La asociación ‘Las sillas voladoras’ lleva 18 años luchando para cambiar esta realidad, organizando vuelos recreativos para personas con casi cualquier tipo de discapacidad por ello solicitan un aeródromo público dado que el de Ocaña (Toledo) en donde promovían la actividad aeronáutica ha cerrado.

«Volar nos hace olvidar el sinfín de barreras arquitectónicas que a diario nos encontramos en tierra»

Elisabeth Heilmeyer, presidenta y fundadora de Las Sillas Voladoras, no han podido operar allí:

«Llevamos mes y medio completamente parados. Nos dijeron que, al menos hasta que se formalizara la venta, teníamos que abandonar el aeródromo, la venta no se termina de formaliza», se lamenta la piloto alemana.

 Las Sillas Voladoras se vea en esta situación, «hemos tenido que suspender todas las clases y un evento que íbamos a hacer a final de año». Mientras sucede el milagro están operando en el aeródromo del Tiétar cerca de La Iglesuela, también de Toledo, pero este lugar no está adaptado para personas con discapacidad.

«No hemos perdido la esperanza de poder volver, así que esperamos que, mientras operamos en el otro, se concrete lo de la venta y nos dejen volver a usarlo, porque allí no tenemos ningún problema de accesibilidad. De no ser así, nos gustaría que algún club nos dejara usar sus instalaciones». 

Volar da una sensación tremenda de libertad y liberación, nos hace olvidar las dificultades y el sinfín de barreras arquitectónicas que a diario nos encontramos en tierra. Es muy valioso, beneficioso y nos da energía y muchas ganas de vivir. Sentirte libre como un pájaro no es fácil de describir, es francamente maravillo», dice emocionada. 

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