El avión no tiene el monopolio de la rapidez en llegar al destino, y el ejemplo de estas 25 rutas en tren por Europa lo pone aún más de manifiesto.

¿Qué es mejor, conocer el Viejo Continente en avión, o elegir el ferrocarril y hacer alguna de sus rutas en tren? Parece innecesario, pero esta es una pregunta muy recurrente y frecuente del turismo, y más cuando de ello depende que uno elija o no el destino, saque el billete, y pague su precio correspondiente. La contaminación también es otra variante muy influyente para muchos en la decisión final, algo que el tren parece rebajar.

Avión versus tren, una lucha por viajar sin perder tiempo, pero preservando lo mejor posible al ecosistema

Mucho más rápidas y, por descontado, también mucho menos contaminantes. Eso prometen ser la mayoría de los viajes en tren, un subrayado en toda regla a su capacidad más económica y sostenible. Para el director regional de Omio, Bertrand Etienne, el avión no siempre cumple con su fama de transporte más veloz.

«La percepción común de que volar es siempre la forma más rápida de ir de A a B, no es necesariamente cierta una vez que se considera el tiempo adicional necesario para llegar al aeropuerto, hacer cola en el check-in de seguridad, y esperar para abordar o recoger el equipaje».

Para corroborar esta afirmación, su empresa de viajes se ha dedicado a la tarea de comparar un total de 25 viajes por Europa, en un auténtico careo de las rutas en tren frente a la ruta en avión desde el mismo origen y al mismo destino; y el resultado de tal análisis es, precisamente, la información barajada en este artículo.

En el enfrentamiento se pone de manifiesto la duración de la realización del viaje, el tiempo de espera en ambas estaciones (aeroportuarias y ferrocarriles), cuánto dióxido de carbono se ahorra y el que verdaderamente emite cada uno de los transportes; incluso se señala lo que se tarda en llegar al aeropuerto desde la ciudad, y viceversa.

Entrando a valorar la tabla en cuestión, cuyo desglose puede verse aquí, Omio apunta en su informe que algunas de las rutas con más afluencia en España son igualmente atractivas para todo aquel viajero que considere factores de dinero y sostenibilidad.

Es el caso del trayecto Valencia-Madrid, por ejemplo, donde el viajero evita emitir unos 28 kg de dióxido de carbono, si llega a escoger la ruta en tren, ahorrándose también hasta dos horas.

En cambio, el tiempo de viaje escatimado de Sevilla a Madrid es de una hora y cuarenta minutos, aproximadamente, ahorrando además hasta 36 kg de dióxido de carbono; mientras, de Málaga a Madrid el ahorro en tiempo es de una hora y 15 minutos, mismo tiempo economizado de Madrid a Barcelona, aunque en este último se consigue sortear una emisión de hasta 47 kg de dióxido de carbono.

Algo menos tiempo se ahorra en las rutas ferroviarias entre Valencia y Barcelona: apenas 12 minutos, aunque no deja de ser relevante evitar 28 kg de dióxido de carbono por persona. El trayecto Madrid-Alicante escatima por su parte 32 kg de dióxido e invierte un total de una hora y dos minutos.

El viaje desde Londres a Bruselas es la ruta ferroviaria europaa que más tiempo ahorra al pasajero, comparada con el mismo trayecto en avión. Hablamos de tres horas menos, según el portal Eurostar, y de 30 kg de dióxido menos, teniendo en cuenta que en esta trayectoria turística el tren exhala 25 kg y el avión 55.

Otro tanto parecido ocurre con el avión de París a Londres, mismamente, que equivale a menos de tres horas de viaje, tal como ha reseñado Eurostar, portal que lleva 25 años realizando viajes por el Canal de la Mancha a Francia, Bélgica y, desde el 2018, también a Países Bajos. Una compañía que, dicho sea de paso, también ahorra hasta 32 kg de dióxido de carbono, y eso que sus rutas en ferrocarril llegan tres horas antes que en avión.

En la misma línea de sostenibilidad medioambiental se encuentran las rutas en tren entre París y Montpellier, y el itinerario desde Toulouse a París, los cuales consumen 55 kg menos de dióxido de carbono cada una.

El caso del viaje entre Londres y Leeds, en Reino Unido, es otro bastante llamativo; especialmente porque permite ahorrar casi dos horas de viaje, por un lado, con la posibilidad añadida de evitar hasta 62 kg de emisión de contaminación por dióxido de carbono.

Ahora bien, más peliagudo es el asunto del tiempo, pues según lo recogido en el portal turístico antes citado, el viaje desde Roma hasta Nápoles es uno de los itinerarios donde más tiempo se pierde, ciertamente; hablamos de unos 152 minutos esfumados, para ser exactos, y eso tratándose de una ruta de 189 kilómetros en total.

El trayecto de Oporto a Lisboa, en cambio, es preferible hacerlo en autobús según los datos recopilados por Omio, que indican que permite ahorrar tanto en tiempo como en contaminación: unos 36 minutos y 32 kg de dióxido de carbono, respectivamente, para una ruta de 252 km.

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