Loli tiene 57 y ceguera total. Esta mujer sufrió 28 años de maltrato físico y psicológico a manos de su marido. Ahora es feliz y con su testimonio quiere ayudar a otras víctimas de la violencia de género (VG).

Dolores Navarro se casó con 19 años y recibió la primera paliza transcurridos tan solo ocho meses del enlace matrimonial.  

Nació con retinosis pigmentaria, una enfermedad genética que provoca una degeneración progresiva de las células del ojo que va perdiendo paulatinamente la visión.

Loli Navarro a la izquierda. Foto cedida por L. Navarro.

Fueron cas 30 años en los que llego a pensar incluso que merecía lo que le estaba sucediendo.

«¿A ti quién te va a querer, así como estás? Si no vales para nada. Y yo llegué a creerlo. Sin trabajo, sin nada, a dónde iba a ir yo», nos confiesa Dolores Navarro en esta entrevista para Prensa Social.

Llegó incluso a temer por su vida en varias ocasiones y trató de huir repetidas veces.

«Yo intenté irme muchas veces de casa. De hecho, una de las veces me tuve que tirar a la cuneta porque trató de atropellarme con el coche. Otras, cuando veía que intentaba salir me amenazaba con el cuchillo de caza y entonces yo desistía».

El capítulo más grave se produjo cuando se vio encañonada por su marido.

«Un día llegó al extremo de coger la escopeta y decirme que me iba a pegar un tiro. Y en ese momento, como no podía más, le dije por favor que disparara; que si no lo hacía él, lo iba a hacer yo», recuerda Dolores para nuestro periódico.

Aislar a la víctima

Esta abulense vivía en un pequeño pueblo aislada y dependía de su pareja para todo: acudir al médico o visitar a una amiga. De modo que el aislamiento estaba asegurado.

«Incluso tampoco podía denunciarle porque en ese pueblo no había medios de trasporte y mi familia vivía lejos», asegura Navarro.

Su marido se valía de su discapacidad para insertar en su subconsciente la idea de que era una persona inútil.

«Me repetía que el único me quería, ni siquiera mis padres»; generando una en ella una nociva relación de dependencia emocional.

Solo cuando su pareja empezó una relación con otra mujer cesaron las palizas.

«Entonces yo vi que ésa era la vida que quería para mí; que todo lo vivido hasta entonces no era lo normal. Y decidí irme».

Loli Navarro.

De Dolores a Loli: el camino hacia la libertad

Abandonó aquel pueblo y se trasladó a la ciudad de Ávila.

«Los primeros cinco años vivía con miedo porque sabía que estaba buscándome, preguntando a amigos y cuando yo sospechaba que podía estar cerca me trasladaba».

Transcurrido un tiempo, dejó atrás el nombre de Dolores y su pasado, para encontrarse frente a una renovada mujer: Loli.

«Aprendí a manejarme por la calle porque antes no salía nunca o tenía que salir con él. Así que ahora tengo mi bastón y me muevo con autonomía», nos asegura.

A partir de este momento es como si le hubieran entregado en mano las llaves de su nueva vida.

«También aprendí a leer braille, a manejarme con el ordenador y el móvil; y he hecho cursos sobre violencia de género y doy charlas sobre este tema».

En el Día Internacional contra la Violencia de Género, Loli quiere hacer llegar su mensaje:

Loli Navarro, víctima de violencia de género.

Desde entonces Loli no para. Colabora con la asociación abulense de asistencia a víctimas de violencia de Género (Avivig) impartiendo conferencias.

Formó parte de la campaña de la Fundación ONCE «Más que capaz». Un documental sobre víctimas de la VG con discapacidad.

Pese a que han transcurrido ya diez años desde que abandonara aquel infierno, se refiera a sí misma en presente:

«Soy una mujer maltratada».

Porque la violencia, los abusos, los malos tratos pueden superarse, pero dejan su impronta.

Y esas huellas son las que Loli quiere que no se borren para que otras mujeres puedan seguir el mismo camino que recorrió ella, hacia la libertad.

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