Ha llegado el último año, ese que te dispara hacia la libertad porque en la mayoría de edad todos dicen que todo será distinto. Y no, realmente es igual. Hablamos de una joven que hace diecisiete años venía al mundo: S.A.R. la Princesa de Asturias, doña Leonor de Borbón y Ortiz, futura Reina de España. Casi nada. Una joven que no tiene libertad.

Como este país no da para más, nos encontramos con 17 años de juicios y deberes; de exámenes escrutados por analfabetos que juzgan con desdén cuanto Ha hecho esta niña. Y no, no es justo que el visceral odio —que yo llamo envidia— que todos tuvieron por Su madre (que aún permanece) hace ya veinte años, hoy lo reflejen con Ella.

Desde la competición con Su hermana, la infanta Sofía o con doña Letizia, con los llamados ‘looks’ y ‘outfits’ —porque en este país somos muy horteras y hablamos en la lengua de Su Graciosa Majestad, que el Señor tenga en su Gloria— hasta los novios, peinados y costumbres que tiene la joven. Todo está mal, podría ser mejor, podría haber hecho esto o aquello. Acabáramos…

Ninguno alaba sus competencias, su excelente grado de educación, su esmerado uso del protocolo, los idiomas que habla o el exhaustivo conocimiento de cuanto Ha tenido que aprender; en definitiva, todo aquello que tiene que ver con Su trabajo. Porque en el aprendizaje diario Ha tenido que esforzarse mucho más que cualquier niño de Su edad y Ha tenido que frustrarse más de lo debido porque nada ha debido de ser fácil. Pero eso no cuenta. Cualquier sinsorgo, como dicen en Bilbao, opina de lo mal que hace todo, de la envidia que tiene por su hermana, que es más alta, o de Su lucha con Su madre por tener protagonismo…

Los premiados con el Princesa de Asturias posan con Ella, la Infanta Sofía y SS.MM.

Y en ese terrible escenario Ha llegado a su último año de estudios, que sí, que se puede pagar unos estudios en un lugar carísimo, pero casi cualquiera de ustedes, si pudiera, también llevaría a sus hijos a un colegio exclusivo. Pero no, aquí resulta que solo criticamos a los Borbones.

Y ni Ella tiene la culpa de las faltas del rey emérito, ni puede tener error alguno porque todos la critican sí o sí. Es terrible, desolador y sobre todo, no Se lo merece.

Entiendo que existan personas que no quieran a la monarquía y entiendo que existan los republicanos; con lo que no comulgo es con esos ataques viscerales hacia una niña que Le da mil vueltas a medio Gobierno, a medio Estado y a Sus iguales, llegado el caso.

De la excelencia, el conocimiento, Su savoir faire y su cándida mirada no hablamos (tampoco de los premiados, por cierto). Ya tenemos salseo con la gastroenteritis, que es todo lo que hemos sacado de los Premios que llevan Su nombre. Patético, bajuno y sobre todo, miserable.

España es el país de Sálvame, exista o no, y eso no tiene solución. El país de ‘La vieja del visillo’ y de las porteras que critican que Pepito sea homosexual en el pueblo y tenga que huir a una ciudad desconocida; o que juzguen si María se ha quedado preñada del carnicero, oigan. Y en esos escenarios, cuando todos pierden, reclaman justicia y derechos, pero esos mismos tienen la lengua suelta y la crítica fácil.

Al menos hoy Leonor, la princesa prometida, cuando regrese a otro país tras celebrar su decimoséptimo cumpleaños como una niña de su edad, verá que allí no se habla mal de Ella y por fin, es libre.

Felicidades, doña Leonor. Gracias por aguantar el chaparrón, los memes y las imbecilidades de un pueblo que se revuelve contra otros que La precedieron. Acaso un acto cobarde que invita a pensar que la ignorancia sigue siendo muy atrevida y es la carta de presentación de muchos.

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