Navidad en Toledo desde la ventana más pequeña del mundo

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Decir Toledo es hablar de tradición, pasado y legado. Y cuando la ciudad se aparea con la Navidad, el resultado es un plan de ensueño. ¿Lo ponemos a prueba?

Si algo derrocha Toledo por sus cuatro costados es un bosque de monumentos y ecos de eras lejanas. Le invitamos a pasar la Navidad en el corazón de esta pequeña isla de leyenda hecha de ladrillos, sí, pero abrazada por un mar de historia.

Navidad única, en el célebre restaurante con el marco más diminuto del mundo

Una pequeña hendidura en su fachada número 3 la hace única, su ubicación en el casco antiguo de la calle Sillería la convierte en una inestimable joya de réquiem y remembranza. El Casón de los López de Toledo conquistó al Quijote, a Cervantes y a cientos de hidalgos del siglo XVI, por la ambientación recreada entre sus cuatro paredes, seguramente, pero sobre todo por la invitación a la evocación que lanza su diminuta ventana, quizá la más pequeña del mundo.

Restaurante desde hace casi cinco siglos, el Casón de los López de Toledo es un monumento aún viviente de la historia de Castilla-La Mancha y aún más de la propia Toledo, cuando la ciudad aún lloraba por dejar de ser la capital del país en pro de Madrid y miraba con resignación su cambio de la gloria real a la decadencia. ¿Le gustaría sumergirse en esta vieja era, dejarse envolver por esta sombra del pasado, cambiar una Navidad moderna por una inspirada en el Renacimiento de Felipe II?

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El Alcázar, la Catedral, el Monasterio de San Juan de los Reyes… Toledo es una ciudad que deja muy pocos metros cuadrados a la urbanización contemporánea, al menos en comparación con los monumentos que hacen huella de las leyendas y tesoros del ayer.

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Como claro ejemplo de ello, la reliquia de esta célebre ventana, que, si bien carece de nombre propio e identificativo, tiene una fama y reconocimiento popular que no la libra de visitas y flashes turísticos haga sol, lluvia o nieve.

Poco más grande que una caja de tabaco, muchos son quienes han pasado bajo su sombra sin percatarse de que es una ventana, amén de los viandantes que la han pasado por alto y ni se han dado cuenta de su presencia, regresando después sobre sus pasos al enterarse de que es un hito de las leyendas y curiosidades que exhala Toledo.

Los barrotes que la atraviesan vertical y horizontalmente confirman, no obstante, que se trata en efecto de una ventana, aun cuando las miras que ofrece son tan minúsculas que uno no puede más que preguntarse qué pretendían y en qué estaban pensando quienes la construyeron o mandaron erigir. Un desconcierto que se acentúa al descubrir la ventana de tamaño más natural que tiene como vecina de fachada y pared.

Un cuadrado pequeñito con una motivación de existir aún por identificar y, sin embargo, ni el Libro Guinness de los récords pudo resistirse al abanico de teorías que suscita, llegando a coronarla como la ventana más pequeña del mundo.

Lugar de descanso de Cervantes, según afirman por ahí; puerta idónea para los siete enanos de Blancanieves, pareciera decir; accesible e inclusiva, al tratarse de un ojo libre de obstáculos, aunque con vista pretérita. Un imán de claridad mañanera que no cumple ni con las dimensiones de un tragaluz. Esta ventana tiene encanto, eso es innegable, aunque sólo sea por la figura de musa e inspiración de hipótesis y fábulas que infunde.

La inscripción en árabe que caracteriza su parte inferior es otro plus para incluir este reducto histórico de Toledo en la lista de posibles planes con los que alimentar este año el encanto de la Navidad; un epígrafe que reza ‘Tulaytula’, el nombre con el que los islámicos del pasado bautizaron a esta vieja capital manchega siglos atrás, según consenso de la Escuela de Traductores de Toledo.

¿Dónde puede encontrar esta mirilla tan curiosa?

En la fachada del edificio del Casón López, restaurante remodelado por última vez en 1973 pero en pie desde mediados del siglo XVI. Vecino de la también célebre Plaza de Zocodover, en pleno centro histórico de Toledo, se dice, se cuenta y se rumorea que el manco de Lepanto no desaprovechaba la oportunidad de comer y alojarse entre sus muros, de interesantes y diversos motivos decorativos. ¿Qué pensaría Cervantes de saber que desde el 2020 existe una promesa ya aprobada de la ordenación futura de un hotel en las instalaciones? ¿Volvería a bajar la cabeza o se levantaría para apuntarse también a la fiesta?

El restaurante lleva tiempo cerrado, sin desplegar manteles y cubertería y asientos para comensales interesados, aunque la que nunca se cierra es su diminuta mirilla, la ventana más pequeña del mundo, que ha visto llegar y pasar un sinfín de Pascuas, y que seguro posará encantada para una inolvidable Navidad 2021.

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