Un joven de 28 años perdía la vida en la carretera aquella fatídica noche en 1973, ese 16 de abril. Luis Manuel Ferri Llopis, conocido por Nino Bravo nos dejó el amor en esas canciones eternas y un largo etcétera de un mito que nació el mismo día de su muerte.

Nunca pudimos saber si vivo hubiera tenido ese éxito frágil y efímero de los cantantes de aquella época. Entre otros como él, se hicieron un hueco Francisco, Camilo Sesto, Pablo Abraira, Víctor Manuel y tantos otros pero Nino Bravo nos dejó a Noelia y su grito de pasión; las Cartas amarillas de una belleza inconmensurable o el himno a la libertad: Libre.

Valencia, su tierra natal declaró en enero que éste sería el año de Nino Bravo; casi nada. El hijo adoptivo de la ciudad del Turia quedará de nuevo inmortalizado en los diversos eventos que evocarán su vida, corta e injusta como siempre, y nos hará visibilizar la fragilidad de los días y la belleza de cuanto nos es dado; entre ellos, los acordes de sus temas; cuatro álbumes y ese quinto que se quedó en el asfalto.

Si él supiera que cincuenta años después aún tiene éxito y le siguen algunos jóvenes de esta época quizá vería que al partir, un beso y esa flor nunca se marchitó. Crecimos con sus letras y hoy son la bandera de todas las fiestas de los boomers. En el jardín de Zaidía (Valencia) hoy encontraremos letreros en donde figurará su nombre, Jardín de Nino Bravo porque al partir tendremos siempre, un Te quiero, te quiero, te quiero.

Qué bonito dejar un recuerdo así cuando uno parta, ¿no creen?

«Me voy, pero te juro que mañana volveré»

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