El prestigioso médico hizo realidad su sueño de organizar una competición deportiva para discapacitados a imagen y semejanza de su homóloga olímpica.

Por Miguel G. Barea para El Español, 19 de septiembre de 2016.

El 28 de julio de 1948, Ludwig “Poppa” Guttman acudió a la inauguración de los Juegos de Stoke Mandeville en Aylesbure (Inglaterra, Reino Unido). El prestigioso médico, especialista en neurología y en el estudio de las disfunciones físicas, no imaginaba por aquel entonces que su sueño de una competición deportiva para discapacitados, a imagen y semejanza de los Juegos Olímpicos, acabaría llegando tan lejos. 

En aquel torneo simultáneo a las Olimpiadas de Londres participaron 16 exmilitares en silla de ruedas (14 varones y 2 mujeres), todos de nacionalidad británica, que compitieron en tiro con arco en los jardines del complejo hospitalario Stoke Mandeville, espacio de trabajo del doctor. 

Una vida difícil en una época convulsa

La vida de Ludwig Guttmann (1889-1980) no estuvo exenta de dificultades. Natural de Silesia, llegó a ser considerando el neurólogo más importante de Alemania y ostentó la presidencia de la Comunidad Médica Judía en aquel país.  Pero tras la consolidación del nazismo fue inhabilitado en el ejercicio de su profesión. Además, en su país fueron prohibidos el estudio y tratamiento de toda disfunción y discapacidad -dos de sus áreas de especialidad-, males a erradicar según la ideología del Tercer Reich. En marzo de 1939 hizo las maletas rumbo a Inglaterra, sin nada de dinero y acompañado únicamente por su esposa y sus dos hijos. 

Tocaba empezar de cero, pero al menos la vida le brindaba una nueva oportunidad. Y Ludwig la iba a aprovechar en beneficio de toda la humanidad. Con el patrocinio del neurocirujano Hugh Cairns y la ayuda burocrática del Consejo de Asistencia a los Refugiados Académicos (CARA) pudo asentarse en Oxford, donde comenzó a investigar sobre el tratamiento y rehabilitación de los pacientes de heridas en la médula espinal. El objetivo del doctor era integrar a sus pacientes en la sociedad como miembros útiles y respetados, sea cual fuera su grado de discapacidad, una tesis muy cuestionada y nada popular en la Europa destruida de la posguerra.

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