La viruela del mono es contagiosa antes incluso de que aparezcan los síntomas

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Virus de la monkeypox o viruela del mono, imagen cortesía Freepik.

Lleva contabilizados más de 70.000 casos en todo el mundo, desde que las autoridades sanitarias declararan iniciado el nuevo brote en mayo.

Mientras Sanidad opta por suavizar el protocolo de actuación contra la viruela del mono en España, ignorando que el país es uno de los más afectados en todo el mundo y apelando a la disminución de casos registrados en las últimas semanas, investigadores británicos han encontrado recientemente pruebas de una transmisión «sustancial» de la infección por monkeypox unos cuatro días antes de que los primeros síntomas empiecen a dar señales de vida.

La viruela del mono disminuye en casos y aumenta en investigaciones

Y es que si bien la comunidad entera ha asistido a un decaimiento de la incidencia de este virus infeccioso a nivel internacional, los investigadores insisten en comprender al virus y a su «dinámica de transmisión». Lo que implica entender cómo se propaga de una persona a otra, exactamente, y qué tan rápido aparecen los síntomas, pues con eso se puede ayudar a informar tanto sobre las decisiones de política como acerca de las intervenciones futuras.

El presente trabajo, publicado en The BMJ’ e instigado por la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido, recoge el testigo de estudios anteriores que no descartaron la transmisión antes de los síntomas; pero además representa la primera evidencia científica de que la enfermedad ya es contagiosa antes de que sus primeras señales empiecen a manifestarse.

De esta forma, y a fin de explorar más a fondo esta particularidad, los investigadores de la institución británica se propusieron analizar la dinámica de transmisión del brote del virus del simio, aunque solo dentro del Reino Unido, contando para ello con 2.746 residentes en el país que entre el 6 de mayo y el 1 de agosto de 2022 dieron positivo en la viruela del mono. ¿El método?

Una vigilancia de rutina, así como unos datos de rastreo de contactos. Bajo esta tónica de trabajo, recurrieron a cuestionarios para vincular la información sobre la exposición y las fechas de inicio de los síntomas de estas personas con sus contactos, para después analizar los resultados con la ayuda de dos modelos estadísticos.

Dos medidas para dos modelos

Durante la realización del trabajo, los expertos se centraron sobre todo en dos medidas principales de interés: el intervalo de serie y el periodo de incubación. Es decir, el tiempo que transcurre desde que los síntomas aparecen en el paciente del caso primario hasta que hacen lo propio en el contacto secundario, y el tiempo desde la exposición hasta el inicio de los síntomas, respectivamente.

Pero además ajustaron los modelos a varios sesgos comunes a los brotes de monkeypox; ejemplo de ello fueron los cambios aplicados en las tasas de infección a lo largo del tiempo, dándose cuenta de que de otro modo afectarían los resultados del ensayo. A ello se sumó un periodo medio de incubación de 7,6 días y de 7,8 días, según qué modelo, imponiendo asimismo un intervalo de serie medio que rondó los 8 días en un modelo y 9,5 días en el otro. ¿Lo curioso?

Que ambos modelos dieron una mediana del intervalo serial muy similar, más corta que la mediana del período de incubación, entre 0,3 y 1,7 días, para ser exactos; de lo que dedujeron que se estaba produciendo una transmisión considerable antes de la aparición o detección de las primeras señales de la enfermedad; y precisando en cuatro días como el tiempo máximo que tardó en detectarse la transmisión de la viruela del mono, siendo antes de que se manifestaran los primeros signos de la citada patología.

Un estudio que exige vacunas y más análisis de observación

Otro análisis posterior, realizado con la recopilación de un subconjunto de pacientes con información más detallada y aplicado a los datos de cada uno de ellos a nivel individual, pareció confirmar esta explicación; y es que reveló 10 pares de pacientes de contacto de casos que informaron transmisión presintomática, de entre los 13 pares estudiados en total.

A la luz de estos resultados, sería preciso un periodo de aislamiento de 16 a 23 días, según los investigadores, para así detectar el 95 por ciento de las personas con una posible infección.

Se trata, en suma, de un estudio observacional con varias limitaciones reconocidas por los propios científicos involucrados en su puesta en marcha. Con todo, la Agencia británica defiende que se utilizó métodos robustos para confeccionar las conclusiones arriba expuestas, ajustándolas a los sesgos clave, muy presentes en los datos, brindando así con ello una mayor confianza en las conclusiones.

A ello se suman las importantes implicaciones de los resultados en áreas como las políticas de aislamiento y rastreo de contacto, en opinión de los propios autores del ensayo; matizando, por ejemplo, que las estrategias de rastreo de contactos hacia atrás por las que se rastrean a quienes se propaga la enfermedad, deberían tener en cuenta un periodo infeccioso presintomático; especialmente al tratar de dar con los contactos de los casos confirmados.

Paralelamente, los investigadores de EEUU, Reino Unido y Nigeria arguyeron en otro editorial vinculado que la vacunación de la viruela del mono se necesita con urgencia en todo el mundo, inyectándola antes de la exposición a monkeypox y repartiendo los sueros además con equidad.

Según el parecer de estos expertos, la vacunación puede resultar más rentable que controlar las consecuencias de las infecciones prevenibles, probablemente, y meten en este mismo saco la pérdida de ingresos durante el aislamiento, los ingresos hospitalarios y las complicaciones a largo plazo.

Después de todo, y tal y como apuntaron al respecto, muchas de las medidas de salud pública que fueron muy útiles para combatir pasados brotes de viruela del mono detectados con anterioridad en países de altos ingresos, siguen sin estar disponibles en gran parte de África.

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