Tras una polémica victoria de natación protagonizada por Lia Thomas, los profesionales continúan analizando las posibles diferencias entre mujeres trans y cis.

El pasado 17 de marzo de 2022, Lia Thomas se alzó con el primer puesto de natación en la Division I de la NCAA, la National Collegiate Athletic Association, famoso por ser uno de los campeonatos de natación universitarios más importantes de EEUU, si es que no el más.

Traduciendo el deporte desde el punto de vista de la transexualidad

El torneo tuvo lugar en Atlanta, en el estado de Georgia, y la edición hizo historia por agregar a la lista de sus ganadores a la primera mujer transgénero en conseguir este galardón, Lia Thomas, quien consiguió cubrir las 500 yardas en estilo libre en 4 minutos y 33,24 segundos; es decir, 457 metros en total, y en menos de cinco minutos.

Una victoria que no ha estado exenta de polémica, dicho sea de paso; una disputa encabezada por las 16 compañeras, también de natación, que firmaron una carta solicitando que no se le dejara competir, al considerar que Lia Thomas contaba con «ventaja», por lo que crearía «desigualdad».

Muchos han cuestionado y siguen cuestionando la permisibilidad de la participación de Lia Thomas, aun encontrándose dentro del reglamento; pero lo cierto es que, hoy en día, el Comité Olímpico Internacional (COI) tiene como requisito indispensable a superar, que una mujer trans debe haberse sometido durante un año a tratamiento hormonal antes de poder competir en categorías femeninas; ¿el porqué de esta pauta? Para reducir su nivel de testosterona y situarlo por debajo de los 5-10 nmol/l.

Pero esta pauta solo es a nivel olímpico, sin embargo, dado que el Comité permite que sean las propias federaciones internacionales quienes pacten y regulen sus normas de participación.

Al asomarse a la carta legítima de la competición coordinada por la liga universitaria se constata que las líneas de sus estatutos establecen que sí se permita competir a personas transgénero, siempre y cuando lleven un año, como mínimo, sometiéndose a terapia hormonal.

De hecho, aunque Lia Thomas se ha convertido en la primera mujer trans en obtener una victoria en esta competición, no ha sido la única, siquiera la primera, en participar en esta liga como mujer trans.

¿Dónde radica la controversia, entonces?

La polémica en torno al tema no tardó en crear su propio campo de disputa en las redes sociales, como ya es habitual; una división de opiniones que también se ha replicado entre los profesionales sanitarios, cuyas posturas fueron y son claramente opuestas.

Mientras un médico utilizaba su cuenta de Twitter para pedir a sus colegas de profesión que no dieran una «opinión desinformada», llegando al punto de acusar a muchas personas de «justificar su transfobia», limpiándola en la alfombra de la controversia, otros facultativos, en cambio, se posicionaron en favor de la carta de las 16 compañeras, argumentando un actual desamparo investigativo, y señalando hacia la falta de rigor científica que aún impera entre la transexualidad y el deporte.

Los datos científicos han hablado y confirman la desigualdad

«Atendiendo a los datos científicos que hay en la actualidad, sí que hay diferencias entre las mujeres trans y las mujeres cis», razonó al respecto José Antonio López Calbet, experto en Fisiología y miembro de la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias.

Como respaldo a sus afirmaciones, el profesor aludió a estudios recientes que han salido sobre la fisiología y la transexualidad, donde se apunta que, si bien es cierto que el rendimiento en las mujeres trans sufre una significativa reducción respecto a los hombres, es una capacidad que, no obstante, sigue siendo mayor que la presentada por las mujeres cis.

«Dos de los tejidos en los que existe más dimorfismo sexual en el proteoma (expresión proteica) entre hombres y mujeres son el cerebro y el músculo esquelético», en palabras del catedrático, quien a continuación pasa a detallar que la estructura ósea se establece durante el crecimiento, primeramente, a partir de la cual se traduce en una caja torácica más amplia en el caso de los hombres, por poner un ejemplo.

Concretamente y «a nivel anatómico, los nadadores hombres son por lo general más altos y tienen extremidades más grandes, con lo cual las superficies propulsivas son mayores», en palabras de Íñigo Mujika, fisiólogo de profesión. Pedro L. Valenzuela, por su parte, afirmó que la natación es un deporte donde la diferencia entre hombres y mujeres ronda el 10 por ciento, aproximadamente.

Unas estimaciones dichas desde el cargo de investigador en el Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre que ocupa; matizando, eso sí, que «en las últimas décadas esta diferencia ha disminuido».

Cabe preguntarse, entonces, cómo afecta realmente el tratamiento hormonal en las atletas trans

Valenzuela es quien arroja una explicación a este respecto, detallando que la capacidad deportiva de las atletas trans sufre una significativa reducción, tanto a nivel de testosterona como en lo referente a la hemoglobina y el hematocrito, habiendo además una pérdida de masa muscular, por un lado, y una ganancia de masa grasa, paralelamente.

«Uno de los principales objetivos del tratamiento hormonal es conseguir un cambio en la fisiología», expuso.

Son cambios que, naturalmente, afectan al rendimiento de la persona, bien llegado el momento de superar pruebas de resistencia, donde es imperativo aguantar, o ya sea a la hora de realizar pruebas de alta intensidad, aquellas que requieren más fuerza y potencia muscular.

«Son evidentemente perjudiciales para el rendimiento deportivo», y así lo puntualizó Mujika, apostillando, eso sí, que «no se conoce el tiempo durante el cual las deportistas transexuales podrían beneficiarse de su exposición a las hormonas androgénicas previa al cambio de sexo».

No puede negarse, empero, que sí existen ciertas ventajas biomecánicas entre los hombres, un plus que se mantiene incluso después del tratamiento hormonal. ¿ejemplo de esto? El tamaño de manos y pies, mismamente; una dimensión que podría llegar a otorgar cierta ventaja al practicar natación u otros deportes similares.

«Excluir a deportistas atendiendo solo a un determinado marcador fisiológico es controvertido», hizo ver Valenzuela, añadiendo que «también hay factores como el hematocrito o la altura que pueden hacer que un ciclista o un jugador de baloncesto sean superiores a sus contrincantes, y no por ello se les excluye de la competición».

No obstante, tal fue el caso (a medias) de Caster Semenya, sin embargo; un ejemplo perfecto de mujer cis con alto nivel de hormona masculina en su organismo, representativa de un colectivo femenino que también existe.

Y es que, a esta atleta sudafricana, de categoría cisgénero, la obligaron a rebajar químicamente sus altos niveles de testosterona, los cuales tenía de nacimiento y de forma natural por padecer de hiperandrogenismo, a fin de poder obtener el permiso para participar en las pruebas femeninas.

Empero, los niveles de testosterona no son los únicos factores determinantes en una competición, y así lo señalan los expertos.

«Una parte importante de las diferencias no dependen únicamente de las concentraciones hormonales», explicó López Calbet, quien coincide, al igual que el resto de todos los sanitarios, que el ejemplo de ambas deportistas, Caster Semenya, antes, y Lia Thomas, más recientemente, simbolizan un tema huérfano de investigación, un asunto que en la actualidad aún no está lo suficientemente estudiado.

«La evidencia disponible en deportistas transexuales de alto nivel que siguen programas de entrenamiento intenso es prácticamente inexistente», testificó Mujika, pese a lo cual mantiene que «en el deporte nunca hay una verdadera igualdad de condiciones».

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