No hay más que salir a la calle para ver cómo conviven con el calor los que nada tienen; esos que no salen en las páginas del papel couché porque no tienen un yate, no visten a la moda y sobreviven con un botijo. Esos que en tiempos eran unos pocos a los que nadie miraba, hoy son invisibles a los ojos de los gobernantes porque ellos somos todos y el bulto ya no se puede ocultar. Pasamos los otros veranos de nuestra vida sin pena ni gloria, y somos capaces de ser felices con poco, porque quizá la vida —la verdadera vida— se trate de esto.

Entretanto muere gente joven. Unos son diagnosticados de un cáncer o fallecen por un infarto masivo a los 50 también en agosto; personas que quizá hubieran proyectado seguir siendo felices en estos días vacíos en donde todo lo que sucede nos es indiferente. Vemos niños hospitalizados en las redes esperando una cura o padres desesperados buscando una solución, leemos que se hunde una patera con bebés o que han vuelto a disparar en la franja de Gaza. De Ucrania ya no hablamos y el buenismo se diluye con el aftersun, (nunca fuimos capaces de ponerle nombre a esta crema en español).

Hoy todo se centra en Mallorca porque ya no tenemos a Gunilla y su jet-set, y nos cebamos con las piernas de Letizia, que parece competir con sus hijas, según leo estupefacta. También sabemos cómo viven su verano más dulce las tontas del lugar y vemos las chocolatinas de los vividores que venden su vida al mejor postor. Mientras eso sucede, el Gobierno en pleno calla y Albert Rivera se queda en remojo con una nueva porque Malú ya le ha cantado las cuarenta.

Este verano tenemos un culebrón de traca. Un tal Daniel Sancho, de profesión, cocinero, ha asesinado a un cirujano estético colombiano con el que se hablaba por Insta dicen los que saben. Y como le ha parecido poco le ha hecho picadillo porque para no dejar rastro ya que es mejor cortar por lo sano. Mientras, en esta España nuestra, ya tenemos salseo suficiente porque con las fotos de Anita Obregón y su nieta no teníamos suficiente chicha y dado que han quitado Sálvame para mayor Gloria de todos, los todólogos que hoy también saben derecho penal, hablan, discuten y se enzarzan acerca de los pormenores de semejante atrocidad. «Pobre chaval, oye, que no vaya a ser que coja frío y no le dan vitaminas suficientes», leo.

Es lo mejor del verano: el morbo del cachas rubio de bote que a sangre fría mata a un tipo y se va de fiesta. Ole tú, la que te va a caer en la cárcel de Tailandia tiene guasa, mi arma…Para qué queremos series de Netflix si tenemos una obra de teatro en toda regla. La madre del cordero…decían las abuelas.

Luego vemos cómo se dejan fotografiar en el sur de España los ministros, ministras y ministres en funciones, porque aunque no hay Gobierno ni se le espera, todoquisqui se va así caigan 47 grados. Todos se esconden en sus respectivos agujeros para que ninguno hable más de la cuenta aunque la inflación, del paro o de lo mal que sigue yendo España. Los señores de Sánchez estarán luciendo palmito en el palacete en donde habitan por el cargo mientras usted, abanico en mano, sortea los cuarenta grados como puede, porque últimamente, siempre puede.

Y así las cosas, toalla en mano y ligando bronce, no somos capaces de distinguir el trigo de la paja, porque, como dice ese refrán castellano, «ande yo caliente, ríase la gente». Y se ríe, claro que sí. No vemos a esos niños; tampoco, que existe otra vida muy cerca de nosotros; y nos apresuramos a exprimir lo mejor de lo que nos queda con el afán de ocultar lo que no es grato para convivir con el espacio del hedonismo y el bon vivant, para evitar cualquier compromiso con eso que se llama problema.

Y esos otros veranos de nuestra vida —que marcan un antes y un después de una historia de amor— pueden ser otros veranos cuando acompañamos a nuestros mayores en los últimos días de su vida o tendemos la mano a alguien con la esperanza de ser agarrada, para sobrevivir en el mejor de los escenarios posibles.

Entretanto, nuestros gobernantes parecen no ver esos otros veranos que sufren los que les han votado y nos aconsejan regular el aire acondicionado, como si la gente que no come tuviera aire en casa y pudiera pagar la luz que cuesta prenderlo. Ancianos secuestrados en un piso porque sus hijos se han ido a veranear y no pueden salir porque no tienen ascensor; personas abandonadas en pueblos vacíos de España sin más comida que la que llega en una camioneta y otros que mueren porque nadie se ha acordado de ellos y aparecen comidos por los gusanos. También tenemos a las Tamaras que una vez vendida la preboda, la boda, los cuernos, la despedida de soltera, el viaje y hasta cuando topotitolasoba dice que quiere embarazarse como si se lo pidieras a Glovo y te trajeran un bebé a la carta. Habla con Anita, mujer, que eso se lo sabe requetebién.

En esos otros, conviven enfermos crónicos cuyo tiempo estival es igual que la primavera, el otoño o el invierno. Esos otros veranos nos deberían llegar porque la discapacidad no se quita en agosto; no desaparece la dependencia y no somos mayores once meses al año. Quizá en ese asunto que tiene que ver con nuestra propia vida no veamos gordas en la playa, personas con prótesis ni sillas de ruedas aparcadas en nuestras playas, porque en el acto de lucirse marrón se encuentre que no caben esos que tienen problemas sine die y otras cuestiones que nada tienen que ver con esta vida que nos han vendido Zuckerberg y ahora el gracioso Elon Musk que quita el pajarraco y pone una X como si te fueras a meter en una sesión porno para ver las tropelías del respetable.

Una reflexión en voz alta para que miremos de frente a la vida y vivamos durante todo el tiempo que podamos con esos que nos preceden, con esos que nos tienden la mano, con esos que son los únicos que nos acompañan en el camino. Los de las copas y las fiestas no están en estos casos, recuerden. «Quien bien te quiere te hará llorar», dice el refranero español. Que nunca nos arrepintamos de no haber vivido con los que nos quieren de verdad.

En breve llegaremos al puente de la Virgen y entonces nos quedará menos para iniciar el curso y acumular los problemas que hemos tapado entre tetas, culos y lorzas, porque somos muy progres y nos dejan ir a la playa a lucir las carnes. Casi nada. Cada jornada vemos cómo va anocheciendo lentamente un poquito antes y escuchamos que aquella mujer que nos hizo bailar siendo Sandy, tras luchar décadas contra un cáncer. Hace justo un año se marchó y la vida corre deprisa. Éste sigue siendo un largo y cálido verano.

A Olivia Newton-John la quisimos todos, no solo tú, Travolta. Carpe Díem.

«You’re the one that I want…» canto cada día…

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Ana De Luis
Directora de Prensa Social. Periodista. Doctora en Ciencias de la Comunicación. Máster en Dirección Comercial y Marketing y Gestión de RR.HH.. Profesora Universitaria Ciencias de la Información. Estudios de Psicología y Derecho. Miembro de The Geneva Global Media United Nations, Presidente de DOCE, Miembro del Comité Asesor de la Fundación López-Ibor, Miembro del Comité de Ética Sociosanitarios EULEN, Consultora de Comunicación loquetunoves.com. Autora libros: Actos sociales y familiares, fotografía social. Junio 2012. Coautora: El cerebro religioso con María Inés López-Ibor. Enero 2019.

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