La microbiota, una flora intestinal asociada a cuadros depresivos

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Entendida como un conjunto de bacterias o de microorganismos que viven en el intestino o tubo digestivo, la microbiota también parece influir en la depresión.

Tras constatar científicamente que el estado de ánimo altera el bienestar del intestino, y hasta verificar en estudios oncológicos anteriores que la diversidad de la microbiota sí es capaz de mejorar la respuesta al trasplante de células madre hematopoyéticas, por no hablar de su relación con el covid-19, dos recientes trabajos han dado con nuevas características que determinan la microbiota de las personas con depresión.

La microbiota ¿es un chivata de la depresión?

Difundidas en la revista ‘Nature Communications’, ambas investigaciones defienden, en los dos artículos que las resume, que la presencia de la microbiota guarda ciertos vínculos asociativos con algunos síntomas depresivos. Y es que los descubrimientos de los equipos de investigadores que trabajaron en ellas recogen la identificación de un grupo de bacterias intestinales o de microorganismos específicos que están muy presentes en el sistema digestivo, y que a su vez están muy involucrados en la síntesis de esos mensajeros químicos que resultan tan claves en el desarrollo de la depresión.

Pese a que es un acierto señalar que los mecanismos biológicos subyacentes en el campo de la depresión continúan siendo un campo de investigación muy poco explorado por ahora, ya que los orígenes biológicos de la depresión siguen siendo poco conocidos, con causas poco claras y opciones de tratamiento muy limitadas, la literatura especializada concuerda y sostiene que el microbioma intestinal es un factor influyente en los trastornos depresivos, desempañando un papel muy importante en su desarrollo.

A ello se suma el conocimiento popular (entre científicos) de que el microbioma, así como los niveles de síntomas depresivos, varían sustancialmente entre los grupos étnicos de la especie humana; algo que exige que cualquier futura intervención para la depresión, orientada específicamente al microbioma, trabaje desde una comprensión de las asociaciones microbioma-depresión entre razas. De hecho, el microbioma fue un punto que ambos ensayos examinaron, marcándolo como representante del microbioma intestinal.

«En los dos estudios se analizan relativamente grandes poblaciones de sujetos, y esto es una de sus principales fortalezas», observó al respecto José Manuel Fernández-Real, jefe del grupo de Nutrición, Eumetabolismo y Salud del IDIBGI y del CIBEROBN, en unas declaraciones para Science Media Center.

«En uno de ellos, se hace con población multiétnica, lo que ayuda a analizar la consistencia de las observaciones en diferentes poblaciones».

La microbiota, un microorganismos emparentado con la salud mental

Y es que los investigadores del primer trabajo vincularon los datos de la microbiota con datos demográficos, conductuales y de depresión, identificando en el proceso una firma microbiana predictiva de los síntomas depresivos que, curiosamente, se mantuvo invariable entre los grupos étnicos estudiados, sin cambiar al menos a grandes rasgos.

Para ello, los autores estudiaron a un grupo de 3.211 personas de la cohorte de microbiomas del estudio HELIUS, el cual a su vez contó con seis grupos étnicos que viven en las zonas urbanas de Ámsterdam, evaluando tanto a holandeses como a surinameses del sur de Asia, como a ghaneses y turcos, marroquíes y surinameses africanos.

«Este es un tema muy interesante y en plena progresión», en palabras de Eduard Vieta; quien, si bien no participó en el presente trabajo, sí habló desde su papel como director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam), y como jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona.

«Los resultados no son extraordinariamente novedosos (solo en una pequeña parte), pero confirman los cambios en el microbioma ya descritos, y lo hacen en una muestra de las más amplias hasta la fecha». Según matizó este experto, lo hacen además «midiendo la gravedad de los síntomas depresivos, y controlando por la coexistencia de otras patologías y los efectos del tratamiento».

El segundo trabajo, por su parte, revela que las bacterias de la microbiota están involucradas en la síntesis de esos mensajeros químicos conocidos por su asociación con la depresión; hablamos de mecanismos de la talla del glutamato y el butirato, la serotonina y el ácido gamma amino butírico… por mencionar unos cuantos.

«Se identifican cambios en las poblaciones bacterianas de las personas con depresión relacionados con microorganismos que producen glutamato y serotonina, entre otros neurotransmisores, que precisamente son de gran relevancia en la depresión», resumió Eduard Vieta al respecto de este ensayo.

«Además, estos cambios se mantienen más allá de las diferencias culturales, genéticas y de estilo de vida de distintos grupos étnicos. A pesar de la amplia muestra, algunos análisis no se han podido replicar, pero, en mi opinión, supone un paso adelante en la comprensión de los cambios inflamatorios asociados a la depresión y de la conexión entre nuestra flora digestiva y el funcionamiento cerebral».

Para dar con esta revelación, los autores de este trabajo compararon las características de la microbiota intestinal de 1.054 participantes de una cohorte separada en los Países Bajos, y encontraron 13 taxones microbianos asociados con síntomas depresivos, desde el Subdoligranulum hasta el Eggerthella y Coprococcus. Un hallazgo que, cabe añadir, acabaron replicándose también en la cohorte del estudio HELIUS.

Leyendo las heces para calibrar a la microbiota y detectar la depresión

«Todos estos estudios se basan en el ADN de las heces para conocer la composición de las bacterias y a partir de ese dato se infiere la funcionalidad de esas bacterias, pero es necesario conocer el metaboloma final», reflexionó a su vez Rosa del Campo, investigadora y miembro del Grupo Especializado para el Estudio de la Microbiota Humana de la SEIMC-GEMBIOTA, la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.

A juicio de esta facultativa, «la implicación que tienen estos trabajos es que debemos añadir la microbiota intestinal como un factor más en la causa de la depresión. Se sugiere que es una causa orgánica relacionada con la producción/degradación de neurotransmisores por parte de las bacterias del tracto intestinal».

Así, pese a que los impactos clínicos de los hallazgo de estos dos estudios deben confirmarse experimentalmente, la visión general de la lectura de ambos trabajos refuerza aún más el vínculo entre la composición del microbioma intestinal y la depresión, ciertamente, sobre todo al juntarse y verse en conjunto; lo que a su vez sugiere que este enfoque sobre la microbiota puede ser un objetivo útil para futuras terapias.

«Todavía es muy pronto para hablar de tratamientos», admitió eso sí el experto Eduard Vieta. «Por una parte, hay indicios de que una dieta equilibrada (por ejemplo, la dieta mediterránea) puede mejorar la salud mental, aunque no es un tratamiento adecuado por sí solo para la depresión mayor. Por otra, sería prematuro y fantasioso plantearse hoy en día el trasplante fecal como una alternativa terapéutica», remachó, conocedor de que la depresión es una de las principales causas de mortalidad y disparidad económica, aun cuando a día de hoy aún se desconoce todos sus orígenes biológicos.

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