. Prueba de que existe una biología compartida entre humanos y ratones es que los neurólogos tomaron líquido cefalorraquídeo de personas jóvenes y se lo inyectaron también a los ratones viejos; el resultado fue un efecto rejuvenecedor similar.

Por otra parte, Los científicos identificaron el factor de crecimiento de fibroblasto 17 (Fgf17, por sus siglas en inglés), una proteína del líquido cefalorraquídeo joven capaz de activar por sí sola la producción de oligodendrocitos jóvenes.

«Los oligodendrocitos son únicos porque sus progenitores siguen presentes en el cerebro a edades avanzadas, aunque su maduración es muy lenta», explicó Tal Iram, investigadora de la Universidad de Stanford, en EEUU, y primera autora del presente trabajo. «Nuestro estudio sugiere que manipular las proteínas del líquido cefalorraquídeo permite rejuvenecer estas células y mejorar la memoria en cerebros envejecidos», resaltó.

Un punto de vista que comparten Miriam Zawadzki y Maria Lehtinen, patólogas del Hospital Infantil de Boston, en Estados Unidos, que califican esta investigación sobre el Alzhéimer como un trabajo «rompedor», comentando asimismo que:

«La proteína Fgf17 es una posible diana terapéutica y además sugiere que llevar fármacos al líquido cefalorraquídeo puede ser beneficioso contra la demencia [causada por el Alzhéimer en el 80% de los casos]».

De momento, toca echar las campanas de la precaución

Se trata, en suma, de un trabajo científico bastante original que, además, rebosa de conocimiento fundamental sobre las enfermedades neurodegenerativas, más cuando el Alzhéimer ya se ha curado en ratones un sinfín de veces, y ni una sola vez en las personas… todavía. Así, puede decirse que este ensayo abre una vía muy buena por la que adentrarse a la caza de otras proteínas con potencial terapéutico en el líquido cefalorraquídeo, ya que demuestra además que se puede rescatar la memoria.

Pero no es oro todo lo que reluce ni plata todo lo que brilla. El presente trabajo aún es precoz y sigue en pañales, por decirlo de una forma, falto todavía de más fases y avances que ratifiquen su exploración y desarrollo.

En cualquier caso y de momento, solo se le puede poner una pega, o eso opinan otros expertos de la materia, los cuales señalan que el hecho de que el cerebro se encuentre aislado del resto del cuerpo, tras una férrea barrera inmunológica y hematológica, continúa siendo un gran problema contra la curación del Alzhéimer, pues esa circunstancia dificulta que los fármacos lleguen hasta esa zona de la cabeza.

A ello se suma que el modo en que se extrae normalmente el líquido cefalorraquídeo puede acarrear otras dificultades, ciertamente, ya que el proceso es muy delicado y peligroso y ha de hacerse con sumo cuidado, mediante punción en la parte baja de la espalda, atravesando asimismo la columna vertebral para llegar al sistema nervioso.

A juicio de Eva Carro, experta en neurobiología del Alzhéimer del Instituto de Investigación Carlos III, la transfusión de líquido cefalorraquídeo es «muy invasiva», razón por la que se muestra escéptica de que este tipo de tratamientos pueda llegar a buen puerto. En su opinión, de hecho, la prevención es la mejor forma de abordar la lucha contra el Alzhéimer, una batalla muy complicada de por sí.

«Es lo mismo que se hizo y se sigue haciendo con las enfermedades cardiovasculares», reflexionó en defensa de su postura más convencional, «reducir o eliminar factores de riesgo modificables como las dietas hipercalóricas, el sedentarismo, la hipertensión, la diabetes, el estrés, la depresión, y potenciar los factores protectores como el sueño, la sociabilización, la actividad física».

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