El Gobierno ha aumentado según apuntó el mes pasado, el presupuesto del plan de choque asistencial pero la situación para el dependiente sigue siendo la misma, la lista de la dependencia sigue creciendo y la pregunta siempre es la misma: ¿y ahora, qué?

En un día cualquiera, por determinadas circunstancias sobrevenidas; léase, la edad, un accidente, un enfermedad etcétera, pasas a depender de los demás. La autonomía deja de ser una realidad y la esperanza de vivir se reduce a un sillón en el mejor de los casos y un traslado a la cama.

La ineficaz gestión de las autonomías y la eterna burocracia a la hora de sacar turno, tener los papeles —todos ellos una vez más juntos en una carpeta— y el proceso complejo para rellenar una solicitud, hace que tanta burocracia lastre un proceso que afecta a ciento treinta y tantos mil expedientes pendientes de valoración para obtener lo que el Estado debe darles: prestación, ayuda a domicilio, residencia, asistentes y un largo etcétera.

Las actividades básicas de cada día se convierten en una difícil empresa y la ayuda pasa a ser una necesidad. Pero ¿por qué hablamos del Estado del bienestar si los mayores no tienen nada más que recortes en su vida cotidiana y una dependencia no resuelta?

La infinita lista de espera no ha hecho nada más que engordarse si bien se arrastra de otros años y de otras legislaturas.

Al menos 177.423 personas se quedaron en la lista de espera para recibir ayuda y el año pasado quedaron 309.233 españoles sin atender esperando.

No vamos a olvidar a los que fallecieron porque por la compleja burocracia su expediente no se cursó. No son pocos, todos tenían un nombre y un apellido; podrían haber sido sus padres o los míos, pero de esas 45.360 personas solamente supimos que murieron sin haber cobrado lo que merecían; sin haber sido atendidos; solos, perdidos, enfermos.

Desde Prensa Social nos hacemos eco de la terrible situación que aún hoy, este año, cuando va a arrancar casi el quinto mes del 23 la lista no para de engordar. En estos cuatro años se han conseguido recuperar los recortes pero no se ha reducido la lista de espera ni tampoco se han mejorado las prestaciones. En tiempo de elecciones todo son promesas y se habla de dependencia, de mayores y de discapacidad. Luego a toro pasado todo parece quedarse igual.

La incomprensible ineficacia de las comunidades autónomas nos lleva a conocer que de forma insólita, cincuenta y cinco millones de euros no se gastaron porque por hache o por b algo sucedió. La transferencia del dinero que el Ministerio de Asuntos Sociales entregó a las autonomías se quedó en agua de borrajas. Se hizo caja pero al dependiente no le llegó. Eso, sumado a las terribles desigualdades de los territorios hace que en España sí importe dónde has nacido y dónde te han calificado de persona en situación de dependencia.

Casi un año y pico esperando para luego fallecer y que el mayor pase por el calvario de la discapacidad, posterior dependencia y luego llega a ser invisible para el Estado.

¿Existe mayor tragedia en esta nación de personas mayores?

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