La Dirección General de tráfico (DGT) ha puesto en su punto de mira a los mayores de 65 años a los que tilda —poco acertadamente— de «viejenials» como fuente de accidentes. Este grave ejemplo de edadismo ha sido señalado por diversas asociaciones de personas mayores que incluso critican la actitud paternalista de las señales que se refieren a ancianos poco menos que dependientes, siempre apoyados de un bastón.

Por ello, la DGT se plantea una vez más reducir la renovación del carnet de conducir cada dos años frente a otros países europeos que mantienen los diez y es a partir de los setenta. En ese sentido choca con la ley actual que plantea a los españoles el hecho de que pueden trabajar pero no pueden conducir…

Asímismo aseveran que el colectivo de mayores sufre el 30% de los fallecimientos por accidentes de tráfico a pesar de ser un colectivo con gran experiencia y sobre todo, prudente al volante. Pero las cosas en Bruselas han tomado otra deriva. Tras la aprobación por 340 votos a favor y 239 en contra una nueva regulación sobre tráfico que introduce novedades como el carnet de conducir digital, que será obligatorio, la posibilidad de conducir acompañado a partir de los 17 años pero no respalda reducir el período de validez del carnet en función de la edad.

En ese sentido, tacha de discriminatoria la medida española y lo que busca es garantizar los derechos y la libertad de movimiento del colectivo mayor para que sigan siendo activas y no se conviertan en personas dependientes a las que hay que llevar, algo que sin duda habrán de rectificar por el mandato de Bruselas.

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