La pastilla azul, la gran apuesta

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Volver a sentir es volver a vivir. Quizá en el ansia de retomar aquello que dejamos atrás, nos encontremos con una gran apuesta que nos devolverá a ser quienes éramos: la pastilla azul. No hablamos de edad; la disfunción eréctil sucede en cualquier momento de la vida.

Sentir y sentirse bien, hace que acaso, en todas las edades, el varón vuelva a identificarse con quien era. En el arte de envejecer bien, nunca se habla del sexo como una parte más de todo cuanto hacemos durante el día. Los mitos y leyendas en torno a dejar de tener relaciones sexuales por la edad, se ha ido extendiendo, bien por los pequeños achaques (que ya se acarrean) o bien porque la pareja no está dispuesta a seguir con tal afán.

La disfunción eréctil dejó de ser un mito tras la aparición de la famosa ya, Viagra y su nombre se popularizó aunque existen otros fármacos iguales o similares con la misma composición. Si bien los problemas asociados a la erección afectan a aproximadamente a treinta millones de personas en Estados Unidos, el Sildenafil fue el primer inhibidor de la 5-Fosfodiesterasa (5-PDE) aprobado por la FDA y desde entonces, la ingesta, el tráfico y la venta de este fármaco se ha disparado en la red y entre los usuarios que reconocen que les ha devuelto a la vida.

Este problema que está íntimamente ligado a la impotencia o a la eyaculación precoz, (dado que algunas tienen lugar en cualquier tramo de edad de la vida del varón) no debe estar asociado a la edad per se. Por ello, los potenciadores sexuales que actualmente ofrece el mercado farmacéutico, permiten que los varones retomen la actividad sexual sin riesgos, siempre y cuando, su pauta esté controlada por un médico. Las recomendaciones que no siempre se toman, pasan por evitar ingerir una pastilla azul sin saber si podemos o no hacerlo.

¿Cuáles son los riesgos?

Los temidos efectos adversos de la pastilla azul, pasan por una leve cefalea o congestión nasal hasta otros graves, tales como la diarrea, las alteraciones visuales, la dispepsia o hasta otros mucho más graves. El manejo de estas pastillas, repetimos, siempre debe ser bajo prescripción médica y no es baladí las consecuencias que un paciente puede tener con tan solo ingerir una.

Existen muchos factores que pueden complicar el riesgo de ingerirlas sin que hayan estado prescritas por un médico, solamente por padecer obesidad, tabaquismo, hipercolesterolemia, síndrome metabólico, diabetes, entre otras enfermedades.

Si bien, siempre se asocia el consumo de la pastilla azul a personas de una cierta edad, los jóvenes (18-30) y no tan jóvenes (35-55), que tienen una disfunción sexual asociada a algún trastorno de otra etiología, presentan dificultades importantes a la hora de tener o mantener una erección durante un coito. En algunos varones, tras una prostatectomía radical puede pautarse para mejorar la vida sexual del varón dependiendo de las lesiones producidas en los nervios cavernosos que puedan inducir a factores proapoptósicos (pérdida del músculo liso), o profibróticos, (aumento del colágeno), en los cuerpos cavernosos.

Por tanto, no es una pastilla para personas de una cierta edad; es la solución a una inadecuada erección sea cual sea la edad.

Los fines siempre son los mismos, y evidentemente el aspecto recreativo y amoroso no debe olvidarse, si bien, entre todo ello, la persona puede presentar algún trastorno ansioso-depresivo u orgánico, que le impida tener una relación sexual satisfactoria. Abordar este asunto de una manera multidisciplinar, nos permitirá saber cuáles son los factores que cuentan para que lo que antes no era un problema, sea en definitiva, el mayor de los problemas para muchos sujetos.

La asociación de ideas en torno a una erección va ligada siempre o casi siempre a la masculinidad, a la seguridad y sobre todo, a la fuerza y al poder en el varón. Esto, que a todas luces es impensable perderlo, debuta un día y no sabemos el porqué, pero sucede. El sufrimiento que esto produce se vive de forma intensa en algunos hombres y permite elaborar pensamientos de pérdida, dolor y fracaso y acaso pronostican el fin de una etapa de conquista. Actualmente vemos cómo la prescripción de estos fármacos, que viene ligada a la erección, debe ser ayudada por salud mental para permitir la disminución de la ansiedad y la angustia que esta situación procura.

¿Prescripción médica?

Siempre. Es importante recordar, que el consumo sin prescripción en los primeros estadios de esta nueva etapa, pueden dinamitar otras dolencias que tenemos y seguimos sin conocer cuál es la causa que nos provoca la impotencia. El llamado gatillazo hace al hombre vulnerable y con ello, el acto sexual pasa a ser un motivo de conflicto a evitar.

En los jóvenes la ansiedad de ejecución, permite algún fracaso en la erección y se experimenta una sensación compleja de falta de control. Esto hace que el acceso a la pastilla azul, permita que se vuelvan a repetir los encuentros y se distancien los errores por falta de práctica. Los estudios en torno a algunos fármacos conocidos justifican que al menos, el 35 % del consumo lo ingieren hombres en torno a los 25 a 40 años de edad. El tema tabú de la disfunción sexual eréctil, hace que uno de cada cinco jóvenes menores de 30 años conozca la existencia de esta pastilla y la tome a escondidas.

En relación a los adultos y a hombres mayores, el trastorno eréctil, se presenta con frecuencia y converge con el diagnóstico del DSM-V en donde la incapacidad para mantener o lograr la erección se una a una ansiedad sin precedentes. Los autores: Wagner, Montor- si, Auerbach y Collins, 2001; Gómez Juanola, Machín Díaz, Roque Acanda y Hernández Medina, que en 2001 presentaron los primeros estudios, confirmaron la notable reducción del estrés en personas de una cierta edad y aún hoy, veinte años después, se manifiesta como uno de los fármacos más solicitados para atenuar estos cuadros ansioso-depresivos en todos los rangos de edad.

La motivación, una pareja nueva, la alegría en la ejecución ha hecho que muchos hombres mayores que pensaban que no tenía ya más actividad sexual, la vuelvan a llevar a cabo, solamente por cambiar de pareja, no por tomar una pastilla azul; su gran apuesta.

Es importante destacar que el 53,62 por ciento de los pacientes encuestados utilizaron Sildenafil como tratamiento para la disfunción eréctil con prescripción médica, mientras que el otro segmento, lo hizo por recomendación de un amigo (21,74 por ciento) o por consejo en la farmacia (17,39 por ciento).

La aparición de diversas marcas ha hecho que el uso de los potenciadores sexuales sea un éxito rotundo y el modo de abordar la disfunción eréctil ya no es un problema en las consultas de primaria. La pregunta realmente no es esa. En ese sentido, ¿qué papel ocupa el psicólogo en todo este asunto? ¿Se consulta y se preven estas situaciones psíquicas que dan como resultado un cuadro de disfunción eréctil?

En el caso de las personas mayores, al aparecer otras enfermedades que no están asociadas a la vida sexual, es posible que estos cuadros tengan lugar y existan estos trastornos pero no por impotencia, sino por el descenso de la libido debido a cuadros de dolor crónico u otras enfermedades asociadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha justificado en diversos estudios a lo largo de varios años, que la ingesta de este medicamento, se ha procurado también entre varones sexualmente activos, y por ello, no debe vincularse solamente a un problema relativo a la edad, dado que todos, tenían desde los 25 años algún cuadro similar asociado de diversa etiología.

Si el paciente se automedica las enfermedades y todo lo que se ha asociado al consumo de sildenafil, tal y como se expresa en muchos estudios, permitirá saber que desde un infarto agudo de miocardio, pasando por otras enfermedades cardiovasculares (angina de pecho, taquicardia ventricular, etc.) pueden debutar sin que el médico de cabecera lo sepa, algo que a día de hoy, debe ser impensable, sobre todo, si se padecen enfermedades crónicas.

En todo caso, la vida sexual siempre puede volver a empezar si los dos miembros de la pareja tienen el deseo de llevarla a cabo. Una vida sana y plena pasa siempre por apostar por ello. Y por qué no, por la pastilla azul. Una ayuda, que no es nada desdeñable.

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