Los libros sensoriales son libros táctiles para tener un despertar sensorial; un trabajo artesanal que tiene una historia, enseñanzas y adaptación personalizada a la discapacidad.

Libros sensoriales: otra forma de hacer terapia

El mundo en el que vivimos está construido por y para los mayores. Con unos cuantos retoques y adaptación del entorno, sin embargo, se puede volver apto e interesante para los niños. En este sentido, los libros sensoriales juegan un papel clave en el desarrollo y recopilación de cultura, aun a su temprana edad. En este artículo vamos a asomarnos al bien que suponen estos libros accesibles en el despertar sensorial de los peques con discapacidad.

¿Qué son los libros sensoriales o «Quiet Books»?

Benjamin Franklin dijo una vez: «dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo». Célebre frase donde las haya, representa absolutamente el espíritu de estos libros sensoriales, esta terapia hecha enseñanza.

Inspirados en la teoría educacional de la psicóloga y pedagoga María Montessori, cuyo método consiste en entrenar de un modo funcional la parte cognitiva tanto de los pequeños como de las personas con demencia severa, mediante el uso de objetos cotidianos; los libros sensoriales o libros tranquilos (quiet book en inglés) son un triunfo seguro para estimular los sentidos de los niños, en este caso, incluidos, cómo no, los niños con discapacidad.

Hechos a mano, y diseñados para calmarles cuando se muestren apáticos, irritados o tristes, los libros sensoriales están pensados y bosquejados y confeccionados para ofrecerles muchas y diversas sensaciones a los menores de temprana edad.

Sus páginas esconden actividades manipulativas, historias que despiertan diferentes sensaciones en la mente y en la yema de las manos. Jugando, lo tocan y exploran. Tocando, lo leen. Leyendo, desarrollan sus capacidades sensoriales., y reaccionan ante el despertar que les provocan los diferentes tejidos que palpan.

No son libros mandados a imprimir por una editorial cualquiera en una tirada de cientos o miles. Están hechos a mano. Sobre su base de fieltro, diversos materiales con sus propias y diferentes texturas le dan relieve y personalidad, esencia, toque multisensorial. Velcro, botones, bolas de cuentas, telas coloridas, láminas de madera… cualquier material cotidiano no peligroso y fácil de encajar, pegar y coser.

Beneficios de los libros sensoriales para niños con discapacidad

«Todos los niños nacen con la capacidad de organizar la información que captan a través de sus sentidos y la transforman en experiencias que determinan su relación con el mundo inmediato, pero en algunos casos hay disfunciones en el proceso de integración sensorial» (Jean Aires, 1905, La Integración Sensorial y el niño). De modo que sí, los niños con discapacidad sensorial también pueden beneficiarse de estos libros táctiles.

“Son tan adaptables que permiten crear actividades destinadas a trabajar aspectos motrices o del aprendizaje centrados en déficits concretos de un niño, lo que es estupendo”, señalan desde el blog Amaranto Terapia Ocupacional, especializado en las terapias infantiles.

Explorando sus páginas, pueden conocer la ligereza de un retazo de licra, la suavidad de un cacho de terciopelo, la fragilidad de una estrella de papel, los contrastes de los diferentes colores. Los libros sensoriales ceden bajo sus manos, que los acarician, los aprietan, los interpretan… los hacen suyos, se presentan; abren sus escenarios e interactúan con el niño.

Aparte de ser portables y muy fáciles de llevar, favorecen su desarrollo sensorial. Estos libros sensoriales son adaptables a todas las discapacidades y despiertan en los niños su curiosidad, creatividad e imaginación. Además, ejercitan su memoria, facilitan la comprensión de los primeros conceptos escolares de números y vocales.

Por otro lado, les ayudan a afinar la coordinación y la concentración; a perfeccionar el aprendizaje de cómo abotonarse; cómo abrir y cerrar una pinza, o cómo atarse bien los cordones de los zapatos, es decir, lo que en lenguaje terapéutico se conoce como psicomotricidad fina, o el dominio infantil de las manos.

Suaves o duros; blandos o ligeros; grandes o pequeños… la medida y estilo de los libros sensoriales varía según la idea de su confección. Algunos están solo pintados, otros hechos en 3D para quienes no ven nada; lo importante, en ambos casos, es que estimulen el despertar sensorial de los pequeños.

Una brújula sin edad

Tengan 3 o 5 años, 8 o 10 o solo sean apenas bebés… lo cierto es que los quiet book o libros sensoriales dan el perfil para todas las edades de la infancia, como ocurre con un libro común y corriente. Lo importante es que transmitan, que activen la curiosidad, que atraigan cual imán al desarrollo y al saber.

Como diría Antonio Machado: «en cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda, solo se gana lo que se da». Así, pueden encontrarse libros táctiles y sensoriales para peques de 6 años donde aprender lenguaje, geometría e incluso medioambiente, y libros de lógica y matemáticas para los pequeños más mayores que ya aprecian la ciencia numerológica.

Son, en suma, tomos donde aprender sintiendo, y donde sentir aprendiendo los números y letras, los materiales y las formas, el lenguaje y la emoción. Solo tienen que armar sus piezas o completar las tareas que indican sus páginas o, simplemente, explorarlo a su antojo y desvelar a su ritmo los secretos e historias y conocimientos que cuentan, consiguiendo de todos modos una educación temprana que les refuerza en sus primeras andanzas en la vida.

Contra la discapacidad y la dificultad de entender con facilidad las palabras y las ideas, de modo que el cerebro no organiza eficazmente los estímulos que le llega, los libros sensoriales son una buena terapia ocupacional, una oportunidad ineludible para corregir el problema y empezar a llevar una vida normal.

Una educación que se deja hacer

No hay sociedad sin educación, no hay individuo sin aprendizaje, no hay persona con discapacidad libre, sin verdadera adaptación y autonomía. Los libros sensoriales honran estos tres pilares, haciendo eso que siempre recomendó el escritor irlandés Óscar Wilde: «el mejor medio para hacer buenos a los niños es haciéndoles felices».

¿Y qué mejor modo de darles la felicidad, que dejarles jugar sin darse cuenta de que aprenden?

También pueden disfrutarse en compañía, si se quiere, padres e hijos juntos, hermanos y hermanas compartiendo, niños y amigos viviendo la experiencia de leer y aprender. Un umbral, sin duda alguna, que abre y da la bienvenida a la habilidad de socializar.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí