La soledad: el gran temor de los mayores

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Dicen que el tiempo corre y que la vida vuela. En ese viaje, que a veces parece acelerarse, una persona pasa por distintas etapas, vive multitud de momentos y trata de exprimir y vivir al máximo.

Sin embargo, llega un momento en el que los años pesan y al cumplir una edad avanzada, comenzamos a perder nuestra tan ansiada independencia y a necesitar compañía para realizar nuestras labores cotidianas. Desgraciadamente, esto no siempre es así, y muchas son las personas que se ven abocadas a una vejez triste y solitaria.

Más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas en España

Según los últimos datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE),  correspondientes al año 2019, 4.793.700 personas vivían solas en España. De ellas, más de 2 millones son personas mayores de 65 años, de las cuales alrededor de un 28% son hombres y más de un 72%, mujeres. Una cifra con 61.300  personas más que el año anterior y que deja muy a las claras la tan temida sensación de abandono que sufren nuestros mayores, muchos de ellos en situación de dependencia por diversos motivos, bien por la edad, o como consecuencia de problemas de salud tanto físicos como psíquicos, entre otros.

Las residencias, una opción que no termina de ayudar

En este contexto, muchas familias optan por internar a sus mayores en una residencia, pero esto no parece terminar de solucionar el problema del abandono; y es que en algunos casos, un elevado número de las personas que ocupan este tipo de centros no reciben visitas, con lo que a pesar de estar atendidos y controlados, siguen careciendo del calor y del apoyo emocional que toda persona necesita como ser social.

En palabras del consultor americano, David Sprowl“muchas familias en uno y otro país conciben la residencia como una excusa para desentenderse de los mayores. Creen que alguien se ocupará de ellos y ya no tendrán que involucrarse”.  Para Ana González, responsable de residencias del sindicato Comisiones Obreras en Madrid, “para combatir la soledad no deseada en un mundo cada vez más envejecido hace falta un cambio cultural”. “Estar ingresado en una institución no es garantía de socialización”. “Se debe hacer una labor pedagógica muy potente sobre lo que supone el envejecimiento”, señala.

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