La cumbre se termina; y con ella, los besos y abrazos que se llevan los mandatarios. Esos que canapé en mano han logrado posicionar a España en lo más alto de los considerandos.

Y en ese devenir de sesiones de trabajo y otras lindezas, las damas del lugar, se dispersaron —como no podía ser de otra forma—, aprendiendo todo lo que esta gran nación puede enseñarles: desde hacer un gazpacho hasta que mojar pan en aceite les dará longevidad sin bótox.

A la cabeza de las doñas, la nuestra, Letizia, quien dejó el listón muy alto entre tanto traje de Dior, con su Cagolina Jeguega y su aprendizaje a fuego (porque lo suyo es de ser una mujer sesuda); y su labor —fantástica, por cierto—, que dejó a España con la bandera al derecho. 

En otro orden de cosas, la distinción y el savoir faire se los llevó don Felipe, porque lo que se aprende de pequeño lo llevas grabado a fuego; y no le faltaron chistes, los que antaño se llevaba el Campechano, su padre, el Emérito; y manejó con destreza hablar con los Biden o con otros que ni la madre los conocía. Él, siempre perfecto, como recién sacado de un armario de Armani, pero con fundamento.

Begoña Gómez, la reina Letizia Ortiz, Jill Biden y Kim Keon-hee.

El entorno, los lugares elegidos, la ciudad y toda España se volcaron con los de la Neito, porque aquí somos muy esnobs y decimos los palabros en inglés, aunque en román paladino se diga OTAN y los que mandan se arrimen al chorizo. Entre tanto devaneo, la inflación debutaba con un incremento del 10,2%; y aunque Paco Roncero no lo notó con la esferificación de la aceituna, lo cierto es que el común de los mortales no puede tomarse ya ni una triste sandía en este verano tan complejo, cosa que a Marisu no parece importarle mucho.

El míster —el único e indiscutible— morenazo donde los haya, con esos trajes que le pone su doña con todo lo suyo bien apretao, gozaba viéndose a sí mismo en los libros de historia —la poca que estudien sus nietos—, en donde el abuelo Pedro Sánchez se sentó con uno que entonces mandaba y mucho: el Joe.

Otra que dio que hablar por su falta de prudencia fue la doña Begoña. Si te dicen que por ahí no es, no insistas, querida. El protocolo está para algo y no, no somos todos iguales. La primera dama es doña Letizia, que aunque haya sido compañera de tu don, es, por matrimonio, la consorte del Rey de España; y tú, transitoriamente, duermes en la Moncloa, pero luego no será así. De modo que —aunque le cojas por la espalda a Joe— sigues siendo Begoña, la Mujerdé.

La otra Mujerdé —Irene, para los amigos— es silenciada por la portavoza, Isabel, quien le suelta el por-qué-no-te-callas real, pero en formato ministra sorora: ya contesto yo, qué tú te me lías toda. Y es entonces cuando nos preguntamos eso que tanto ella pregona: ¿por qué una mujer le manda callar a otra; y por qué en la cumbre apenas se vieron ladies, y las pocas que estaban paseándose eran floreros que había que entretener; ora El Guernica, ora La Granja…?

Mientras todo eso sucede, hace 25 años que liberaron a Ortega Lara, torturado en un zulo de Mondragón, tras 532 días de atroz cautiverio. Hoy esto parece que ya no es importante, porque don José Antonio está vinculado a Vox, pero la realidad es que no tiene voz ni tampoco se valora qué hizo él ni por qué están libres sus secuestradores. Eso sí, según I-one, hacen falta menos cañones y más mantequilla (principio de la economía según Samuelson, recuerden).

España inaugura julio y con él echamos de menos al nuestro, a Julio Iglesias, cuyos memes pululan por las redes para recordarnos que cualquier tiempo pasado fue necesariamente mejor. En el ínterin, se habla de vacaciones; al pueblo, porque no hay ni para un triste melón, pero despacio, porque habrá que pensarse eso de apretar, que la gasolina está treinta euros más cara que el verano pasado, si llenamos el depósito. No sabemos cómo ni dónde estamos inmersos; pero hablamos de glamur, de vestidos, de excursiones y de todo lo que va bien esta semana, para enseñar lo que sabemos hacer, que no es otra cosa que vendernos. Eso sí, regados por un gazpacho de bogavante, quillo.

Este país se sumerge lentamente en las vacaciones de nuestra vida —agotados, dicen los que pueden—, porque entre Ucrania y la covid, esto no hay quien aguante; y con aquellas, el verano más esperado. Aquí no trabaja ni Perry, ya que sólo hablamos de las fiestas de los pueblos y de los Sanfermines, a ver si corremos todo lo que no nos dejaron en estos dos años atrás. Todo lo que se cuece da lo mismo, porque ya lo veremos a la vuelta; y por eso vivimos en este grandioso país y seguimos cantando, aunque les pese: «Por eso se oye este refrán: ¡que viva España!». Hablamos de España, hablamos de feminismo y hablamos de lo mucho que queda por hacer, ¿no era así?

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Directora de Prensa Social. Periodista. Doctora en Ciencias de la Comunicación. Máster en Dirección Comercial y Marketing y Gestión de RR.HH.. Profesora Universitaria Ciencias de la Información. Estudios de Psicología y Derecho. Miembro de The Geneva Global Media United Nations, Presidente de DOCE, Miembro del Comité Asesor de la Fundación López-Ibor, Miembro del Comité de Ética Sociosanitarios EULEN, Consultora de Comunicación loquetunoves.com. Autora libros: Actos sociales y familiares, fotografía social. Junio 2012. Coautora: El cerebro religioso con María Inés López-Ibor. Enero 2019.

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