Todo es luz y color en esta Navidad que arranca en Madrid con una plaza de España remodelada. Tres años más tarde, tras haber encontrado los restos de la muralla, tras los dimes y diretes y con toda la expectación posible, suspendemos en accesibilidad a esas personas que han aprobado uno tras otro, lo que a todas luces no es accesible; no es para todos.

Hablamos de un lugar emblemático en donde, si sigues el pavimento podotáctil con un bastón de ciego, acabas en el suelo; si quieres ir por la rampa con una silla de ruedas, con peor suerte es como si bajaras por un tobogán; y así y todo, se abre al público y lo festejamos.

Si tuviera que expresar qué se siente cuando se ve semejante obra, diría que ni siquiera obedece a la falta de inclusión, a la nula eliminación de barreras ni al incumplimiento de la normativa legal vigente. Esto es cuestión de sentido común …o de ausencia del mismo. Desde la zona de juegos, que no invita a los niños con discapacidad a montar en los elementos dispuestos, a la acera bici que te sugiere cómo tener un accidente si cruzas sin fijarte —actualmente está prohibida—.

Pavimento podotáctil que termina en el alcorque. Plaza de España (Madrid). Diciembre de 2021.

Por otro lado, los pavimentos podotáctiles acaban en los alcorques de los árboles y están puestos según han caído en el suelo: en definitiva, un peligro para las personas mayores, para las personas con discapacidad visual… para las personas en general, incluso. Curvas, mal trazado en el suelo, losetas con agujeros y una palpable incongruencia entre las losetas con rayas y las que contienen redondeles (unas permiten ver hacia dónde vamos y las redondas, dónde detenernos porque cambia la vía o el paso).

Setenta mil metros cuadrados que son verdes, eso sí. Un enorme parque conectado con los jardines de Sabatini, el Campo del Moro, el parque del Oeste, la Casa de Campo. Un delicioso paseo por el Madrid que une el barrio de Argüelles con el centro, pero ¿qué dice Mariano Fuentes, delegado de Desarrollo urbano al respecto?

Un camino que lleva a ninguna parte. Plaza de España de Madrid.

La pregunta siempre es la misma. ¿Cómo es posible que el Cermi Madrid y el Ayuntamiento hayan trabajado para procurar la accesibilidad y que ésta no sea una realidad hoy? Entiendo que ellos lo denunciarán también, pero en una etapa inicial trabajaron en conjunto.

A la reunión, según cita el boletín de la ONCE que data del año 17, asistieron: por parte del Consistorio, el delegado del Área, José Manuel Calvo; el coordinador general de Planeamiento, Desarrollo Urbano y Movilidad, Ezequiel Domínguez; y el director general del Espacio Público, Obras e Infraestructuras, José Luis Infanzón. El CERMI Comunidad de Madrid estuvo representado por: su presidenta, Mayte Gallego; el coordinador del área de accesibilidad, Juan José Cantalejo; el asesor jurídico, Oscar Moral y la coordinadora, Mª Jesús Baile. Y ahora ¿qué? ¿Quiénes son los responsables de que esto no se haya cumplido?

Vista aérea Plaza de España de Madrid.

Hablamos de accesibilidad constantemente, de lo mucho que queda por hacer. Esas obras de antes que necesitan mejorar, esas calles intransitables, esos accesos, esas escaleras, esa falta de rampas; pero no caemos en la cuenta de que la obra nueva nunca o pocas veces, refleja esta consideración. Porque hablamos ya de dar las gracias si se hacen las cosas bien. La normativa actual está para que se la salte el mismísimo Ayuntamiento de Madrid.

Desde esta tribuna le pregunto al alcalde, don José Luis Martínez-Almeida, ¿cuál es el plan b? No se ha respetado la accesibilidad, no se ha contemplado la seguridad, no se ha recogido la normativa; entonces, todas esas personas que firmaron para que se ejecutaran un procedimiento y una metodología a favor de la inclusión ¿dónde están? ¿Quién responde de este sinsentido?

En el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que fue ayer, nos hemos llenado la boca de palabras que no van a ningún sitio, porque mientras yo camine, oiga, vea y todo esté bien, podemos inaugurar todos los charcos que quieran, aunque estén mal. También podemos abrir oficinas de discapacidad para que viva más gente del cuento, porque realmente, si te pones en la plaza de España con una silla de ruedas, el mundo se te caería a los pies. No digamos si no ves, haya o no planes de accesibilidad u oficinas superdotadas de medios.

La idea es la de siempre: ¡sálvese quien pueda! Luego hablamos de que hay que mejorar. Ni al que asó la manteca se le ocurre aprobar tal obra, pero ahí está, con un árbol de Navidad y una pista de hielo que permitirá que todos los que no tienen una discapacidad puedan patinar sin caer en la cuenta de que para pasear, sólo pasear, la plaza de España es un riesgo.

Busquemos responsables, pongamos solución al problema y que paguen los que han dado el sí. Y de paso, que los accesos, el metro y sus interminables escaleras, los nulos ascensores y los cruces entre Gran Vía y Princesa no sean tan peligrosos. Puestos a pedir, la virtud es no dar, ya saben. Esto no va de rojos, azules o verdes; esto no es de partidos: esto es una vergüenza, si hablamos de ayudar al que no puede caminar, ver u oír. Siempre pagan el pato los mismos: ciudadanos de segunda para quienes la igualdad de derechos es un discurso oficial. Seremos todos, cuando lleguemos a mayores—si llegamos—, esos ciudadanos que piensen en voz alta: pero ¿quién habrá hecho esto? ¿A quién se le habrá ocurrido semejante parque?

Con sentido común hubiera bastado, se lo aseguro. No hay más preguntas, Señoría.

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