La hormona del apetito es otro mensajero químico más con el que cuenta el cuerpo, aunque los nuevos hallazgos la convierten en algo más que la conocida leptina.

Presentada como esa hormona que regula el peso corporal de una persona, la leptina tiene una evidente función tanto en el apetito como en la termogénesis, contribuyendo así en el proceso metabólico por el que un individuo quema sus grasas corporales.

Revelan el mecanismo que regula a la hambrienta hormona del apetito

Hablamos, por tanto, de un mediador molecular clave tanto en la ingesta de alimentos como en el metabolismo energético, cuyo papel en el comportamiento alimentario del organismo es de lo más relevante porque brinda la sensación de saciedad, mientras circula por el torrente sanguíneo hacia los tejidos y porciones internas; no sin antes, eso sí, dejarse secretar por el estómago y por otros órganos.

Ahora, investigadores españoles han descubierto en un estudio cuál es el mecanismo que permite que las células que componen principalmente la grasa corporal, los llamados adipocitos, produzcan la leptina, la hormona que, junto con la grelina y la insulina, regula el apetito.

Entendido el papel de la leptina y de la insulina, encargada esta última de controlar el nivel de azúcar en la sangre (entre otros procedimientos metabólicos, por supuesto) cabe aclarar, llegados a este punto, que la grelina, por su parte, se presenta como una hormona gástrica que regula el apetito, a la par que hace lo propio con la homeostasis nutricional.

Todo un producto glandular que, en suma, induce al hambre cuando dispara sus niveles circulantes, especialmente durante el ayuno, modulando en el camino diversos procesos fisiológicos que van de la propia memoria a la secreción de insulina.

Se trata de una investigación en la que han participado miembros del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IIPSV), así como científicos del CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (CIBERDEM) e investigadores del Hospital Joan XXIII de Tarragona, en Cataluña. Amén de recibir más de un millón de euros como respaldo, por parte de la Fundación La Caixa y de la Agencia Estatal de Investigación.

El estudio, en cualquier caso, viene a sugerir que el nuevo mecanismo también regula el reloj biológico de las células de la grasa, a juzgar por lo que informan los autores en el artículo divulgativo de la revista ‘Cell Metabolism’, la cual ha publicado los resultados del trabajo.

Es más, incluso «representa un hito muy significativo», en palabras del comunicado emitido por el propio instituto de investigación, aludiendo tanto a un punto de vista fisiológico como en referencia al abordaje de la obesidad y de otras enfermedades metabólicas.

Poniendo coto a la hormona del apetito

Al comer, por ejemplo, los niveles de leptina en sangre aumentan, responsabilizando así a esta hormona en la tarea de enviarle al cerebro la sensación de saciedad, tal y como aclaró Sonia Fernández-Veledo, investigadora del IIPSV y una de las científicas participantes del ensayo.

«Nuestro estudio no solo demuestra el mecanismo por el cual los adipocitos producen leptina, sino también por qué la grasa de las personas con obesidad lo hace de forma excesiva», matizó, aludiendo al hecho de que quienes presentan obesidad tienen una mayor producción de leptina en el organismo, al menos en comparación con las personas delgadas.

Una fabricación que les sirve de poco, sin embargo, ya que en casos así el cuerpo acaba desarrollando resistencia a la leptina, un fenómeno por el que el organismo al final deja de responder a esta hormona con carácter de proteína; tanto es así que quienes sufren obesidad terminan con el mecanismo de saciedad alterado, así como con la hormona del apetito casi inservible.

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