Tras más de un mes de la entrada en vigor de la Ley de la Eutanasia, el Comité de Bioética se ha manifestado para apoyar su objeción institucional.
La Ley de la Eutanasia sigue despertando tantos detractores y firmantes como sentimientos encontrados guarda ya en su haber. Esta vez, desde otro sector de los expertos. Y es que la casi unanimidad del Comité de Bioética de España se ha manifestado a favor de la objeción institucional de los profesionales sanitarios respecto a la Ley de la Eutanasia aprobada el pasado 18 de marzo por el Congreso de los Diputados, con su correspondiente entrada en vigor de decreto real en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 25 de junio.
La Ley de la Eutanasia consigue una objeción institucional
El Comité, cuya historia contada en breves líneas se remonta al 22 de octubre de 2008, fecha de su fundación, es un organismo adscrito al Ministerio de Sanidad cuyos miembros, o al menos gran parte de ellos, se muestran preocupados ahora ante las consecuencias de la Ley de la Eutanasia entre el personal médico y los centros sanitarios que se encuentran en una situación comprometida.
La Ley de la Eutanasia nunca ha caído en gracia entre las filas del PP y Vox, partidos políticos que pedían que se sustituyera por una ley de cuidados paliativos y que se tuviera en cuenta la opinión de expertos en la materia, señalando hacia el Comité de Bioética y hacia los profesionales del sistema español de salud.
Entre las líneas que definen la normativa de la eutanasia se recoge que el paciente podrá recibir la eutanasia cinco semanas después de solicitarla, sólo después de haber sido informado de las distintas alternativas y de los cuidados paliativos disponibles, exigiéndole que confirme su voluntad de morir al menos en cuatro ocasiones durante el transcurso de todo el proceso.
Llegado el momento de manifestarse, el Comité de Bioética ha mostrado su rechazo a la normativa del suicidio asistido. A través de numerosos informes y declaraciones de sus integrantes, la casi totalidad de sus miembros han dejado claro que consideran esta ley errónea porque, a su juicio, opta por la alternativa jurídica, habiendo una alternativa médica.
Por ello, el Comité de Bioética no ha dudado en reiterar que Considera que hubiera sido más aceptable una ley sobre el abordaje del final de la vida, pero donde se planteara no solo la terminalidad de la misma, sino el sufrimiento asistencial de un paciente crónico o un paciente terminal, incluidos el manejo de los paliativos, y la eutanasia activa indirecta.
Un rechazo reiterado
No es la primera vez que el Comité expresa públicamente su postura al respecto de todo lo que refiere a la Eutanasia. Antes incluso de que el asunto pasara a ganarse los votos a favor en el Congreso de los Diputados, realizó un informe sobre los problemas éticos, legales y médicos que conllevaba la ley, ganándose el desaire del Departamento que entonces dirigía Salvador Illa. En cualquier caso, dicho informe venía a recordar que todos los países europeos que han debatido sobre la eutanasia habían pedido un informe a sus respectivos Comités de Bioética, y al final lo habían tenido en cuenta.
Aclaremos que el Comité de Bioética de España se define a sí mismo como un «órgano colegiado, independiente y de carácter consultivo, que desarrollará sus funciones, con plena transparencia, sobre materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la Biomedicina y Ciencias de la Salud».
Ni siquiera las asociaciones médicas se ponen de acuerdo en lo que respecta a la Ley de la Eutanasia
A la negativa del Comité a la Ley de la Eutanasia lo acompañan también las manifestaciones negativas de otras sociedades médicas. En su día, varias de ellas hicieron pública su consideración de que la demanda de eutanasia es mínima o nula cuando el paciente es atendido por un equipo de profesionales expertos.
Así, entraron a criticar que, en vez de potenciar unos cuidados paliativos, la única alternativa que propone esta ley a pacientes con enfermedades avanzadas es acabar con su vida, llegando incluso a tachar de engaño el considerar la muerte provocada, amparada bajo esta norma de la eutanasia, como muerte natural.

























