Los taps, cocinando entre tapones de azúcar

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Los famosos taps de Cadaqués en una imagen promocional de Can Cabrisas, uno de los establecimientos donde se hacen.

Oriundos de Cadaqués, especialmente, la localidad que hizo famoso a Salvador Dalí, los taps dan al traste con toda dieta sana y, aun así merecen la pena.

Explosión de sabor dulce en el paladar, y decir adiós a los esfuerzos de la operación bikini. Tal es el precio de viciarse a los taps que muchos están dispuestos a pagar, sin arrepentimiento y con alevosía, con solo probar una vez este atractivo postre, típico de la cocina catalana.

¿Qué son los taps?

Propios de Cadaqués (Gerona) desde el siglo XVIII, los taps son dulces con forma de tapón de botella, lo que precisamente les da el nombre que los ha hecho famosos.

Bizcocho, mantequilla, azúcar, flambeado de ron y más azúcar por encima. Esos son los ingredientes base que le dan esencia y consistencia a este producto catalán que suele tomarse al final de la comida, como postre, o directamente para merendar.

Una fórmula que en su versión más desmenuzada implica echar mano de huevos y harina de trigo, levadura química, azúcar glas para espolvorear, y diversas cucharadas de agua en tamaño cuchara sopera.

Muy presente en la mayoría de los hogares de esta autonomía, se trata de una delicia tan famosa y apreciada que su éxito ya se ha extendido a otras partes de España, adquiriéndose en panaderías vecinas, acompañando la carta de muchos restaurantes y endulzando el paladar de sus comensales.

Será probar uno y no poder dejar de comer, ya que descargan en el cuerpo una verdadera glotonería culinaria. Con aroma a sabroso y garantía de exquisitez, este dulce tampoco exige muchos conocimientos culinarios en su preparación, tardando apenas un parpadeo en deshacerse al paso de la lengua y las papilas gustativas, que babean con solo olerla.

Desde el minuto 5.30 de este vídeo se dan consejos para hacer el molde de este postre.

¿Cómo se elaboran los taps?

Los ingredientes siempre son los mismos, si bien hay quien también le añade algún producto que le da marca de identificación, como el ponerle almendras o el usar el pa de pessic’. La receta, eso sí, varía según el hogar, negocio o persona que los prepare, pues permite que cada cual le dé su toque propio, aunque luego eso acarree mucho secretismo en torno a su elaboración.

La mayoría de las veces, en cualquier caso, se prepara haciendo primero el almíbar, llenando un puchero con agua y azúcar y dejando que hierba durante dos minutos.

Lo siguiente pasa por separar las yemas de las claras, montando estas últimas y acompañándolas de unos gramos de azúcar, dejando a la par y en otro recipiente las yemas y el resto del azúcar, batiéndolo hasta que blanqueen… todo ello con el horno ya previamente calentado. ¿Lo último?

Agregar la levadura y la harina, por un lado, mezclando todo bien e incorporándola más tarde a la yema, por otra parte, hasta que se vea que las yemas no pueden absorber más harina.

Es entonces cuando se debe echar el chorro de agua correspondiente, a fin de aligerar la masa, terminar de añadir poco a poco y en movimientos ondulantes las claras montadas, para después batir con ayuda de una espátula pastelera. ¿El remate? Colocar la mezcla resultante en un molde, y dejando una corona por encima, sin llenarlo hasta arriba. Los moldes son difíciles de obtener. En este vídeo, hacia el minuto 5.30, se explica cómo hacerlos adaptando los que se usan para hacer flanes o magdalenas.

Tras 20 minutos al horno, en una temperatura de 180 grados, solo habrá que desmontar del molde los taps horneados, una vez se templen, pudiendo después bañarlos en el almíbar y espolvorearlos con el azúcar glas.

Lo de flamearlo es una opción, simplemente, igual que bañarlos en ron; algo que empezó como un a tradición marina y que, sin embargo, ha convencido a muchos, gracias al toque especial que les da a estos postres.

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