JJOO: la salud mental se hace visible

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Logo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

La gimnasta Simone Biles, hace un alegato por la salud mental y a no limitarse «a hacer lo que el mundo quiere que hagamos». ¿Cómo conseguirlo? Averigüémoslo.

Una defensa en los JJOO de Tokio por la salud mental

Simone Biles, una de las grandes estrellas de los Juegos Olímpicos 2021 de Tokio, ha dado un paso no al frente, sino a un lado para dejar la competición y reconocer que no puede lidiar con la presión y las expectativas a las que tiene que responder. De este modo, no sólo ha rechazado participar en la final por equipos de gimnasia artística, sino que además tampoco estará en la competición individual.

Problemas en la salud mental, la medalla indeseada de muchos deportistas

Las palabras de Biles durante la conferencia de prensa tras retirarse de la final por equipos fueron muy esclarecedoras:

«Cuando entro en la alfombra somos mi cabeza y yo. Trato con los demonios que hay en mi cabeza. Después de la actuación que hice, no quería seguir. Tengo que centrarme en mi salud mental. Creo que la salud mental está más presente en el deporte ahora mismo».

Biles, ganadora de cuatro medallas de oros y una de bronce en los anteriores JJOO de Río, ha hecho una confesión que ha servido para subrayar la importancia de cuidarse no sólo en cuerpo sino también en mente; así, la gimnasta ha dejado en visible manifiesto los problemas de salud mental, más agudizados hoy en día con el tipo de sociedad en la que vivimos.

«Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo», instó Biles ante las cámaras de todo el mundo, «y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos», defendió, reflexiva.

Ya lo dijo la OMS, que la tercera ola que convulsionará al mundo será la de la salud mental.

Los Juegos Olímpicos: una medalla que se paga muy caro

Participar en los Juegos Olímpicos es un honor que no todo el mundo alcanza, pero al honor de entrar en el círculo de estos deportistas de élite también le acompaña mucho trabajo y mucho sacrificio; la certeza de ser observado por miles de ojos y la presión de las altas expectativas. Así, la gloria de los JJOO se cobra en ansiedad, agobio, desgaste, depresión, falta de confianza, miedo a la evaluación externa, y estrés; sobre todo estrés.

El estrés de evaluación no es un fenómeno aislado de los deportistas, como tampoco de los personajes públicos; ni siquiera es un fenómeno aislado en la población común y corriente, ya que suele afectar a todas las personas en distinto grado y momento, ya sea en un examen, una competición, un asunto familiar e incluso por la celebración de una boda. Es un estrés que, encima, puede llegar a malograr la salud mental.

Antonio R. Cano-Vindel, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), explica el estrés en los siguientes términos:

«Porque la gente se atreve a hablar más de su problema, porque es un problema que tenemos todos, todos tenemos ansiedad. En mayor o menor medida, de manera diferente porque cada uno valora esas situaciones de una manera distinta, cada uno tenemos una experiencia distinta con esa situación, experiencia que puede ser para bien o para mal, es decir, que en esas veces anteriores lo hayas hecho bien o que en alguna ocasión te has sentido mal y aprendes a tener más inseguridad».

Para el catedrático, el estrés de evaluación es un fenómeno a nivel individual, pues es personal, y a nivel mundial, pues lo puede llegar a sufrir cualquiera, viva donde viva, sea anónimo u ostente algún cargo público.

«Ansiedad de prueba, de examen y es lo que nos pasa a todos cuando estás haciendo, por ejemplo, el examen del carnet de conducir. En una clase normal tienes la amenaza de hacerlo bien, frenar a tiempo, aunque el profesor puede hacerlo por ti, aprender, etc. Pero el día del examen, además de eso, tienes otra presión extra y es que puedes suspender y si suspendes tiene consecuencias no deseadas, como económicas y de tiempo, entre otras cosas. Unas personas más que otras, pero todas aumentamos nuestra ansiedad en días así».

En este sentido, «para los deportistas los JJOO son el examen número», explica Cano-Vindel; «por tanto, cuanta más importancia es más probable que la ansiedad ante la prueba sea mayor».

No es fácil estar en la élite deportiva, después de todo. Los Juegos Olímpicos, de hecho, requieren mucho sacrificio y a veces se soportan muchas otras cargas que van más allá de practicar un deporte amado.

Para entender el estrés, hay que empatizar

En el caso de Biles, la presión extra ha llegado cuando al trabajo y esfuerzo de entrenamiento físico se ha sumado el haberse convertido en el rostro de la gimnasia y en la ‘novia de EEUU’, título que se ganó tras su actuación en Río. Han sido meses y meses aguantando que se especule con el número de oros (cinco o seis) que podría ganar en Tokio, soportando el haber sido la gran esperanza del equipo estadounidense para no perder frente a Rusia.

Y es que ser la gimnasta más premiada de la Historia no debe de ser fácil de aguantar, mucho menos al escuchar repetidas veces que todas las esperanzas de medio mundo están puestas en uno. ¿No nos hubiéramos sentido igual, en algún momento, ante una situación así? Seguramente; reconozcámoslo.

Rara es la persona que ante una presión semejante no se agobie o le entre ansiedad, que no tenga dudas y falta de confianza en sí mismo; que sus demonios internos no cobren fuerza en forma de pensamientos negativos y que el estrés no crezca y le empuje hasta el punto de degenerar en una depresión épica, esta sí, de campeonato.

Los Juegos Olímpicos: un campeonato que nunca ha contado los problemas de salud mental

Al decir que la salud mental se hace visible en los Juegos Olímpicos no nos referimos únicamente en Biles, pues ella no es la primera deportista que lo ha sufrido o, como mínimo, que lo ha admitido pública y abiertamente.

Es el caso de la tenista Naomi Osaka, quien a finales de mayo se retiró de Roland Garros aduciendo sentir ansiedad cada vez que tenía que presentarse ante los medios, confesando que, de hecho, llevaba sufriendo largos episodios de depresión desde su primer Grand Slam. O el caso de Michael Phelps, el considerado mejor nadador de todos los tiempos por algunos, deportista olímpico con más medallas en su haber, indiscutiblemente. Fue este mismo año cuando Phelps confesaba haber pasado por una situación parecida, a raíz precisamente del Coronavirus.

«Soy alguien que ha pasado por al menos tres o cuatro períodos de depresión fuerte después de los Juegos y llegué a poner mi vida en peligro», expresó. «La pandemia es un reto al que nunca pensé que me enfrentaría. La incertidumbre, estar encerrado en casa, me angustia. Ahora mis emociones me envuelven y estoy pendiendo de un hilo», confesó sin tibieza Phelps.

Todas las personas podemos sufrir ansiedad al sentirnos evaluados, pero un deportista de élite se expone a más situaciones así que, por ejemplo, un carnicero. ¿Y por qué? Por la sencilla razón de que dicho deportista es reconocido a nivel mundial, por tanto, se le imponen unas exigencias a nivel mundial, un precio desorbitante para cualquier salud mental que busque estabilizarse.

Más aún; salir en televisión también afecta a muchas personas, un dato en el que también coincide el presidente de la SEAS. «Afecta porque te puedes equivocar, porque te puede estar viendo alguien que sea un experto… cada uno tiene sus amenazas».

En este sentido, el batir un récord, el ser la esperanza de medalla de todo un país, y el que medio mundo tenga sus ojos puestos en uno, solidifica la presión y la ansiedad en un nudo constante, en una piedra sobre los hombros llamada estrés.

«Lo que es evidente», según el catedrático, «es que la primera vez que sales en televisión es una situación ansiosa porque te va a ver mucha gente y van a ver tu actuación, que vean tu actuación es otra especie de examen, no solo que apruebes o no, sino que medio mundo te está viendo».

Los problemas en la salud mental: una voz que por fin llega

El estrés, la ansiedad, la presión e incluso la depresión han sido temas tabúes en la historia de los deportistas, tristemente, puesto que ni ellos lo manifestaban ni la sociedad estaba preparada para escucharlos, aunque sí para tildar de debilidad lo que en realidad es una petición de ayuda. El profesor Cano-Vindel lo defiende, de hecho, que se rompa el silencio y el tabú a este respecto; y el que los problemas de salud mental existan, tengan visibilidad, voz y llamamiento de actuación en los medios de comunicación, los primeros en influir y marcar a la sociedad.

«Claro que las emociones son salud y los problemas que pueden crear emociones como la ansiedad están dentro de la salud mental, pero es que es un aprendizaje, hay que quitarle el estigma de la locura, de la falta de control», hace ver.

«Una de las cosas que añade estigma a la ansiedad es que puedes perder el control. Eso quiere decir que la ansiedad aumenta tanto nuestras respuestas fisiológicas, nuestra activación fisiológica -que está además controlada por el sistema nervioso autónomo, que es automático-, que nos puede dar la sensación de que no tenemos el control. Sí lo tenemos, pero lo tiene una zona de nuestro funcionamiento que se llama sistema nervioso autónomo que no es voluntario, pero sí tenemos el control».

Para el catedrático, el estrés de evaluación no es un problema de salud mental, de todos modos. «Le llamamos así, pero en realidad yo hablaría de alteraciones emocionales, problemas que sí se pueden aprender, y se puede aprender a volver a controlar esas reacciones emocionales».

Incluso las emociones sufren discriminación

Las emociones no tienen el mismo grado de aceptación y aprobación en la sociedad. Pensadlo bien; aquellas emociones más aceptadas gozan de más aprobación que aquellas que cohíben o inquietan o sencillamente incomodan… por las razones que sean. Cano-Vindel lo explica así:

«La ansiedad tiene un estigma y es peor que la alegría, que la tristeza o la ira. Los deportistas no tienen ningún problema en subirse a un podio y llorar cuando suena el himno nacional de su país, eso es emoción, se considera normal. Ni la mayoría de la gente tiene problema en enfadarse y es bueno, porque le dices al otro que te perjudica y que cambie. Pero con la ansiedad es ‘ay, qué voy a hacer un examen y si tengo mucha ansiedad y no puedo aguantar la ansiedad igual suspendo y además ¿qué va a pensar la gente si no tengo control de mí y de mi ansiedad?’ Entonces ahí entramos en un callejón sin salida».

El estrés es un perder el control y un perder la seguridad, una desestabilización emocional que da señales, según el experto psicólogo, marcas de humo que dejan huella.

«Se producen pensamientos de anticipación de una posible amenaza», detalla; «un resultado negativo, no voy a estar a la altura», desgrana; «luego hay cambios fisiológicos y luego la conducta; empiezas a ver que no es la que tú querías poner en marcha».

¿El estrés de evaluación se puede evitar?

Se considere un problema de salud mental o no, el caso es que la ansiedad y el estrés y demás componentes emocionales de los que hemos venido hablando a lo largo del artículo son negativos, nocivos para la estabilidad emocional de cualquiera. Según lo que subraya el catedrático de la Complutense, este es un problema al que se le debe dar la misma importancia y cuidado que los cuidados físicos, especialmente si se trata de un deportista de élite. ¿Y por qué?

«Pues para que los entrene, no solamente entrenarlos para correr cuando es un corredor, saltar cuando es un saltador, sino para que los entrene en esto, en el manejo de sus pensamientos, sus emociones y su conducta».

Hay que recordar, después de todo, que lo que define a una persona es su personalidad, una esencia que lo acompañará el resto de su vida, y no su carácter deportivo, por muy bueno que sea. «Hay cosas todavía más importantes», hace ver el profesor; cosas como el «bienestar, y muchas otras cosas de la vida».

Por tanto, si se está sufriendo de estrés, hay que quitarle importancia a eso que estresa. ¿Difícil? Desde luego; pero no imposible. Pedir ayuda siempre, siempre viene bien. Y más que minimizar esa situación, hay que reinterpretarla; mirarla desde otra perspectiva, más distante; los efectos, por descontado, llegarán a ser menos dañinos, por la sencilla razón de que los errores de juicio susurrados por los demonios internos no cobrarán tanto peso, porque ya no estarán tan centrados, y porque se habrá podido ver más allá.

«Y usar estrategias de relajación», aconseja el psicólogo. Respirar profundamente para evitar acelerarse, enumera, o hacer un ejercicio de práctica antes de enfrentarse a la acción real. «Un entrenamiento para tratar de manejar mejor sus pensamientos, sus emociones y su conducta».

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