Mal de Müller-Weiss, un dolor en los huesos de los pies

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Síndrome de Müller-Weiss, imagen cortesía diario As.
Síndrome de Müller-Weiss, imagen cortesía diario As.

¿En qué consiste el síndrome de Müller-Weiss? Abreviada EMW, esta es una enfermedad con hambre deportista y carácter de anomalía ósea que dura de por vida.

Convivir con el síndrome de Müller-Weiss no es moco de pavo; que se lo pregunten si no a Rafael Nadal, deportista de elite de talla internacional cuyo pie lleva años mostrando las dolorosas garras de esta enfermedad.

¿Qué es el síndrome de Müller-Weiss?

La enfermedad o síndrome de Müller-Weiss es una enfermedad rara con forma de displasia, según apuntan desde este consultorio médico; consiste, en otras palabras, en una patología generada a partir del anormal desarrollo  de un tejido localizado en una parte anatómica del organismo; el escafoides tarsiano, para ser exactos.

El síndrome de Müller-Weiss se produce anatómicamente en la infancia, si bien se empieza a sufrir verdaderamente en la edad adulta. No, no tiene remedio ni solución mágica. Y no, tampoco es una osteonecrosis del escafoides, ni comparte las mismas tendencias de dicha dolencia de los huesos a generar una pérdida del suministro sanguíneo al hueso en cuestión.

Ahora bien; el síndrome de Müller-Weiss entorpece la formación del escafoides, lo que trae complicaciones a posteriori; y es que dicho hueso en cuestión, localizado por cierto en el vértice del arco interno de la parte posterior del pie, resulta esencial en la biomecánica de tal extremidad; y no ayuda precisamente a su resguardo el saber que la zona es más susceptible a dañarse cuando existen alteraciones.

«El escafoides es el receptor de todo el estrés mecánico que necesita un pie para hacer la carrera», explicó al respecto el doctor Pedro Ripoll, abundando a renglón siguiente que la incapacidad funcional que este trastorno genera en el pie es muy notable.

Se habla por tanto de patología del síndrome de Müller-Weiss cuando aparece un retraso en la osificación del escafoides, por un lado, y una compresión de la porción lateral del escafoides, por otra parte, debido a una lateralización de una articulación denominada subastragalina, ubicada también en la parte posterior del pie.

Una carga lateral que se ve favorecida ante un primer metatarsiano corto, dicho sea de paso, concretando además que el antes mencionado retardo de la osificación puede darse por diferentes motivos; bien por un déficit nutricional brotado durante el desarrollo infantil, o tal vez a causa de deformidades postnatales en los pies, o quizá por endocrinopatías… las posibilidades son variadas, ciertamente.

Partiendo por la mitad a los deportistas

Esta enfermedad suele estar muy asociada a la vida ajetreada de los deportistas. No es que sus pacientes sean siempre deportistas, ojo (de hecho, la prevalencia de esta patología es poco frecuente), pero sí es cierto que tanto la precocidad como la elevada intensidad de la actividad física en algunos grandes deportistas de élite, puede acarrear un retraso en la osificación del escafoides.

Es el caso del tenista Rafa Nadal, mismamente, uno de los nombres más reconocidos del reguero de pacientes de esta aislada enfermedad, quien lleva desde el 2005 conviviendo con la patología, y quien hace un tiempo admitía padecer de esta dolencia con estos términos tan sinceros:

«Con el escafoides partido por la mitad es difícil que la lesión esté olvidada. Esto es una verdad como un templo y no va a estar olvidada por el resto de mi vida. Lo demás es engañaros a vosotros y engañarme a mí». En palabras del tenista, esta es una patología que puede ir a más, y que exige un retiro digno si las cosas van a peor.

«Juego porque me hace feliz y porque me motivan los retos. Si llega un momento que el dolor supera todo lo demás, y te quita la ilusión de lograr los objetivos, es el momento de pensar en otras cosas», decía llanamente hace un año en Melbourne. «Ahora mismo no estoy en esa línea porque he vuelto con muchísima ilusión después de muchos meses sin poder hacer lo que hacía y confío en que así siga. Tengo que estar preparado para aceptar lo que pueda ir viniendo en esta vida», se resignaba con sencillez.

Hablamos de una dolencia a la que por cierto se le achaca un perfil de afectados correspondiente a personas que por lo general presentan síntomas en su cuarta o quinta década de vida, generando una edad media de afectación a la hora de recibir el diagnóstico de unos 47 años, aproximadamente, siendo más frecuente eso sí en mujeres.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Müller-Weiss?

El diagnóstico de esta enfermedad se origina a partir de la detección del retropié en una exploración clínica, tal y como cuentan desde centro Clínico Quirúrgico, rasgo característico porque la parte posterior del pie tiende a inclinarse hacia fuera. La clave para un buen diagnóstico, en cualquier caso, se basa en un buen estudio radiológico en carga, por un lado, y realizar un correcto diagnóstico diferencial.

En cuanto a la sintomatología del síndrome de Müller-Weiss se trata, cabe decir que entre los signos más representativos e identificativos de este anómalo desarrollo óseo destaca especialmente un intenso dolor asimétrico y de largo tiempo de evolución, percibido además en el dorso de ambos pies, llegando a veces a dificultar enormemente el simple hecho de caminar.

Otra señal muy típica que, aunque de forma secundaria, suele chivar de la presencia del síndrome de Müller-Weiss en los pies, es la gonalgia; es decir, un dolor en las rodillas. ¿Qué lo origina? La alteración en la mecánica del miembro inferior, según se estima, algo que a su vez puede evolucionar hasta degenerar en gonartrosis; una artrosis de rodillas, para que nos entendamos.

Por otra parte, y según consenso de la literatura científica que ha estudiado esta enfermedad, un leve traumatismo bien puede precipitar el comienzo de los síntomas del síndrome de Müller-Weiss, dependiendo eso sí de la gravedad del caso de cada paciente.

¿Cuál es el tratamiento del síndrome de Müller-Weiss?

El tratamiento más conservador que metodiza esta enfermedad se basa en la recomendación y uso de plantillas personalizadas, ya que ese recurso suele resultar bastante efectivo en la mayoría de los casos.

Una sintomatología a la que el tratamiento de la magnetoterapia, por su parte, puede darle además una vuelta de tuerca y mejora notable. Aunque la cosa ya pasa a categoría de tratamiento quirúrgico, no obstante, cuando la magnetoterapia no da resultados óptimos.

Actualmente lo que mayormente prima en la terapia de esta enfermedad rara es la corrección del varo de retropié, pues es la constante más frecuente de esta enfermedad y, por ende, la dolencia que más tienen que tolerar quienes la padecen.

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